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Caballeros de la tabla: ¿cómo hicieron tres veteranos surfers peruanos para volver al mar?
Los veteranos tablistas Wayo Whilar, Carlos Barreda y Ricardo Bouroncle, volvieron al mar luego de estar alejados meses por culpa de la cuarentena. Ellos recuerdan los buenos años de la tabla en el Perú, cuando corrían olas a diario, iban en mancha y se daban el lujo de descubrir playas nuevas.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Carlos Barreda, Ricardo Bouroncle y Wayo Whilar comenzaron a surfear en la década del sesenta y solo la pandemia los hizo parar momentáneamente. (Foto: Javier Zapata).
La vida es un parpadeo, un ratico como decía Juanes. En un momento eres un chiquillo de la Miraflores de los años sesenta, invencible, que va con la patota de amigos hasta San Bartolo o Punta Hermosa en el Volkswagen de alguien para bajarse unas olitas. La gran mayoría de playas peruanas son un territorio virgen, al que se conquista dos veces: primero cuando se corre en ellas y luego cuando se les pone nombre: “Señoritas”, por las chicas; “El Silencio”, porque su existencia debía permanecer como un secreto.
Al siguiente momento, ya eres un adulto mayor al que el gobierno encierra porque eres población vulnerable y hay un mal invisible allá afuera que afecta los más recorridos. Para Carlos “El Flaco” Barreda (72), hermano del mítico Sergio “Gordo” Barreda –que fue cuatro veces campeón nacional de tabla-, los cuatro o cinco meses que pasó lejos del agua este 2020 no los va a olvidar nunca. Jamás había pasado tanto tiempo desconectado de aquello que lo inspira. En agosto volvió al agua y fue como empezar de nuevo. “Si no estoy en el mar, no estoy tranquilo” dice Carlos, hoy día un reconocido gastroenterólogo con 30 años de trabajo en la clínica Ricardo Palma.
Barreda aprendió a surfear a los 12 años gracias a Sonia Costa, nada menos que su madre y una de las primeras mujeres peruanas en aventurarse al agua, sola y con una tabla de madera hecha por ella misma. El deporte entonces era un coto masculino por excelencia desde que Carlos Dogny lo trajo al Perú en 1937, pero Sonia no se iba a dejar amilanar por la poca presencia femenina. Ella también fue pionera en Cerro Azul, en donde construyó una hermosa casa de verano con palmeras que los Barreda hasta hoy mantienen.
LOS AÑOS MARAVILLOSOS. Año 1967. La pandilla surfera de Miraflores. Figuran Oscar “Chino” Malpartida, Rafael Hanza, Bertrand Tazé-Bernard, Sergio “El Gordo” Barreda, Dennis Choate, Iván Sardá, Carlos “El Flaco” Barreda y Ricardo Bouroncle.
Entre esa mancha de amigos que bailaba en el Kontiki y solo escuchaban rock el 99% del tiempo (eran grandes amigos de Manuel Sanguinetti y Freddy Rizo Patrón, de Traffic Sound) estaba Oscar “El Chino” Malpartida, Javier Miro Quesada, los hermanos Hanza y Ricardo “El Cholo” Bouroncle. Cuando Lima les quedó chica empezaron a viajar al norte. Muchos de ellos formaron parte de la histórica primera expedición que, a mediados de los sesenta, descubrió la playa Chicama, famosa por tener la ola izquierda más larga del mundo.
SOBRE LAS OLAS. Año 1971. Foto del “Flaco Barreda” aparecida en la revista Tabla Hawaiana, que era el órgano oficial de la comisión nacional de tabla.
Era la época de la rivalidad de los clubes de tabla. El más antiguo era el Waikiki y luego el Makaha, que era más pequeño pero que no por ello se achicaba. “Toda mi generación estaba en el Makaha, los Barreda, los Ortiz de Zevallos, los Hanza. Hasta 1967, la tabla la dominaba el Waikiki, pero de 1968 a 1974, todos los campeones nacionales salieron de nuestro club”, recuerda Ricardo Bouroncle. En ese entonces, muchos surfistas locales se metían al frío mar a pecho descubierto. Los wetsuits eran caros y los baratos eran muy malos como para darles una oportunidad.
Ricardo Bouroncle fundó en 1972 una empresa peruana de wetsuits que ha sido reconocida por su innovación en el diseño y manufactura. (Foto: Javier Zapata).
/ Javier Zapata
Bouroncle, futuro ingeniero industrial, empezó a experimentar con formas nuevas de hacer wetsuits. Alguna vez probó con 50 metros de caucho y dos baldes de pegamento. Luego llegó a viajar a Seattle para trabajar como operario de una fábrica de trajes de surf con tal de aprender. Fundó la marca BOZ junto con Enrique Ortiz de Zevallos en 1972, gracias a un préstamo de su abuelo, el ex presidente Bustamante y Rivero, y desde entonces no ha parado. Este innovador de los wetsuits no ha dejado de vender en la pandemia, dice, porque el surf fue uno de los pocos deportes que floreció en estas fechas.
Carlos Barreda estudió medicina como su padre y se desempeña desde hace 30 años como gastroenterólogo en la clínica Ricardo Palma. (Foto: Javier Zapata).
Algo similar cuenta el legendario Wayo Whilar (72), veterano shaper (hacedor de tablas) peruano. En esta pandemia, su negocio no se vino abajo como otros sino todo lo contrario: hasta tuvo más pedidos. Igual, estar distanciado del mar, por su edad, fue una tortura. “A los adultos mayores no nos dejaban salir. Encima tuve un accidente en casa, me caí y me desgarré el hombro. Pero ya estoy bien, ya puedo ir a correr normal, siempre con cuidado de no acercarme mucho a los otros”.
Legendario Wayo Whilar hace tablas desde 1969 en su taller, tanto a computadora como a mano. (Foto: Javier Zapata).
/ Javier Zapata
Whilar nunca olvidará una tarde de los años sesenta en que lo llevaron a un campeonato en Punta Hermosa. Era un chiquillo cuando vio a los tablistas en lo suyo y de inmediato quiso dedicarse a eso. “El surfing ha cambiado. Antes había campeonatos pero uno estaba en esto por amor a correr tabla. Mi generación quería estar con los amigos, con la naturaleza. Nunca corrí tabla para querer ser campeón. No todo es competencia en esta vida”. //