En Vivo USCorría el año 1978 cuando un grupo de científicos norteamericanos, liderado por el ornitólogo John P. O’Neill, llegó a las cumbres de la cordillera de Colán, en el departamento peruano de Amazonas. Sin dejarse intimidar por lo abrupto del terreno ni por la fría humedad, O’Neill y su equipo se dedicaron a estudiar por primera vez a las aves que habitan allí.
MIRA TAMBIÉN: Científica peruana que viajó 30 días a la Antártida narra los efectos catastróficos del cambio climático
En el transcurso de sus investigaciones, sin embargo, también se toparon con una gran cantidad de ranas que, luego, resultaron ser especies completamente nuevas para la ciencia. Casi cuarenta años después, esos hallazgos fortuitos fueron los que impulsaron al herpetólogo (especialista en anfibios y reptiles) peruano Pablo Venegas a internarse en las mismas montañas.
:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/NYDWIEWBPRHXXALRIU4YBEESOY.jpg)
Cuando Pablo Venegas me invitó a que me sumara a su equipo para ir a la cordillera de Colán, yo ya sabía que aquello no iba a ser ningún paseo por el parque… y, aun así, nada podría haberme preparado mentalmente para semejante destino. Desde el 2019, y gracias al apoyo del Critical Ecosystem Partnership Fund (CEPF), hemos podido hacer cinco expediciones en estas montañas de caminos tortuosos, lluvias interminables y paisajes majestuosos. Los resultados han sido sorprendentes. “Tenemos registradas 56 especies de anfibios solo del lado occidental de la cordillera, y más de la mitad son completamente nuevas para la ciencia”, asegura Venegas, quien además es presidente del Instituto Peruano de Herpetología (IPH). “Eso es muchísimo. No en cualquier sitio puedes hacer una expedición y obtener cifras como esas”, agrega. Entre los reptiles, menos numerosos en estas regiones montañosas y frías, también se cuentan varias especies que nunca habían sido registradas.
La mayoría de estas especies aún están siendo descritas por los científicos, pero algunas de ellas ya han sido bautizadas. Tal es el caso de la rana marsupial esmeralda (Gastrotheca gemma), que apareció sobre un arbusto en la cresta de una montaña, a más de 3.000 metros de altitud. Además, estas expediciones también sirvieron para hacer las primeras fotografías y grabar los cantos de muchas de las ranas que O’Neill encontró en los años 70. Entre ellas se cuenta la Pristimantis atrabracus, un anfibio diminuto que solo habita en esta cordillera, y cuyos cantos se oyen únicamente en los bosques más elevados.
El pasado mes de abril, una quinta expedición nos llevó a recorrer parte de la vertiente oriental de la cordillera, en los alrededores de Yambrasbamba, donde pudimos encontrar varias ranas completamente distintas a las que habitan del lado oriental. Entre ellas se cuenta una nueva especie de rana cornuda arborícola (género Hemiphractus), que se ve como una pequeña gárgola. Asimismo, pudimos hallar a las dos serpientes venenosas que habitan en los bosques que cubren las faldas de la cordillera: la Bothrocophias microphthalmus y la Bothrops pulcher.
:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/MWAI2Z3ILBGLHKHBJY3KMNSV2A.jpg)
Pero la fauna de esta cordillera no se reduce a los anfibios y reptiles. Sus bosques también son el hogar de mamíferos tan esquivos como el puma o el oso de anteojos, así como del mono choro de cola amarilla, una especie en peligro crítico de extinción. No menos espectaculares son las aves que habitan en estas montañas, entre ellas la misteriosa lechucita bigotona (Xenoglaux loweryi). Pero no es la única.
“La cordillera de Colán también tiene otras especies de aves raras y amenazadas”, señala el ornitólogo Fernando Angulo, quien visitó la región por primera vez en el año 2012. “Esta cordillera viene a ser el extremo norte de un bloque de bosques montanos que se extiende entre los ríos Huallaga y Marañón, y funcionan como barreras para la distribución de muchas especies que no se encuentran en ningún otro lugar”, agrega. Tal es el caso del hemispingo cejirrufo (Poospiza rufosuperciliaris) o el mosquitero de Johnson (Poecilotriccus luluae). También está la gralaria de pico pálido (Grallaria carriquerii), que suele anidar en el suelo y ha sido muy poco estudiada.
En términos de biodiversidad, la cordillera de Colán tiene un valor incalculable, y sobre todo debido a los que muchos podrían considerar sus habitantes más anodinos: las ranas. “Es muy difícil hacer proyectos de conservación en base a anfibios, pero la cordillera de Colán (donde ya existe un Área Natural Protegida) sería un lugar ideal”, señala Pablo Venegas. “Casi todas las especies nuevas que hemos descubierto en el transcurso de las expediciones solo existen en estas montañas, y eso no solo las hace únicas, sino también muy vulnerables. Si algún día desaparecen estos bosques, el mono choro de cola amarilla y el oso de anteojos no se van a extinguir, porque también se los encuentra en otras partes. Muchas de estas ranas, en cambio, desaparecerían por completo, y para siempre”, agrega. Entretanto, en los páramos distantes, el coro de las ranas resuena en la oscuridad de la noche, en las altas cuestas de una cordillera majestuosa y sombría. //
NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.

:quality(75)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/elcomercio/3JVR4LV6RNCBFJHHDLUN4RX5ZQ.jpg)













