

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Cuando María Plevisani (29) decidió volver al Perú (vivía en Nueva York, donde se desempeñaba en un banco), ni en sus sueños más locos habitaban todos los retos que hoy ha logrado cumplir. Su alabada receta de granola ya está disponible en supermercados, su contenido digital conquista cada vez más en redes sociales y comparte un programa de televisión junto a su madre, Sandra Plevisani, una de las figuras más reconocibles de la cocina peruana en pantalla. Además, tiene un podcast, diversas marcas confían en su imagen y alista una línea más completa de alimentos saludables.
“Es una locura porque me acuerdo perfectamente de la primera entrevista que tuve al volver a Lima cuando empezaba a abrirme paso en la gastronomía. Fue con Somos, hace casi dos años. Han pasado tantas cosas tan positivas en mi vida que aún parece un sueño que todo sucediera tan rápido”, comenta emocionada la hija intermedia del clan de Ugo y Sandra Plevisani.

Para entender su historia, sin embargo, hay que retroceder a antes de las cámaras y los supermercados. Su amor por la cocina, comenta, empezó en los restaurantes a los que llegaba después del colegio para almorzar, y en una familia para la que la comida siempre fue parte de la vida cotidiana.
Aunque al principio no veía a la gastronomía necesariamente como un destino, María nunca se desvinculó de ella. Estudió finanzas en el extranjero, trabajó en un banco y durante años supo que quería emprender, mientras encontraba en sus hornillas la conexión con su país y el cuidado de su salud, con las recetas que atesoraba de sus padres.
“Me fascina la comida, me apasiona, y entré al mundo de la comida saludable por un tema personal. Sin querer queriendo empecé a estudiar nutrición y me metí en ese rubro. Ha sido una forma maravillosa de darle una perspectiva diferente a lo que hace mi familia, pero estando superconectada con ellos”, explica.

Lo particular de esta historia es que María nunca se sintió atada a dedicarse a la cocina. Es más, no llegó a ella para continuar el camino de Sandra, sino más bien después de desviarse de él y buscarlo nuevamente para sentirse en casa. En esa línea, Sandra, lejos de empujarla, hizo justamente lo contrario: la dejó encontrar su propio lugar.
“Yo a mis hijas nunca les he forzado nada. Las he dejado ser. He tenido la filosofía de que uno siempre termina donde es feliz. Para mí es mejor que tú seas quien eres a que te esfuerces en hacer algo que no quieres, y reniegues de ello”, dice Sandra a Somos.

Una enseñanza que sin duda ha funcionado, pues aunque María estudió Finanzas, ahora se dedica a la cocina saludable; su hermana mayor, Arianna, estudió Antropología Visual y ahora brilla con un restaurante en Berlín; y, aunque Valentina, la menor, aún no ha sucumbido a la cocina, tanto sus hermanas como su madre creen que no hace falta mucho para que suceda. Los fogones, por supuesto, siempre estarán esperándola.
DUPLA TELEVISIVA
La propuesta de llevar a María a la televisión llegó con una mezcla de entusiasmo y pánico. La idea era que representara a una generación más joven y que aportase su mirada sobre la alimentación saludable. Pero una cosa era grabar recetas desde su casa y otra muy distinta enfrentarse a un programa en vivo, durante casi dos horas, frente a todo un país. País que, además, tiene como referente a su madre, una verdadera ícono de los postres y la pastelería.
“De ninguna manera”, fue su primera reacción. Después, entendió que había una oportunidad que no quería dejar pasar.
“¿Cómo desaprovechar la oportunidad de trabajar con mi mamá, que es la persona que yo más admiro? No solo como mamá, sino por su ética y su trabajo. Yo nunca he visto a alguien que trabaje más que mi mamá. Observar cómo es tan desenvuelta en la televisión y con la gente que trabaja me inspiró a estar a su lado y eso hizo que el proceso de salir en la tele fuera mucho más fácil”, recuerda María. Hoy, el programa “Así de simple”, por ATV, ya lleva medio año al aire.

