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¿Qué son, cómo se explican y qué dice la ciencia sobre los milagros?

Miles de fieles se unen a la procesión del Señor de los Milagros, al que le atribuyen lograr lo imposible. Una mirada más profunda a los sucesos de índole sobrenatural que datan de siglos antes de Cristo

¿Qué son, cómo se explican y qué dice la ciencia sobre los milagros?

¿Qué son, cómo se explican y qué dice la ciencia sobre los milagros?

Existe una inclinación natural en el ser humano por buscar ayuda del más allá. Le pasa al más escéptico y también al más católico. Se ve, además, en todos los niveles. Hombres de poca fe que ruegan –nadie sabe a quién– por que su equipo gane. Incrédulos que se encomiendan a lo celestial para levantarse temprano o agnósticos que, sin necesariamente pensar que es así, esperan mágicamente una oferta de trabajo. De estas súplicas efímeras pasamos a las más sustanciales, las que importan para este reportaje. La mayoría están relacionadas a enfermedades terminales, críticas, o problemas del organismo que –en teoría– no encuentran solución en la medicina. Quienes lo imploran, comúnmente personas muy religiosas, no están buscando otra cosa que no sea un milagro. Es decir, un hecho que no se puede explicar por las leyes terrenales.

El año pasado, más de 500 peruanos vía Facebook, Twitter y correo electrónico contaron su historia gracias a la campaña #CuéntanosTuMilagro, promovida por la Hermandad del Señor de los Milagros. En la institución están seguros de que son muchos más. Miles, posiblemente.

¿Cuántos son reales o resultado de la sugestión? ¿Quién lo determina? Le preguntamos al sacerdote Martín Arroyo, autor del libro Ciencia y fe. ¿Un equilibrio posible?. “Eso solo lo puede ver Dios en la conciencia de cada uno. Pero son casos muy extraordinarios, donde no se encuentra ninguna causa natural para sustentarlo. En Lourdes (Francia), donde miles de personas viajan para tomar la famosa agua curativa, solo existen al día de hoy poco menos de 70 sanaciones comprobadas y documentadas por la Iglesia. Se hacen investigaciones serias. Por eso es posible que mucha gente vea milagros donde no los hay, pero lo importante es que rezan y tienen fe”, explica el padre mexicano que radica en Perú.

Uno de los casos que más sorprendió a la asociación es el de Darko. Nació con un tumor maligno en el cerebro, el diagnóstico fue letal y no había esperanzas de que sobreviva. “Los doctores no sabían cómo explicarme por qué se recuperó”, cuenta Gabriela Zea, madre del niño. Ella se encomendó al Señor de los Milagros. Rezó mañana, tarde y noche. Y creyó. Hoy su hijo es un milagro hecho realidad. “Cuando el Papa vino al Perú, tuvimos la suerte de estar cerca de él. Tomó de la cabeza a mi hijo y le dijo que el tumor se había ido. Fue sorprendente”, nos cuenta maravillada. Habría que preguntarle a Francisco Bergoglio cómo lo supo. Estaba rodeado de millones. Nadie se lo presentó. Por alguna razón se conectó con Darko.

UNA EXPLICACIÓN CIENTÍFCA
El concepto de prodigio es antiguo. Los primeros seres humanos que poblaron la tierra, Adán y Eva según el cristianismo, forman parte de un gran primer milagro. Y si repasamos las mitologías griega y egipcia, prácticamente todo tiene que ver con un ser divino que actúa de manera providencial. Aunque estos relatos no se deben leer de forma literal –lo que importa es el mensaje–, su existencia y enseñanza explica por qué hoy millones de personas creen en algo por encima del realismo. La cuestión es cómo explicarlo desde la ciencia.

El famoso Stephen Hawking sostenía que Dios no existe; por lo tanto, los milagros no son ‘compatibles’ con las disciplinas de estudio. La psicóloga holística Lorena Bouroncle tiene una visión diferente, mucho menos radical y ciertamente más interesante. Ella entiende el milagro de dos formas: el poder de la mente y la vibración de los cuerpos. “La mente es tan fuerte que puede lograr que químicamente el organismo se estructure de tal forma y emane de él ciertas sustancias que ayuden a que el milagro se dé. Sucede mucho con enfermedades que ya no se pueden curar. No basta solo con rezar. Tiene que ver mucho también con tu ser supremo interno”, explica sobre el primer punto. El segundo está relacionado con seres que están a nuestro alrededor, que no vemos, pero cuya energía es capaz de conectar con la nuestra. “Vibran en otra secuencia, están en otra dimensión y pueden intervenir en nosotros”.

SIN FE NO HAY MILAGRO
Un serenazgo en cada entrada, decenas de ambulantes y cientos de personas. El cruce de la avenida Tacna con el jirón Huancavelica huele a incienso. Es la señal de que inició octubre. La iglesia Las Nazarenas está rodeada de objetos y vestimentas moradas. Ahí se encuentra la sagrada imagen del Señor de los Milagros. Está bajo siete llaves, pero no importa. Los devotos están ahí, rezando, agradeciendo, suplicando. Saben que sin fe no hay milagro.

“El milagro está dentro del terreno de las creencias. Es un pensamiento mágico que cree en los seres sobrenaturales, celestiales y son parte de la cultura teológica. Sin fe, no puede existir un milagro”, dice el psiquiatra Martín Nizama. Sin embargo, él no cree en los milagros. “Si una persona se cura de un cáncer terminal, yo diría que fue por un proceso reversivo del cuerpo que la ciencia médica todavía no descubre”, indica.

Hace 56 años María Dulanto Cisneros se quemó la pierna derecha con una olla de mermelada hirviendo. Las heridas fueron terribles. “Tenía todo gangrenado”, recuerda, con su esposo al lado. Ya en el quirófano, donde iba a ser amputada, los médicos encontraron la extremidad totalmente sana. “Mi mamá pertenecía a la hermandad y ella se encomendó al Señor de los Milagros”. Viste el hábito todos los meses de octubre desde ese episodio. A sus 73, ya no pide por un milagro, sino por que la “sigan protegiendo”. A veces simplemente es necesario llenarse de esperanza. //


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