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"Nueva esperanza", por Pedro Suárez-Vértiz

El fútbol: una emoción colectiva que remece todo

"Nueva esperanza", por Pedro Suárez-Vértiz

"Nueva esperanza", por Pedro Suárez-Vértiz. (Ilustración: Nadia Santos)

"Nueva esperanza", por Pedro Suárez-Vértiz. (Ilustración: Nadia Santos)

Esto es demasiado para mi cerebro. Mi sistema nervioso se sobrecarga cual cableado de casa vieja antes de cada partido de nuestra selección. El equipo está muy bien. Los resultados están por encima de nuestras capacidades individuales. Esto es mérito total de Gareca por crear un sistema de juego compacto desde el arquero hasta la delantera. El único crack, siendo realistas, es Paolo Guerrero. Amo a Carrillo, Cueva, Flores, Trauco, etc. pero con una defensa adversaria bien plantada simplemente desaparecen. Esto no pasa con Guerrero, quien siempre encuentra la manera de quebrar estrategias contrarias. Sin embargo, con toda esta indeseable intermitencia, hay más colectividad que en muchas Eliminatorias anteriores, en las que teníamos más estrellas.

Otro detalle que nos haría ganar mucho tiene que ver con Gallese. El mejor arquero nacido en Perú de la historia. Me atrevería a decir que por él llegamos hasta acá. Pero debe entrenar saques. Un arquero debe crear jugadas de gol o de creación de gol cuando lanza la bola. En La Bombonera todos sus saques fueron bolas para Argentina. Gran lección nos dio Ospina en Lima, al generar el gol de Colombia con un excelente saque que rompió la defensa peruana y en cuatro segundos, contando desde el pie de Ospina, James nos vacunó.  

Estamos más cerca del Mundial que nunca. Todavía no podemos cantar victoria, pues existen 180 minutos más de luchar contra el campeón de Oceanía, Nueva Zelanda. Debemos jugar un partido como visitantes en el estadio Wellington Phoenix, en Auckland, y luego uno de vuelta en el Estadio Nacional. Aunque al día siguiente toca Green Day en Lima y, pucha, no quiero que esto impida que juguemos en el Nacional.

Si ganamos este minitorneo de solo dos países, vamos al Mundial, así de fácil. No dependemos de otros partidos. Ya no se trata de esperar otros resultados. Es literalmente un duelo. No será un tarea fácil. Pero toda la euforia que se ha generado en los últimos meses puede darle ese empujón de autoconfianza a la selección que tanto necesita para vencer sus desconcentraciones.  

Hace 36 años que no vamos al Mundial. La última vez que se celebró una clasificación fue el 6 se setiembre de 1981, cuando empatamos contra Uruguay. En ese equipo peruano se encontraban figuras como Héctor Chumpitaz, Julio César Uribe, Juan Carlos Oblitas, Ramón Quiroga, ‘Panadero’ Díaz, Cueto, Velásquez y Duarte, entre otros. Hemos llegado cuatro veces en nuestra historia al Mundial. Hoy no tenemos esas individualidades, pero sí un cuadro valiente y que no se deja hacer goles como antes.  

Los millennials son los más entusiasmados con la posibilidad de clasificar. Ellos no saben de tantas Eliminatorias frustradas, por lo que no cargan con el traumático “síndrome del pan quemado en la puerta del horno”, como nosotros los mayores. La ingenuidad y el poder espiritual del millennial inyectó sangre limpia y libre de traumas a la hinchada. 

Aprovechemos este sentimiento de unión entre todos. La salud mental colectiva ha mejorado. Nadie quiere ya crucificar ministros ni ver tragedias en los noticieros. Ojalá sea así siempre y no solo cuando estamos tan cerca del Mundial como ahora. Todos queremos gritar un gol de Perú en el Mundial y celebrar el pase de la fase de grupos, si es que se llega a dar. Vamos, que sí se puede. Nosotros nos limitamos a alentar, pero nuestro seleccionado es finalmente quien brinda esa recompensa que tanto ansiamos todos.  

Nos hace bien este repechaje. Necesitamos más roce si vamos al Mundial. El partido con Colombia nos hizo pisar tierra, pues afloraron todas nuestras carencias y ansiedades. Empatamos por una individualidad de Guerrero y por la excelente idea de meter a ese enanito rastafari Yordy Reyna, que con sus correteos añadió confusión a la defensa colombiana. Debemos tener equipo más allá de Paolo. Carrillo y Cueva deben ser grandes, como lo son realmente, pero en todos los partidos, y Gallese debe asistir delanteros. Con eso les aseguro que vamos al Mundial. 

Esta columna fue publicada el 14 de octubre del 2017 en la revista Somos.


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