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Moraima, la hija del 'Zambo' Cavero y las memorias de la entrañable voz de Contigo Perú

zambo cavero

El artista en su primera comunión, con su primo Pepe Villalobos; alguna más con Joao Baena, secretario general de la OEA en 1987, cuando el ‘Zambo’ fue homenajeado allí. Pero la imagen central es junto a Óscar Avilés, con quien grabó más de 10 producciones.

Alma, jolgorio y emoción de la memoria artística de nuestro país, la voz de Arturo Cavero sigue resonando con fuerza a 10 años de su partida. Moraima, su hija mayor, comparte con Somos recuerdos entrañables de su vida y nos adelanta el plan de celebraciones.

"Te llamo porque estoy seguro de que ya me estás extrañando”, decía una gruesa pero dulce voz del otro lado del teléfono, del otro lado del mundo. Tres pequeños pares de orejitas se turnaban para oírla en un cálido hogar de La Victoria. Eran Moraima, Zorka y Elena, las pequeñas hijas de Arturo Cavero. “Tengo que hacerte una confesión –agregaba la voz–. Tú eres mi hija favorita, pero, por favor, no les digas a las otras”. “Pero luego llamaba a las otras… ¡y les decía lo mismo!”, recuerda entre carcajadas Moraima, la hija mayor, que atesora el sentido del humor del ‘Zambo’ entre sus más valiosos recuerdos. Como si hubiera sucedido ayer, detalla las cartitas que intercambiaba con ellas cuando eran niñas, a pesar de estar en casa, o las noches viendo El chavo del 8 y comiendo chocolates Winter de pasas y canchita. “Para nosotras, era como un peluche gigante”, confiesa.

Esos eran los ratos que pasaba en casa, aunque su agenda de trabajo era intensísima. Arturo Cavero Velásquez trabajaba de miércoles a domingo casi sin parar, llegando a tocar hasta en siete locales en una sola noche. A veces, la jarana le pasaba factura. “Mi papá se sacaba el ancho trabajando –recuerda Moraima–, pero cuando a veces se pasaba de bandido y quería congraciarse con mi mamá, llegaba a la casa a las 2 o 3 de la mañana con sus amigos del trabajo y le traía serenata con flores y chocolates y cantaba como un loco, hasta que mi mamá salía por la ventana y le decía ‘Ya, está bien, sube y cállate, por favor’”.

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Moraima Cavero, primogénita del cantante, posa junto a un cuadro del artista brasilero Klaus Novais, parte de la serie Ojos negros del Perú. Otros artistas, como Cherman, han retratado al icónico ‘Zambo’

La historia de amor de sus padres también es hermosa: después de probarse un vestido que acababa de regalarle, una tarde a mitad de los 70, el ‘Zambo’ le dijo a Ivonne Best: “Estás tan linda que mejor nos casamos hoy”. Y no le dio tiempo para dudar. Un rato más tarde llegaban apurados a la Municipalidad del Callao para casarse, con Óscar Avilés y Digna, la madre del artista, como testigos. “Ellos tocaron juntos a pedido de mi padre”, recuerda Moraima. Una vez don Óscar, que era amable, jocoso y ocurrente, lo estaba jalando a su casa y el ‘Zambo’ se mandó: “Quiero grabar un disco”, le dijo. “Ok, Arturo, puedes ir mañana temprano a Iempsa y lo vemos”, respondió Avilés. “Creo que no me he dejado entender –replicó Cavero–, quiero grabar un disco… con usted”. “Ah, el que pide poco es un loco”, respondió el guitarrista, cerrando tácitamente el pacto de origen para el dúo más importante de la historia de la música peruana.

Si todos los sueños que soñamos juntos/ no se realizaron, se quedaron truncos/ no hay que hacer un drama/ se acabó y punto.

-CARIÑO BONITO-
“Si hay una imagen que recuerdo clarita es la de mi papá estudiando al lado de nosotras. Mientras hacíamos las tareas del colegio, él hacía las que tenía de la universidad o preparaba alguna tesis”, cuenta Moraima, mientras contemplamos la foto del día en que el ‘Zambo’ recibió su título de profesor. “El tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mí […], no importa que sean dos minutos o si es uno solo, yo seré feliz”, decía una romántica canción de su repertorio, que él hacía suya en la vida familiar.

