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Huawei: conoce por dentro la fábrica china de los celulares de la polémica en EE.UU.

Hace cuatro décadas el gobierno chino inició la frenética apertura de su economía en una antigua villa de pescadores llamada Shenzhen. Hoy en día es considerada la Sillicon Valley de Asia y es ‘fábrica’ de miles de empresas de innovación y tecnología. Huawei es su hija predilecta.

Huawei, la compañía a la que Estados Unidos ha puesto un ultimátum (y una tregua de tres meses) por sospechas de filtraciones de seguridad, fue fundada en 1988 con US $3.500. El ex militar Ren Zhengfei –CEO de Huawei, un hombre reservado que ha pasado los últimos años desmintiendo rumores sobre una supuesta recolección de información sensible- escogió una antigua villa de pescadores donde el presidente Deng Xiaoping instauró la llamada Zona económica especial: Shenzhen, en la frontera con Hong Kong. “Shenzhen fue separada como parte de este plan para convertirla en una ciudad del futuro. Tres aspectos la definen: comercio, innovación y tecnología”, explica Patricia Castro, sinóloga peruana afincada en China. Cuatro décadas después en Shenzhen viven unos 12.5 millones de personas, la mitad de ellas cantonesas. La otra mitad está conformada por ciudadanos de otras regiones de China y también del extranjero atraídos por la bonanza de esta tierra de emprendedores.

Una burguesía galopante se percibe en sus calles, centros comerciales y en su corazón financiero: todos los chinos sueñan con irse a Shenzhen. Aunque no todos podrán pagarse un departamento propio. Se dice que en esta ciudad con medio centenar de rascacielos y otro medio centenar en construcción se levanta un piso cada tres días. El metro cuadrado en esta ciudad alcanza los 7 mil dólares. “Aquí todo es más rápido”, comenta un guía de turismo. “La gente, camina, maneja, construye, habla, todo más rápido que en el norte. El lema en Shenzhen es: el tiempo es dinero”. Hay ocho líneas de metro y se están construyendo 18 más en tres jornadas de ocho horas.

“Shenzhen no es un ejemplo aislado. Además de ser el tercer puerto más importante del mundo, después de Shanghái y Singapur, es parte del circuito económico de Macau, Hong Kong y Zhuhai, al sur de China”, nos explica Michael Zárate, periodista peruano radicado hace seis años en Beijing. Shenzhen es, a pequeña escala, lo que China ya ha emprendido a nivel global. Prueba de ello es el megaproyecto de infraestructura conocido como ‘Un cinturón, una carretera’, una especie de nueva ruta de la seda del siglo XXI con el que busca tender redes terrestres y marítimas a través de Asia y Europa. Se proyecta una inversión de 8 billones de dólares y la participación de al menos 68 países.

“Shenzhen no es todo China. Puedes encontrar también ciudades, especialmente del oeste, muy pobres, rurales. Ahí vez un gran contraste. Definitivamente siempre nos muestra lo mejor”, continúa Castro.

ALTA TECNOLOGÍA
Sin el surgimiento de Shenzhen, en 1978, como experimento económico del país más poblado del planeta, no habría sido posible la aparición de Huawei, que actualmente conecta a un tercio de la población mundial. Sus productos están disponibles en más de 170 países, emplea a 180 mil personas en todo el mundo y factura Us$92 billones.

Cerca de Shenzhen, en la zona de desarrollo de la industria de alta tecnología del lago Songshan, ciudad de Dongguan, provincia de Guangdong, se encuentran las instalaciones donde se fabrican sus nuevas series de teléfonos. La producción se organiza en líneas de veinte ingenieros que intercalan sus labores con robots y máquinas automáticas que realizan desde el montaje, prueba final y embalaje de los equipos. Veinte mil trabajadores -29 años es la edad promedio- hacen turnos de ocho horas con descansos de diez minutos cada dos horas, además de una hora y media para almorzar y echar una siesta sobre los teclados. Excéntrica y sana costumbre en toda china.

En setiembre del 2018, la fabricante china de teléfonos inteligentes superó en ventas por primera vez a Apple (54, 2 millones de unidades vendidas frente a 41,3) y le pisaba los circuitos a Samsung (71,5 millones). Estaba experimentando con tercera dimensión, mientras apostaba por un diseño de teléfono plegable. “Este aportará valor a los usuarios porque tendrá pantallas más grandes en menos espacio. Creo que ese es el futuro”, según el Dr. Wang, presidente del departamento de ingeniería de software de Huawei.

Desde hace un año, las entidades gubernamentales de Estados Unidos tienen prohibido usar dispositivos de la marca china, cuando empezó a tensarse aún más la relación entre ese país y Donald Trump.

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