WUFHicimos un recorrido con algunos de los personajes que habitan San Bartolo, de toda la vida y otros que llegaron anhelando esa tranquilidad que la ciudad ha dejado de ofrecer.
Hicimos un recorrido con algunos de los personajes que habitan San Bartolo, de toda la vida y otros que llegaron anhelando esa tranquilidad que la ciudad ha dejado de ofrecer.
Un san bartolino de antaño es el surfista Eduardo Labarthe. Como muchos locales, la vida marina es parte de su ADN: “Toda mi familia es de San Bartolo, mis abuelos, mi papá, mis hermanas, todos surfers”. Con orgullo muestra sus laureles familiares, como su sobrina Catalina Zariquiey, una de las grandes promesas del surf peruano. “Tengo 64 años y crecí en la Playa Sur. Tengo un hermano en Peñascal, otro en parque Olaya, toda mi familia está por acá”. Aquí fue al colegio y estudió Administración de Empresas en Lurín. Conoce cada rincón, cada roca y la historia de sus vecinos. Nos cuenta que actualmente hay unas 20 familias centenarias que se asentaron en este balneario y continuaron su legado en este mismo territorio desde el siglo pasado. Menciona apellidos: los Manco, Huambachano, Carbajal. La historia moderna en San Bartolo comenzó en los años 20, con descendientes de italianos y pescadores de Chilca. El distrito se fundó el 5 de mayo de 1946, hace 80 años, continuando la historia de este hermoso balneario que persiste atrayendo a jóvenes familias y amantes de las olas.

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Cuestión de decidir
Tomar la decisión de vivir en San Bartolo les cambió la vida. Pusieron sobre la balanza el estrés limeño, su bulla nocturna y la inseguridad, frente a los inmensos atardeceres de la vida frente al mar y, sobre todo, su paz. El resultado es más que obvio. La diseñadora de modas Sumy Kujon decidió residir junto a su familia en San Bartolo hace tres años. Iban y venían con regularidad por más de tres décadas, cuando todavía era enamorada de su ahora esposo Juano Castillo, un sanbartolino de toda la vida. “Ahora tengo mi refugio frente al mar”, comenta Sumy. Su hija mayor, Aitana, le sigue los pasos: “Mi hijo corrió su primera ola antes de dar su primer paso”, dice Aitana, quien ha encontrado en este rincón del sur el mejor lugar para ver crecer a su pequeño.


Mucha de la historia de San Bartolo comienza en la playa Curayacu y una de las piezas más asombrosas halladas en su sitio arqueológico es la Venus de Curayacu, actualmente ubicada en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. El arqueólogo Joaquín Narváez precisa que esta figurina se encontró en un asentamiento de pescadores propios de la cultura Curayacu, vinculada a Chavín, y probablemente fue una ofrenda. “San Bartolo era una caleta, pero debido a la expansión urbana por los años 30, cuando hacían los caminos, se encontró la Venus de Curayacu”. Antes era conocida como la Chocolate Baby, nombre acuñado por el arqueólogo Frederic Engel.

La casa familiar está en Playa Sur. San Bartolo —nos cuenta Juano, quien conoce este balneario como se conoce a sí mismo— está dividido a grandes rasgos en Playa Norte, Playa Sur y San José, un antiguo barrio obrero. Ha corrido mucha historia en esta arena. El panorama ha cambiado. Las casas tradicionales se fueron convirtiendo en edificios que le ganaron a los paisajes. El mar se hace más viejo y sus frutos no son los mismos. Ahora tiene 59 años y recuerda que de niño el agua era cristalina: “Podía bucear y ver caballitos de mar. El otro clásico de San Bartolo es pisar erizos. Llegó el amigo de mi hija y el primer día se llevó su erizo clavado en el pie”, comenta riendo el empresario quien decidió emprender en el negocio gastronómico con Salvaje Bodega Marina, uno de los restaurantes de cocina marina con más movimiento y demanda de este verano playero. Junto a su socio, el chef Ricardo Laca, rinden culto al mar con una propuesta propia y cuidada que se distingue de los clásicos cebiches, tiraditos o arroces. Erizos, ostras, navajas, destacan en este local, así como los mejores platillos con pescados y mariscos.

Comunidad y arte
El sentido de comunidad está bastante integrado. Se conocen entre todos, muchos comparten el mar desde que eran pequeños y crecieron con sus tablas de surf o comiendo machas cuando aún se podían encontrar bajo la arena. El arte se vive por los rincones. Parte de su identidad es ser un pueblo musical. Así nos lo cuenta el artista plástico y músico Ricardo Wiesse Hamann, voz de la banda La Mente y personaje detrás de Vílchez Huamán, un proyecto musical paralelo.

