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"El verdadero Mundial", por Carlos Galdós 

Toca cambiar el chip y empezar a vernos como queremos que nos vean

"El verdadero Mundial", por Carlos Galdós

"El verdadero Mundial", por Carlos Galdós. (Ilustración: José Carlos Chihuán Trevejo)

"El verdadero Mundial", por Carlos Galdós. (Ilustración: José Carlos Chihuán Trevejo)

Gareca toma la decisión de dirigir a la selección peruana de fútbol creyendo en el jugador peruano. Así lo dijo el día que fue presentado a la prensa luego de firmar contrato. De antemano adelantó un camino durísimo, pero siempre con un objetivo claro. Habló también de nuestra historia y su significado frente al reto asumido y finalmente destacó algo fundamental: “Que el hincha peruano se sintiera representado por su selección”. 

Para nadie es sorpresa que los 36 años sentados en la banca de espera no han sido producto de la casualidad. Todo lo contrario: dejamos de ir una y otra vez al Mundial porque todos los involucrados, desde dirigentes pasando por técnicos y jugadores, no hicieron lo suyo como correspondía, con eso que los padres nos inculcan desde chicos: responsabilidad, pasión, entrega, compromiso y sacrificio. No hay camino fácil, así tengas el mejor biotipo del mundo para jugar al fútbol. Si no te metes en la cabeza que la recompensa del éxito no es la juerga, la cerveza en exceso y la bailarina de moda en tu cama, después del esfuerzo se necesita el doble de esfuerzo para ya no llegar sino continuar. No existen dos personas en una; hay una misma persona en todos sus ámbitos. No se puede ser buen jugador y mal padre. No se puede ser ídolo y no reconocer un hijo. No se puede ser deportista y juerguero, porque lo uno es incompatible con lo otro. Se es deportista, buen padre, hombre responsable. Y parece que así se lo hizo entender a los muchachos el ‘profe’ Gareca: no hay medias tintas cuando se trata de las personas y sus profesiones. 

Lo que estamos viviendo desde el miércoles en la noche es simplemente hermoso, porque entre otras cosas por fin nos quitamos de encima el rótulo de perdedores acostumbrados a consolarnos con frases mediocres: “por poquito y llegamos”, “matemáticamente es posible”, “jugamos como nunca, perdimos como siempre”. Todas definiéndonos siempre como víctimas, no como autores de nuestra realidad. Por eso comencé a odiar el fútbol y pasé de hincha a detractor, porque a mí no me gusta responsabilizar a nadie de mis fracasos, porque no hay nada mejor y más educativo que la responsabilidad y sus consecuencias. 

Qué importante es ganar, qué buen mensaje deja el sacrificio, saber girar el timón sin miedo, confiar en que lo estás haciendo bien. Los frutos se darán. La constancia es el único camino y, aunque no nos guste, esta siempre viene acompañada de errores, que nos obligarán a seguir intentándolo una y otra vez. El trabajo tarde o temprano paga. El miércoles por la noche los peruanos hemos tenido una lección maravillosa: se puede llegar a la meta, se puede revertir un pasado. Hay que buscar ganar siempre y respetar la derrota, mas no quedarse a vivir en ella. La inspiración generada en los chicos es importantísima. Se ha abierto la ventana al futuro, con una generación llena de autoestima. Pero repito: sobre todo sabiendo y comprobando que todo es posible única y exclusivamente con esfuerzo, entrega y pasión. Nada es gratis, no existe la chiripa. La casualidad es una consecuencia de la búsqueda. 

El verdadero mundial es el que nos toca de aquí en adelante a todos los peruanos, cambiando el chip, formateándonos, desaprendiendo lo mal aprendido y viéndonos a nosotros mismos como queremos que nos vean en el mundo. Los memes no se hicieron esperar después de la clasificación. Todos son muy ingeniosos menos uno: la imagen de un avión abarrotado de peruanos hasta en las alas, peruanos viajando a Rusia borrachos, orinando en la calle, combis, pirañas, cogoteros y todo lo que para el creador de esa imagen “nos representa”. Ese no es más el Perú, entendámoslo de una vez por todas. Eso no es gracioso; el desorden no es gracioso; la corrupción no es graciosa; la pendejada no da risa; la intolerancia, la basura, la discriminación, la coima, la envidia no son graciosas. Eso no somos nosotros. Así no queremos que nos vean. Cambiar nosotros mismos: ese es nuestro verdadero Mundial. 

Esta columna fue publicada el 18 de noviembre del 2017 en la revista Somos.

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