Por Oscar García

Cuando El Comercio empezó a circular en los hogares peruanos, en 1839, las noticias ocurrían tan lejos que cruzaban el océano a la velocidad de un barco de vapor —unos 9 kilómetros por hora—. No existía la radio, mucho menos la televisión o internet. Hoy, en cambio, “las pepas”, como decimos los periodistas, viajan a la velocidad de la luz por cables de fibra óptica. La forma en que consumimos información ha cambiado tantas veces que ya no existe una sola manera de estar al tanto de lo que pasa. Nunca el ahora se sintió tan ahora como en esta era de dispositivos móviles, notificaciones instantáneas y botones de transmisión en directo. Las noticias ya no esperan a ser escritas: suceden, se emiten y se comentan en tiempo real. En este nuevo ecosistema informativo, el streaming se ha convertido en una expresión inevitable de este presente que exige inmediatez.

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