Aquí viven personajes de la talla del percusionista Pepe Chiriboga, el músico y compositor Tito La Rosa, el colectivo Bombo Club, y más representantes. Hay una movida musical fuerte y constante. En el Cine Sanbar, un espacio cultural autogestionado donde se concentra la movida cultural de San Bartolo, hay conciertos y proyecciones de películas. “Tenemos una generación de músicos inspiradores, hay artistas plásticos y poetas. Está creciendo y es muy chévere”, nos comenta Ricardo Wiesse.
Decidió mudarse por completo a la playa, también, en busca de tranquilidad para su familia hace dos años. Construyó una casa muy cerca al malecón y se convirtió en su única residencia. Tiene un espacio para pintar y componer. Su amor hacia San Bartolo no es reciente. De niño solía pasar los veranos en este rincón del sur al que contemplaba como una pausa de la vida. Desde pequeño conoció muchas playas, pero ninguna como esta.

Muy temprano parte a correr olas y lleva a su hija de seis años a sus clases de surf. Si tiene que ir a Lima lo hace en bus: “Tuve una sequía musical por dos años. A raíz de mis trayectos, he vuelto a componer. Solo hay que borrar de ti la ansiedad de los tiempos. Cuando eres el dueño de tus tiempos, disfrutas del trayecto. Ahora estamos haciendo un disco nuevo de La Mente después de 10 años, con cuatro canciones que fueron compuestas en los trayectos”, anuncia el artista. “En este mundo de tanta inmediatez, histeria y pantallas, quiero darle a mi hija la opción de conectar con la naturaleza y que tenga el mar a media cuadra. Que sea una niña feliz, que se pare sobre una tabla y se meta al fondo del mar. Creo que es un gran negocio para la vida”.

Junto a su esposa, Evelyn Merino-Reyna —reconocida fotógrafa, productora audiovisual y playera desde que nació—, apostaron todas sus fichas por este balneario. Incluso, Evelyn cumplió uno de sus sueños, que era tener un ‘atelier’ propio donde mostrar y vender sus trabajos en madera, pero esta idea vino unida a los aromas del buen café. Así nació Mantarraya. A su local llegan familias enteras en busca de postres sin azúcar ni gluten y unos sanguchitos de asado y pollo muy solicitados. “Había un público desesperado por ver cosas nuevas y disfrutar en familia sobre todo”, comenta Evelyn. En Mantarraya se hacen presentaciones musicales y generan actividades culturales para los vecinos y los más pequeños.
Otro concepto nuevo y bastante original es el que viene ofreciendo Gustavo Laviña con Nómada, un emprendimiento de pizza artesanal y cenas privadas en casa o delivery. Con su propio horno —que moviliza según donde lo contraten—, Gustavo prepara dos tipos de pizza clásicas, como la margarita y la marinada, con sus propios toques. Se mudó a San Bartolo hace un año, estudió la oferta y demanda, y decidió hacer crecer su emprendimiento familiar desde el mar. “Se está haciendo una ruta culinaria por el sur, empezando por Punta Hermosa ya en auge. Apuntamos a tener un local aquí en San Bartolo, pero también llegar a la gente. No somos un delivery, es una experiencia de pizzería en casa”, nos dice el nuevo vecino del antiguo balneario.
Todavía nos queda mucho por contar y recorrer de este nostálgico destino de las familias limeñas. ¿Qué más nos recomiendas conocer? //
-Durante este recorrido, los san bartolinos nos recomendaron visitar Casa Inta, Baby Burger, Juria Sushi, Espresso 111, Luau Bakery y Alquímica Café. El taller de Cuatro Bacterias Fermentos también fue de los más mencionados.
-Luciano Barredo, gerente de Márketing de Urbania.pe, sostiene que San Bartolo, a pesar de presentar un aumento de precio, aún ofrece proyectos de inmuebles a precios más competitivos, si se compara con Punta Hermosa. El alquiler promedio de enero fue 21 mil soles para un área de 141 m².
-Sus principales atractivos turísticos como el mirador Cahuide, el Bufadero, la Plaza Principal de San Bartolo, el Peñascal, el Sitio Arqueológico de Curayacu, el autódromo La Chutana, entre otros, convierten a la zona en un destino ideal para alquileres de largas temporadas.
-“Muchas personas que trabajan de forma 100% remota eligen San Bartolo porque pueden encontrar paz y conectividad”, afirma Barredo. “A diferencia de Punta Hermosa, los nuevos departamentos cuentan con amplias y mejores áreas comunes”.
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