A los 15 años, un viaje familiar cambió el rumbo de su vida. Olivier Paget caminaba por Grasse, al sur de Francia, sin saber que estaba recorriendo la cuna histórica de la perfumería. Entró a dos fábricas casi por curiosidad y terminó el día con una decisión: quería dedicarse a eso. “Descubrí que de pequeñas partes de plantas, como el romero, tomillo, naranja, jazmín, se podían extraer aceites y que, con la mezcla correcta, un ser humano podía crear algo completamente diferente. Eso me fascinó”, recuerda en diálogo con Somos.
Décadas después, ese mismo asombro sigue intacto. Hoy, como perfumista de Natura, Paget forma parte de la historia olfativa de una de las marcas latinoamericanas más influyentes. Su vínculo con la firma brasileña no es reciente: trabaja con ellos desde los años noventa y ha sido testigo de su evolución, de sus búsquedas creativas y de su apuesta por la biodiversidad. “Para mí, Natura forma parte de mi vida profesional. Entiendo su espíritu porque me gusta la naturaleza, siendo esa conexión la que me ayuda a crear”.
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Su trabajo va mucho más allá de imaginar un aroma agradable. Se trata de traducir conceptos en experiencias sensoriales. “Mi tarea es concretar una idea. Cuando alguien huela el perfume, debería poder imaginar la naturaleza en sí misma”, dice. Detrás de cada lanzamiento hay meses de ensayos (a veces más de cien pruebas distintas, confiesa) hasta encontrar la estructura perfecta. “Es una industria, claro, pero también es ensayo y error. Algunas ideas funcionan, otras no. Hay que regresar y empezar de nuevo”, explica.
En ese proceso, la elección de las notas no es cuestión de suerte. Cada fragancia responde a un objetivo claro. Si la propuesta es fresca, por ejemplo, no hay espacio para acordes frutales si estos alteran la identidad buscada. “Hay muchas maneras de construir lo fresco”, explica. Esa disciplina creativa convive con una libertad muy particular dentro de Natura: al finalizar la composición, los perfumistas tienen la posibilidad —casi la obligación, dice él— de añadir un “secreto” característico de la marca: uno de los 25 aceites esenciales emblemáticos de su paleta natural.
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Fue precisamente uno de esos ingredientes el que marcó un antes y un después en su carrera: la priprioca, una raíz amazónica que conoció en 2005, durante una investigación en la región. “Cuando la olí, pensé: es fantástico. Es resinoso, amaderado, con algo de cuero y especias. Muy rico. Y tiene un rastro increíble”, cuenta con entusiasmo. En Belém, explica, los pobladores ribereños la utilizaban con un significado casi sentimental. Incorporarla al universo de la perfumería fue, para él, una revelación. “Casi siempre intento poner un poquito en mis creaciones”, confiesa entusiasmado.
Paget tiene preferencias personales claras: disfruta de las fragancias amaderadas y ambaradas secas, con un punto especiado, acordes que hoy marcan tendencia en la perfumería masculina. Sin embargo, cuando se trata de recomendar, prefiere hablar de identidad. “La persona tiene que experimentar. Puede tener diez perfumes delante, pero si no los prueba, puede perder el indicado. No es solo teoría, es experiencia”. Para él, el perfume es una extensión de la personalidad, una imagen invisible que se construye con el tiempo.
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Con más de tres décadas en la industria, lo que más lo sorprende hoy no es la materia prima, aunque la biodiversidad latinoamericana siga ofreciéndole hallazgos, sino el mercado mismo. “Cuando aprendí perfumería, había alrededor de cien lanzamientos al año en el mundo. Hoy son seis mil. ¿Cómo es posible reconocer todo?”, reflexiona.
En ese océano de novedades, encuentra inspiración en la perfumería de nicho, aquella que no busca necesariamente la masividad sino mezclas únicas y disruptivas, combinaciones inesperadas que desafían lo convencional.
Aun así, la esencia de su oficio permanece igual que en aquel viaje adolescente a Grasse: descubrir, mezclar, transformar. “Siempre hay que entender el concepto y encajarlo exactamente en el objetivo”, dice. Para Olivier Paget, crear un perfume no es solo componer una fórmula; es capturar una idea, un territorio y, a veces, hasta una emoción en gotas que perduran todo el día.//