Por Oscar García

Hubo un tiempo, a inicios de este siglo, en que las películas de superhéroes parecían haber dejado atrás el tono candoroso asociado a la infancia. En su lugar, adoptaron una estética sombría y una narrativa solemne que apuntaba a un público adulto, deseoso de validar su amor por los encapuchados con historias densas y emocionalmente complejas. Fue la época dorada de Christopher Nolan y Zack Snyder, dos cineastas que, cada uno a su manera, llevaron el Universo DC por el camino de la gravedad y el tormento interior.

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