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El Estudio, escuela actoral fundada por Leonardo Torres Vilar, estrenó El verano pasado en Chulimsk, obra del ruso Alexander Vampilov que por primera vez se pone en escena en el Perú. Hablamos con el director sobre dos de sus más grandes amores: la actuación y su madre Lola.

Leonardo Torres Vilar lleva más de 30 años de actor y la mitad de ellos de profesor de actuación. En los últimos tres años se ha dedicado casi de lleno a la formación de nuevos actores en El Estudio, una escuela en la que su labor va más allá de las técnicas o fórmulas actorales. Una escuela en la que intenta explorar el lado humano de los estudiantes. En esta conversación, precisamente, lamenta la imagen “banal” que se tiene de los actores. “Yo no creo que deba dedicarse al teatro todo el mundo”, dice enfáticamente.

Una vez dijiste que el actor es un representante de la humanidad. Qué gran tarea, esa...
Así es, al ser el actor alguien que se va a parar frente a otros seres humanos y va a representar a un ser humano, tiene una responsabilidad muy grande. No se le puede pedir al actor la perfección, pero sí el absoluto respeto por la imagen del ser humano, la empatía por el ser humano. Y para eso es necesario muchísimo autocontrol, disciplina y un intenso amor y pasión por tu trabajo. Yo no creo que deba dedicarse al teatro todo el mundo. Sé que estoy hablando de una manera muy idealista de mi profesión, pero soy hijo, nieto y bisnieto de actores, y es lo que he visto toda mi vida. He visto actores muy cercanos a mí, mi madre, mi tío, subiéndose al escenario con enfermedades encima, a veces con intensos dolores o incluso sabiendo que tenían los días contados. Hacer teatro es una especie de bendición, como si alguien te tocara el hombro y te dijera ‘tú eres el elegido’. Sé que esto es muy idealista y muy romántico, pero me gusta que sea así, sobre todo en una época en la que nuestros actores, o la imagen que tenemos en este medio nuestro, es... terrible.

¿Banal?
Banal, sí... eres actor porque te hacen un ampay chapando con alguien a la media noche y entonces ocupas titulares, primeras planas o el tiempo al aire de un programa de radio o televisión simplemente para hablar de ese suceso. Esa es la imagen que tenemos de los actores, eso es lo que la gente piensa de ellos. Es absolutamente necesario que los que nos consideramos actores de verdad digamos: esto no debe seguir siendo así. La gente debe entender por actor algo completamente distinto de esto de lo que estamos hablando.

¿Sientes que se ha dejado de respetar al actor?
Hay falta de respeto por el actor, por supuesto. Ojo, pero no estoy diciendo que el actor serio no pueda salir sino de una escuela, un taller o una universidad. Los buenos actores pueden salir de cualquier parte: de un reality, de una telenovela mala, de la calle; porque la técnica actoral se puede aprender, pero la ética actoral y la mística actoral, eso cuesta más trabajo.

Sostienes que es importante que el actor entienda al ser humano y sé que la obra que estás dirigiendo ahora con tus alumnos de El Estudio va sobre el amor. ¿Qué es el amor para ti?
Es que no hay un solo amor. Es bueno distinguir entre el amor y el enamoramiento. Es un tema en el que últimamente me gusta pensar. El amor, como tal, quizá no existe. El amor es una serie de cosas, es la coincidencia de una serie de cosas: respeto, costumbre, querer estar con la otra persona, compromiso. A veces, contrato legal. El enamoramiento, en cambio, es una serie de procesos muchas veces disfuncionales que engañan, porque en nuestro idioma y en la mayoría de idiomas no tenemos demasiadas terminologías que nos hagan distinguir entre el amor y el enamoramiento. En la obra hay personajes que están unidos por amor y hay personajes que sienten enamoramiento. El amor no siempre es una cosa sencilla o tal vez no lo es en absoluto. Pero lo que me gusta es que ocurre en la obra también. Quizá esa relación que tienen estos dos personajes de la obra, que se pelean y a veces casi se matan peleándose, que no se soportan pero que terminan juntos siempre, quizá eso es el amor. Lo que pasa es que ellos no lo ven. Creo que si ha salido bien, la obra debe llevar al público a reflexionar sobre eso.

Dicen que el amor es también cultural. Aprendemos el amor de nuestros padres, por ejemplo. ¿Qué te enseñó Lola, tu madre, sobre el amor?
¿Por qué todo regresa siempre a mi madre?

Porque estamos hablando de cómo uno construye su concepto del amor...
Igual me parece interesante que todo regrese a mi madre...

¿Te molesta que todo regrese a tu madre?
Sí y no. No, porque sigo admirándola como mujer y como actriz. Intuyo que mucha de la suerte que he tenido proviene del hecho de haber sido su hijo. Y sí me molesta porque ya soy un individuo. Ha pasado un montón de tiempo... Es interesante cómo queriendo hacer mi propio nombre regresamos siempre a mi madre. Y los años pasan y la cosa va mejorando, pero no se extingue. No deja de estar ahí.

¿Pesa ser el hijo de Lola Vilar?
Pesa y empuja, porque me ha empujado a cosas buenas. Y por último, ¿sabes qué?, todo esto que estoy hablando ha emanado de alguna manera de ella. Cuando yo he visto a mi madre hacer función muriéndose de dolor, eso ha pesado para mí y me ha llevado a pensar como pienso ahora. Cuando yo he visto a mi madre hacer función teniendo a su padre en el velatorio recién fallecido o a mi tío recién fallecido... A su madre actriz, lo mismo. El día que ella [la madre de Lola] falleció, estaba en el velatorio y mi madre estaba haciendo una comedia de época en el teatro Larco... Eso es fuerte.

Son actos que demuestran el compromiso del actor y lo dignifican.
Cuando yo estaba en Nueva York y mi padre me llamó un sábado en la mañana a decirme “tu madre ha fallecido”, fue uno de los momentos más feos, evidentemente. Esa misma noche viajé a Lima y me quedé unas semanas, pero yo me pregunto, ¿qué habría pasado si en ese momento hubiera estado en una temporada? Seguir actuando era la manera de rendirle homenaje... Felizmente eso queda solo como una pregunta al aire. //

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