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Kenji Fujimori, el antihéroe | PERFIL

Si es cierto que en política no hay cadáveres, Kenji Fujimori podría tener futuro de cara al 2021, así fuera como zombie. A esa conclusión llegan algunos analistas para quienes es un error subestimar al congresista, pues allí radica precisamente su poder

"Hace un año, nadie se tomaba en serio a Kenji Fujimori –dice el politólogo Fernando Tuesta Soldevilla- y no porque no hiciera nada. Estaba allí, era la presencia simbólica de Alberto Fujimori”. Según Tuesta, en el pasado, Kenji no tuvo una trayectoria parlamentaria destacable y jamás demostró tener compromisos serios. “Más bien hacía gala de cierto desdén. Tan engreído y simbólico era que resultó representativo. Por eso, precisamente, fue el congresista más votado en las últimas elecciones… hasta que cambió”.  

Kenji le da la espalda a su partido y a su hermana cuando esta se distancia de su padre. ¿Y cuándo fue eso? El 30 de setiembre del 2015, día en el que, como se recuerda, Keiko Fujimori se presentó en la Universidad de Harvard para exponer su plan de gobierno ante catedráticos y estudiantes de ese centro de estudios. Entonces, la lideresa de Fuerza Popular no solo marcó sus diferencias con Alberto Fujimori sino que criticó su gobierno. “Algunos ven en su renovado discurso más bien –escribió luego Gonzalo Zegarra en Semana Económica- un intento por superar al padre (de matarlo metafóricamente)”.  

“A raíz de eso –resume Tuesta- Kenji se transforma. No acude a las ánforas para votar y cuando gana PPK pone en marcha el operativo para conseguir el indulto de Alberto Fujimori. Se acerca al nuevo presidente y… el resto es historia”. 

Cuando Keiko pierde las elecciones es que aparece el nuevo Kenji. “Tiene propuestas e ideas mucho más liberales y abiertas, se conecta con los jóvenes y se pasea por la sierra hablando en quechua. Comienza a llamar la atención. No solo por sus discursos y tuits sino también por sus gestos, como el día que se tapó la boca con una cinta adhesiva negra durante un debate en el Congreso. Además, tiene humor”. Es así, de acuerdo a Tuesta, que se granjea la simpatía de mucha gente e incluso de algunos sectores antifujimoristas. “Es paradójico pues él representa al fujimorismo más ortodoxo”. Descuadra a Keiko, a su bancada, y al potencial elector, usualmente entre el desconcierto y el descarte del mal menor. 

En efecto, Kenji llegó a tener un nivel de autonomía e imagen muy claras, se convirtió en un referente y potencialmente en candidato a la presidencia de la República. “Y de ser una referencia –sigue el politólogo- pasó a ser una amenaza… hasta que la hermana lo derrotó de un solo y certero balazo”. 

¿Los años felices? 
​Si se revisan las fotografías de los hermanos Fujimori cuando eran niños, en casi todas Kenji aparece cargado por su papá, agarrado de su mano o apoyado en su regazo. Normal. Los benjamines suelen ser los engreídos de los padres. Y si bien Kenji fue un niño querido, tuvo una infancia y adolescencia sui generis. No hay que olvidar que tenía 10 años cuando su padre ganó la presidencia. 

Como bien señala Luis Jochamowitz, autor de "Ciudadano Fujimori", creció totalmente expuesto, rodeado de guardaespaldas “que seguramente eran sus mejores amigos”. Fue notoria su conmoción por la muerte del comando Juan Valer, ‘Chizito’, en el rescate de los rehenes de la Embajada del Japón. Hasta antes de irse a estudiar Agronomía a la Universidad Estatal de Kansas, vivió en instalaciones militares (SIN o Círculo Militar), lo que lo convirtió en un sujeto “cívico/militar”. 

“Sabemos de Kenji –dice él- por lo que hemos visto en la televisión o por lo que él ha declarado en entrevistas. Y sobre los Fujimori en general, cuya parquedad o laconismo son evidentes, tenemos pocas piezas sobre el tablero. Las que faltan las tenemos que poner nosotros”. 

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