ActualidadHace un par de meses, la historia de Kaira, una pastora belga, se volvió viral en medio del devastador terremoto que golpeó Venezuela. Integrante del Grupo de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR Perú), la perrita encontró con vida a una mujer de 60 años que había permanecido durante tres días bajo los escombros de un edificio colapsado en el estado de La Guaira. Ante la posibilidad de que un sismo de gran magnitud sacuda nuestro país, surge la pregunta: ¿cómo se preparan estos canes para enfrentar una emergencia y encontrar sobrevivientes? Fuimos hasta su centro de entrenamiento para descubrirlo.
Hace un par de meses, la historia de Kaira, una pastora belga, se volvió viral en medio del devastador terremoto que golpeó Venezuela. Integrante del Grupo de Búsqueda y Rescate Urbano (USAR Perú), la perrita encontró con vida a una mujer de 60 años que había permanecido durante tres días bajo los escombros de un edificio colapsado en el estado de La Guaira. Ante la posibilidad de que un sismo de gran magnitud sacuda nuestro país, surge la pregunta: ¿cómo se preparan estos canes para enfrentar una emergencia y encontrar sobrevivientes? Fuimos hasta su centro de entrenamiento para descubrirlo.
Listos para actuar
Son las ocho de la mañana en la base de operaciones del grupo USAR Perú, en Pachacámac. El lugar cuenta con circuitos, trampas y distintos escenarios diseñados para entrenar a los canes. Ante nuestra visita, los perritos nos reciben en fila, muy educados: Clayton, Finnegan, Anika y Ramona, quienes aparecen en la foto que abre esta nota. Acompañados por sus entrenadores, están listos para iniciar una nueva jornada de adiestramiento. El llamado de emergencia puede ocurrir en cualquier momento. Y ellos deben estar preparados.
No basta con tener cuatro patas, buen olfato y ganas de jugar. Convertirse en un perro de búsqueda y rescate puede tomar hasta dos años y medio y exige superar una rigurosa selección. En USAR Perú, todo comienza cuando los cachorros tienen apenas unas semanas de vida. “Es difícil encontrar perros con la capacidad o el temperamento para entrar en la especialidad”, explica Gustavo Villavicencio, responsable del Programa de Búsqueda y Rescate con Canes. Labradores, golden retrievers, pastores belgas y border collies suelen ser los más utilizados.

Los seleccionados empiezan jugando. En sus primeros meses aprenden a relacionarse con su guía, a atravesar espacios oscuros y, sobre todo, a desarrollar su instinto de búsqueda. Luego comienza una carrera de cuatro niveles: básico, intermedio, avanzado y operativo. Primero buscan en superficies con obstáculos; después, el desafío aumenta: túneles, estructuras y espacios reducidos.
Durante el proceso, los canes aprenden a identificar partículas de olor humano e ignorar cualquier distracción como comida, ruidos u otros animales. Nada debe apartarlos de su misión. “Tienen que ignorar todo eso y simplemente concentrarse en encontrar a la persona”, señala Villavicencio, quien conoce de cerca lo que significa trabajar en una zona de desastre: ha participado en operaciones de búsqueda y rescate tras el terremoto de Arequipa de 2001 y el devastador sismo de Pisco de 2007, entre otras emergencias.

El trabajo de la unidad no se limita a los edificios colapsados. Estos canes están preparados para buscar víctimas sepultadas por un huaico y también para rastrear grandes extensiones de campo abierto. “Nuestra misión es encontrar personas, sin importar dónde estén”, concluye Villavicencio.
Una misión compartida
Antes de tener su propio perro de rescate, la subteniente CBP Lorena Manco decidió prepararse para recibirlo. Su camino en la unidad canina comenzó después de observar una demostración en estructuras colapsadas. Hoy está en plena formación y aspira a convertirse en adiestradora. Pero mientras espera el momento de tener a su compañero —dos labcradores del escuadrón están próximos a tener crías—, Lorena ya cumple un papel fundamental: es figurante.
Su misión es sencilla, pero decisiva en el entrenamiento. Lorena se esconde entre los obstáculos y espera a que el perro la encuentre. Ella es, en los ejercicios, la persona atrapada o desaparecida. Cuando el can logra ubicarla, comienza la otra parte de su trabajo: reforzar la conducta que el guía busca. “Cuando me encuentra, lo ayudamos a que ladre”, explica.
Ese ladrido es mucho más que una celebración. Es la señal que, en una situación real, puede movilizar a todo un equipo de rescate.

Para el brigadier CBP Javier Drago, todo comenzó en Pisco. Era 2007 y, en medio de la emergencia por el terremoto que devastó la ciudad, tuvo la oportunidad de trabajar junto a Gustavo Villavicencio y al recordado perro de rescate Duncan. Javier había llegado como un bombero más, pero aquella experiencia cambió el rumbo de su vida. “Vi el trabajo, todo el tema de la organización y me gustó”, cuenta.
Postuló a USAR y, desde entonces, quiso tener su propio can. Lo intentó dos veces, pero las dificultades económicas y de movilidad le impidieron continuar. Hasta que apareció Ramona, una joven golden retriever que hoy entrena junto a él.
La relación entre ambos se construye todos los días. Javier cuida su alimentación, la lleva al veterinario y revisa sus patas después de cada entrenamiento. Su sueño es claro: que algún día Ramona se gradúe como can operativo.
Los dos entrenan para un mismo objetivo. “Al final, somos un binomio”, afirma Javier. En el campo, el cariño se transforma en trabajo: él debe conocer cada reacción de Ramona y ella confiar plenamente en su guía. Juntos construyen un lenguaje propio que, en el momento más extremo, los ayudará a salvar vidas. //
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