Aunque el entusiasmo la llevó al set, los primeros días frente al reto fueron otra historia. María reconoce que no sabía a qué cámara mirar ni cómo desenvolverse en un set en vivo. Sin embargo, Sandra (@sandraplevisani) siempre estuvo ahí para recordarle que no tenía que saberlo todo desde el comienzo.
“Mi primer programa nunca me lo voy a olvidar. Preparé una receta y no sabía qué usar, y mi mamá siempre estaba ahí diciéndome: ‘Tranquila, tranquila, poco a poco’. Eso ha sido increíble para mí. Ya cumplimos seis meses del programa y poco a poco hemos podido desarrollar un espacio en el que realmente se ve nuestra esencia. Lo que ven en el programa es lo que somos”, cuenta la heredera del clan.
Sandra también ha descubierto una nueva faceta de su hija frente a las cámaras. La describe como dispuesta, abierta y sin demasiadas trabas cuando aparece una nueva tarea. Para ella, esa actitud jovial y carismática ha sido fundamental para encontrar el ritmo del programa, proyecto que individualmente también emociona en especial a Sandra.
“Es mi primera vez en televisión abierta. Era algo que necesitaba hacer hace mucho, la verdad. Llegar a todos esos hogares a los que no llegaba con el cable, donde estuve 20 años. Ahora siento que puedo conectar más con todos, que quienes siempre atesoraron mis recetas pueden verme en vivo y conocerme más”, precisa.
Luego de 20 años como ícono de los postres en televisión por cable y recetarios, Sandra dio el salto a la señal abierta en el matinal de ATV “Así de simple”, esperando llegar a más hogares con su talento y carisma. Además, es embajadora de marcas como Gloria, Imaco y Volvo.
La deliciosa granola de Maricucina ya se encuentra disponible en Plaza Vea y Vivanda, además de en Rappi y PedidosYa.
En su canal de entrevistas, Maria ha tenido invitados del rubro gastronómico como sus padres, Ugo y Sandra, además de otros creadores de contenido, entre ellos Ariana Bolo Arce.
DEL HORNO, CON AMOR
Antes de la televisión estuvo la granola. María la empezó a preparar cuando vivía fuera del país, después de atravesar un momento de mucho estrés y problemas de salud mientras trabajaba en un banco.
Comenzó entonces a experimentar con sus propias recetas. Regalaba frascos a amigos y compañeros de trabajo hasta que todos empezaron a hacerle la misma sugerencia: tenía que venderla. Cuando regresó a Lima, la preparación pasó a los hornos de su casa. La empaquetaba, hacía los despachos y veía cómo cada semana se agotaba.
El proyecto creció hasta convertirse en Cucinella, una marca que pronto espera ofrecer más productos saludables, y que por fin ha aterrizado en los supermercados.

Para Maria, ese salto no significa solamente vender un producto. Es poner una parte de su propia historia al alcance de más personas. Y en eso también encuentra un punto de encuentro con su madre: ambas quieren que la cocina sea accesible. Sandra lo ha hecho durante décadas a través de recetas explicadas hasta el último detalle (considerando que ella siempre fue autodidacta); y María busca hacerlo desde una generación que quizá nunca se sintió particularmente cómoda entre ollas y sartenes.
En las Navidades, por ejemplo, mientras sus hermanas se repartían las pastas y verduras, su papá preparaba las salsas y Sandra se ocupaba del postre, ella no tenía un rol definido. Su gran aporte era, casi siempre, rallar el queso. “Siempre era la ‘ralladora’ de queso designada. Pero es increíble porque ahora he podido aprender a hacer recetas que me gustan, y la gente que me sigue aprende también. Me encanta haber llegado a los ‘ralladores de queso designados’ de otras familias y que ahora también puedan disfrutar de cocinar”, dice.
En las redes sociales, la televisión, los restaurantes, supermercados o recetarios, el legado de los Plevisani reafirma que está más vivo que nunca. Así como una buena comida en familia que, a pesar del tiempo, siempre será motivo para reunirse alrededor de una mesa. //
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