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Vanessa Terkes ensaya desde Gamarra lo que será su rol social como primera dama de la Victoria

La carismática actriz, esposa del futbolista y futuro alcalde George Forsyth, se ganó sin mucho esfuerzo el cariño de todos.

Se escuchan pifias en Gamarra. Un grupo de personas –entre vendedores y cargadores, algunos con dejo venezolano– acaba de mandar al diablo a una señora. “Fuera, largo, vaya a fastidiar a otro lado”, exclamaron. Están reunidos justo al frente de la galería Los Fabricantes, en el jirón Sebastián Barranca y cerca del cruce con Aviación. La escena es propia de un concierto de estos tiempos: todos están con el celular en la mano enfocando al mismo lugar. La principal diferencia es que aquí el estrado es una carretilla. Cinco minutos atrás la vida en el emporio comercial era como cualquier lunes. Pero esta vez Vanessa Terkes está posando en medio de la calle para este reportaje. Fue necesario contratar un par de vips para controlar el público. La actriz apareció de la nada para alborotar a los victorianos. Tanto, que hasta una dama de unos 50 años le reclamó como si se tratara de la nueva alcaldesa. “En lugar de tomarte fotos, saca a los ambulantes”, gritó. Se escuchan pifias en Gamarra.

A la Terkes la quieren desde que apareció en Torbellino, pasó por Travesuras del corazón e hizo de La Tayson. Incluso la quieren ahora que acaba de casarse con George Forsyth, quien el 7 de octubre alcanzó los votos suficientes para convertirse en el próximo alcalde de La Victoria. “Me siento Madonna y me encanta”, revela. Es cierto. Vanessa no reniega por tomarse 50 selfies; ella misma coge los smartphones de sus admiradores y hace la foto. Sonríe, baila y se abraza hasta con los más atrevidos. “Qué pasa, causa, cuidadito nomás”, le grita a uno en buena onda. Si hay algo que se puede reconocer rápido cuando la conoces, es que es auténtica. Ante las cámaras y fuera de ellas, Vanessa se muestra como es. Es una mujer de 40 años, con calle, que ha chambeado toda su vida y no da vueltas a ningún asunto: piensa rápido, decide y actúa. Para la sesión de fotos no fue necesario darle indicaciones: sabía exactamente lo que tenía que hacer. Más que ‘la chata poderosa’ –su sobrenombre, según Wikipedia–, Vanessa es un encanto.

POLÍTICA, NO;  LABOR SOCIAL, SÍ
“¡¿Qué estás haciendo!”, fue lo primero que dijo Vanessa Terkes cuando Forsyth, ex jugador Alianza Lima y ya retirado del fútbol, le dijo que iniciaría una carrera política. A la ‘Chata’ nunca le gustaron los temas políticos. No los ve en la tele, tampoco en su Facebook. No sigue nada relacionado a eso. “He comenzado a ver un poquito, por todo lo que me habla George. Hay mucho por hacer. Y yo no me voy a meter. Él es el experto. Es un mundo difícil. Yo lo que pienso es que si uno tiene la conciencia limpia, no pasa nada. Y estoy segura de que él la tiene”.

En Gamarra recibió tarjetas, apuntó números de teléfono, nombres, apellidos y escuchó decenas de pedidos. Incluso un venezolano le pidió trabajo. “Siempre he hecho obras sociales, pero no lo difundo. Es un compromiso con Dios. La gente que me conoce lo sabe. Acá me interesa, como Vanessa Terkes, no como esposa del alcalde, tener un rol social en el distrito. Quiero hacer gestiones que ayuden a las personas. Me interesa ser un nexo entre un necesitado y alguien que pueda ayudar o hacer una donación. Yo no quiero ganar nada. Me gustaría ayudar a los niños, los adultos mayores, las personas enfermas por drogas. Ellos necesitan un oficio para salir adelante. El tema de las mujeres maltratadas es también importante. El país me ha dado mucho y quiero retribuir todo eso. En este tiempo que estemos en La Victoria, voy a esforzarme mucho más que antes por ayudar”.

LA CAMPAÑA
Quienes estuvieron en el matrimonio religioso fueron testigos de un hecho insólito: Vanessa y George no ensayaron el baile postiglesia. “Era nuestra canción y bailamos como pudimos”, cuenta entre risas. Mientras preparaban la boda, los novios recorrían todos los rincones del distrito. Despertaban a las 5 o 6 de la mañana, caminaban decenas de cuadras y comían todo lo que les ofrecían. “He engordado seis kilos”, dice ella. “Pero ha sido chévere, he conocido mucha gente. Nos hemos divertido. En el distrito se come muy bien y la gente ha volcado sobre George sus necesidades. Seguridad, pistas, veredas, etc.”.
Actualmente no viven en La Victoria –un distrito de 192 mil habitantes–, pero ya están buscando opciones para mudarse. El 80% de su tiempo lo pasan ahí. “Sabemos que tenemos que hacerlo. Aquí estamos siempre. Solo llegamos a la casa a dormir”, me dice con expresión de cansancio. Los dos están full.

EL FUTURO
Es muy probable que, dentro de muy poco, Vanessa pase a ser ‘Verónica’. Es el nombre que recibe en la serie mexicana ¡Ay güey!, que produce Televisa. “Les debo una segunda temporada, pero espero que no me llamen [risas]”. Lo último que quiere la Terkes ahorita es dejar a su esposo durante tres meses y trabajar de lunes a sábado a cientos de kilómetros. Al mismo tiempo, sabe que no puede dedicarse solo a hacer trabajo social. Por eso no descarta ser parte de una producción local. “Necesito una caja chica si quiero ayudar”. Además, está acostumbrada a trabajar siempre. Ser ama de casa no es necesariamente lo suyo, aunque se imagina al final de la campaña con dos hijos. “Quiero mis dos chibolos”.

Vanessa deja Gamarra en medio de todo tipo de pedidos. No faltaron los malcriados, tampoco. “Vane, cásate conmigo”, vocifera un chofer. Ella se carcajea. Lo que más le ha sorprendido de la gente de La Victoria es que es muy trabajadora. “Tienen unas ganas tremendas por hacer cosas y salir adelante. He estado en otros lados donde solo te piden dinero. Aquí la gente es emprendedora”.

La ‘Chata’ sube al auto donde llegó. Lo primero que hace es mirar Instagram. Tiene 500 –quizá más– mensajes por responder. Desde el iPhone no lo puede hacer, pero sí desde las calles de La Victoria. //

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