Por Miguel Villegas

En 1985 los bebés no usaban Pampers ni Huggies RN: en casa, en un perol de lata montado en la mejor hornilla de la cocina, se hervía a fuego alto una pócima que servía de blanqueador para unos inmensos pañales de tela, tan grandes que si bien servían para educar a los bebés, también los podían momificar. Quitar las manchas sin Vanish era una ciencia. Los techos de las casas del Perú en 1985 se distinguían por dos cosas: un espacio para reciclar muebles viejos y un largo tendedero donde se secaba la primera armadura de un recién nacido.

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