Renato Tapia. FOTO: GEC.
Renato Tapia. FOTO: GEC.
Miguel Villegas

se va a la Liga Española. Lo fichó el Celta, que no es el Madrid o el Barza, pero se le parece en lo más importante: competir en la alfombra del mejor campeonato de clubes del mundo. Es, sin duda, un pequeño gran salto para nuestra humanidad: desde los tiempos de Jayo o Chemo, los mediocentros del Perú no se iban a una liga top, que es donde uno crece más que centímetros. Renato Tapia irá a España para marcar un domingo a Benzema, el otro a Morata y cuando toque gala, a Messi. Hasta el 2024, fecha en que extiende su vínculo, el volante de la tendrá el privilegio de medir si corre lo suficiente, si pega lo esperado y si, además de todo eso, juega como le hemos visto. Como Velásquez el 81.

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Era back pero le sobraba juego. Tenía que dar un patada pero él entendía el pase. Dicen quienes lo conocieron en Esther Grande que Renato Tapia era un dotado de habilidades técnicas y liderazgo -eso que Valdano llama “un animal mitológico”- lo ponían siempre dos o tres peldaños arriba de su promo. Ahmed lo vio y lo citó para la Sub 20 esa del 2013 que cada tanto recordamos por eso: proponer juego. Lástima que jugar en sociedad no dé puntos. Pero el joven Tapia no tenía cabida ni en el fondo duro de la dupla Araujo-Ortiz ni entre los tres medios -Guarderas, Hinostroza, Cartagena-, tan parecidos a él. Supo esperar, siempre una virtud. Creció.

ASÍ JUEGA RENATO TAPIA:

Se fue a Twente de Holanda, se ganó el puesto, hizo goles y allá, bajo el rigor europeo, la TV por cable nos comprobó que los límites de su área le quedaban cortos. Cuando pasó al Feyenoord, temporada 2015-2016, su puesto ya era otro: medio mixto, es decir, un obrero moderno que une las áreas como se enseña en las aulas del fútbol peruano. Pase más que pelotazo. Como se fue muy chico a Europa, a los 18, sus pulmones crecieron de acuerdo a su personalidad y con eso, ya de titular en el tramo decisivo de la campaña de Perú rumbo a Rusia, tan importante como que haga goles Paolo era que corra él. La comparación no es gratuita: es lo que se llama un jugador de selección. Puede jugar poco y nada en su club, pero pisa Videna y se transforma. Ese fuego se tiene o no.

Recuerdo que se le acusaba de blando o que arrastraba mucha fama de su época de infantil, sin dar la talla en el equipo adulto. Bueno, para ellos, está el partido en Lima con Paraguay, su debut como titular en la Era Gareca. Esa noche me tocó verlo en Occidente, frente a la zona de su influencia y mostró unos importantísimos primeros 45 minutos: robó 13 balones e inició tres jugadas de gol, según la estadística oficial de la TV. Se suponía que era el socio de Lobatón, pero su juego cambió los roles y se lo veía ordenando, jugando, saliendo. Esperábamos que ‘sea’ Ballón y fue Ballón, es decir, un volante con recorrido que -no sé si lo ponchó la TV- apenas Perú perdía la pelota en área paraguaya, volvía en maratón para ponerse delante de Zambrano y Ascues. Como en el gol de Farfán (1-0), que peleó toda la jugada con potencia, y al minuto después estaba despejando una pelota a Haedo Valdez.

Todo lo que ocurrió después fue ganancia.

Renato Tapia debutó en la selección peruana al mando de Ricardo Gareca en el 2015. (Foto: GEC)
Renato Tapia debutó en la selección peruana al mando de Ricardo Gareca en el 2015. (Foto: GEC)

Diez años después del paso de Juan Jayo por el Celta, trece de Del Solar, un volante peruano vuelve a la Liga Española. ¿Qué le falta? Gol y remate, presencia parecida al de ese zapatazo contra Ecuador en Lima. También continuidad en su club, la meta hoy. No imagino siquiera la sonrisa de su padre, que se va de shopping o al estadio con un polo estampado con el rostro de Renato, el hijo futbolista. Lo que sí veo son todas las puertas que reabrirá el juego de Tapia y todas las comparaciones que despertará con Chemo, con el mismo Jayo y con otro peruano que en esa cancha, el Estadio de Balaídos donde es local Celta, entregó lo último que tenía. Hablo de José Velásquez, el mediocampista de España 82 que transitó esa cancha con la agresiva elegancia con que Tapia hoy, juega al fútbol.

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