Nació el 29 de noviembre de 1940 y tuvo como primer hogar el callejón La Banderita Blanca, de la avenida Abancay. A la vez que iba convirtiéndose en prodigioso músico y cantante –llegó a tocar en Lima con la orquesta de Xavier Cugat–, estudiaba para lograr su objetivo de ser profesor. Y fue maestro en ambos mundos. A los 21 años egresó del Instituto Pedagógico Nacional y obtuvo su licenciatura en Educación en la Universidad Federico Villarreal, a lo que le sumó otras especializaciones.

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Zambo Cavero carga a Moraima, cuando solo tenía nueve meses. (Foto: Archivo familia Cavero)

“Mi papá adoraba cantar –nos dice Moraima–. Él se levantaba y cantaba. Íbamos a almorzar y cantaba. Iba a la ducha y cantaba. Se iba de viaje y llamaba a la casa, y por el teléfono nos cantaba la canción que quisiéramos. A él le gustaba cantar y que la gente disfrutara cuando lo hacía. Eso ha sido como una alquimia que ha permitido que cale en los corazones de tantas personas con su estilo orgánico, honesto y transparente”.

Siento que vienen/ tus pies chiquititos,/ cariño bonito,/ ¿cuándo volverás?

-CUANDO TENGAS QUE PARTIR-
“Profesionalmente, creo que el momento más feliz de su vida fue cuando regresó de ser distinguido como Patrimonio Artístico de América en la sede de la OEA, en Washington, el 2 de junio del 87. Estaba muy, muy feliz al volver y los almuerzos y felicitaciones fueron interminables”, cuenta Moraima Cavero. Junto a él, también se homenajeó a otros titanes del criollismo peruano que, aunque longevos, nos fueron dejando poco a poco en estos últimos 10 años: Jesús Vásquez (3-4-2010), Óscar Avilés (5-4-2014), Luis Abanto Morales (14-6-2017) y Augusto Polo Campos (17-1-2018), el autor al que más cantó.

Poco antes de la 1:30 de la tarde del 11 de octubre del 2009, mientras el país aún no se hacía la idea de que una de las voces más extraordinarias de su historia musical yacía ya en silencio, el féretro que la contenía se disponía a salir del Congreso de la República, mientras Perú Negro contagiaba a todos con el fervor de los ritmos afroperuanos. Los síntomas, entonces, alcanzaron hasta a quienes lo cargaban, pues empezaron a menearse levemente como si el sabor y la gracia de Arturo Cavero se hubiera apoderado de ellos para hacerlos vibrar como lo hizo en vida.

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El ‘Zambo’ entabló amistad con otros grandes artistas. Aquí, en una reunión de la década de los 90, asombra a Celia Cruz y a su esposo, el también músico Pedro Knight. (Foto: Archivo familia Cavero)

La primera cuadrilla de la Hermandad del Señor de los Milagros, a la que él perteneció, lo despedía con un festejo y el ‘Zambo’ parecía no querer irse. En el Hall de los Pasos Perdidos, el baile se había reencontrado. Miles lo habían despedido un día antes, cuando fue velado en el Museo de la Nación. “Por eso, cuando al reposo el Señor me llame –decimó el ‘Zambo’ en un concierto–, yo me voy a ir feliz, porque limeña que es mi raíz y mi alma bien peruana, en el cielo hará jarana, cantándole a mi país”. //

TRIBUTO Y HOMENAJES
Música. Proyecto Zambo ya puede disfrutarse en Spotify. Reversiona temas clásicos del repertorio del ‘Zambo’, con las colaboraciones de Novalima, Dengue Dengue Dengue y Olaya Sound System.

Fiesta. El 20 de noviembre se celebrará en el Gran Teatro Nacional el cumpleaños del ‘Zambo’ Cavero. El evento será producido por Fernando Zevallos, fundador de La Tarumba.

Proyectos. Se espera la publicación de un cuento y un disco vinilo conmemorativo, en agosto

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