ActualidadUna de las mayores sorpresas que la veterana Lin Shaye se llevó en su vida no ocurrió en una de sus películas, usualmente llenas de sustos y sobresaltos, sino aquí nomás, en Lima, a su arribo al aeropuerto Jorge Chávez. La actriz de 82 años, bautizada por estos lares como “la reina del terror”, bajó del avión con la idea de que la recibiría quizá una pequeña comitiva de márketing de la distribuidora, pero se encontró con una impresionante multitud de fans que portaban carteles y gritaban su nombre. Las imágenes no tardaron en llamar la atención fuera de nuestras fronteras. “En el Perú, Lin Shaye es tan famosa que debe ser escoltada por policías”, señalaban algunos medios internacionales con asombro, mientras intentaban explicarse por qué una actriz de un género de nicho como el terror despertaba semejante devoción entre el público peruano.
Una de las mayores sorpresas que la veterana Lin Shaye se llevó en su vida no ocurrió en una de sus películas, usualmente llenas de sustos y sobresaltos, sino aquí nomás, en Lima, a su arribo al aeropuerto Jorge Chávez. La actriz de 82 años, bautizada por estos lares como “la reina del terror”, bajó del avión con la idea de que la recibiría quizá una pequeña comitiva de márketing de la distribuidora, pero se encontró con una impresionante multitud de fans que portaban carteles y gritaban su nombre. Las imágenes no tardaron en llamar la atención fuera de nuestras fronteras. “En el Perú, Lin Shaye es tan famosa que debe ser escoltada por policías”, señalaban algunos medios internacionales con asombro, mientras intentaban explicarse por qué una actriz de un género de nicho como el terror despertaba semejante devoción entre el público peruano.
¿Por qué el Perú?
Shaye acababa de comprobar algo que las distribuidoras cinematográficas locales conocen desde hace tiempo: en nuestro país, el terror tiene una legión de seguidores. Su visita para promocionar “La noche del demonio: están entre nosotros”, la sexta entrega de la popular franquicia “Insidious”, había comenzado a gestarse tres meses atrás. Se decidió que el Perú sería la única parada internacional de la gira promocional fuera de Estados Unidos, ante el espectacular arrastre que el género tiene en el territorio. “Sabíamos que iba a funcionar; lo que no sabíamos era que iba a ser tan espectacular como finalmente fue”, cuenta Helene Chira, gerente de Márketing de Andes Films. Al terminar la visita, asegura, Shaye ya la describía como “una de las mejores experiencias de su vida”.


La pregunta que uno puede hacerse a estas alturas es: ¿por qué el Perú? La respuesta estaría, en buena medida, en los números. Según información proporcionada por Andes Films, el terror es el tercer género más consumido en los cines peruanos, solo por detrás de la acción —incluidos los superhéroes y el ‘live action’— y la animación. En los últimos tres años, las películas de terror han convocado en promedio a cerca de seis millones de espectadores anuales. “La noche del demonio” es uno de los mejores ejemplos de esta afición. Desde que la primera entrega llegó a las salas en 2011, la franquicia ha acumulado casi dos millones de espectadores en el país, con un crecimiento promedio de 53% entre una película y la siguiente.
Quizá el antecedente decisivo de esta visita ocurrió en 2023, cuando “La noche del demonio: la puerta roja” logró que el Perú se ubicara como el octavo mercado del mundo durante su primer día de exhibición y, en Latinoamérica, solo fuera superado por México. Brasil, un territorio cinematográfico muchísimo mayor, quedó por debajo. “Perú está creciendo mucho”, explica Chira. “Hoy, en la mayoría de los estrenos, estamos solo por debajo de México y Brasil, porque son territorios gigantes. Y ahí está Colombia, que tiene muchas más pantallas que nosotros, pero muchas veces le damos la batalla”.
El terror “indie” al alza
El fenómeno tampoco pertenece exclusivamente a las grandes franquicias. Raquel Vidal, directora de Márketing de Diamond Films, recuerda que “Terrifier 3”, una propuesta del subgénero slasher y gore mucho más extrema, superó los 450 mil espectadores en el Perú, mientras que “Talk to Me” —estrenada aquí como “Háblame”— pasó los 400 mil. Lo excepcional no fueron solo las cifras, sino su comparación con el resto de la región: según Vidal, “Terrifier 3” no superaba en otros mercados latinoamericanos los 300 mil espectadores. “El Perú sí marca la diferencia en el género de terror”, sostiene. Los resultados confirman la existencia de un público capaz de movilizarse incluso por películas sin grandes estrellas ni presupuestos gigantescos: “Hay un público muy fan del terror”.

Los casos recientes de “Obsession” y “Backrooms” llevan esa idea un paso más allá. Ambas representan una nueva cantera del terror, con cineastas que aprendieron a asustar al público en Internet antes de llegar a una sala. “Obsession” fue dirigida por Curry Barker, de 26 años, quien desarrolló su carrera realizando sketches y películas de terror de bajo presupuesto para YouTube. Lo mejor que ha logrado “Obsession” es catapultar al estrellato global a su protagonista, la hasta hace poco desconocida Inde Navarrette, quien ya tiene anunciado un papel en la franquicia “X-Men”.
“Backrooms”, en tanto, nació de los videos que Kane Parsons (21) comenzó a desarrollar cuando todavía era adolescente, inspirados en la leyenda de Internet sobre un laberinto interminable de oficinas amarillentas y vacías. Su universo creció en YouTube hasta llamar la atención de Hollywood y terminar convertido en una producción de A24.
Parte de ese auge también se explica por el fenómeno del llamado “terror elevado”, un término que en los últimos años se ha vuelto habitual en la crítica internacional para describir películas de miedo con mayor ambición estética y narrativa —como “La bruja” (2015), “Hereditary” (2018), “It Follows” (2014) o “Babadook” (2013)—, marcadas por un ritmo pausado, carga simbólica y fuerte comentario social. El concepto, sin embargo, no está exento de polémica: varios críticos y cineastas cuestionan que implique una jerarquía entre un terror “serio” y otro meramente comercial, cuando en la práctica ambos conviven y logran convocar públicos igual de numerosos, como demuestran en el Perú tanto “Backrooms” —una producción de A24— como el slasher más crudo de “Terrifier 3”.
El horror como experiencia colectiva
Muchos de estos fenómenos de taquilla tuvieron un discreto arranque que estalló en las semanas siguientes, algo poco usual en el lanzamiento de una película. Para Chira, esto muestra hasta qué punto el boca a boca digital puede modificar la trayectoria comercial de un filme. Un título que comienza lento puede crecer cuando los espectadores empiezan a recomendarlo, comentarlo y convertir determinadas escenas en conversación de redes. Es algo que, sostiene, ocurrió con “Backrooms”: el público llegaba por referencias de los videos que había visto en YouTube, y la conversación positiva hizo que más espectadores se sumaran.
Hay algo más en lo que coinciden las explicaciones de Andes y Diamond: el terror conserva una cualidad que se potencia particularmente dentro de una sala. “Es una experiencia muy colectiva”, dice Vidal. El miedo es intenso, pero controlado: el espectador sabe que está a salvo, salta ante un susto y, segundos después, puede reírse al descubrir que todos a su alrededor han saltado también. Para Chira ocurre algo semejante: son películas que invitan a ir acompañado, compartir la reacción y comentarla después. El miedo, paradójicamente, puede ser una experiencia social. //
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