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Pedro de Osma: vecinos se pronuncian sobre ficus caído

La Municipalidad de Barranco ha solicitado a la Municipalidad de Lima la evaluación de los árboles para ejecutar -o no- el retiro

El árbol más antiguo de Lima tiene 350 años y se encuentra en El Olivar. Ninguno se cae de viejo, dicen los expertos. Los árboles se caen cuando se descuidan. Los ficus que adornan la avenida Pedro de Osma (Barranco) desde hace más de un siglo no solo son área verde: son –sobre todo– patrimonio. Protegerlos debería ser siempre la primera y única opción. Los vecinos del distrito están de acuerdo. 

El árbol que muere de pie
​Ramiro Llona tiene cinco años y sabe que el árbol se ha muerto. Lo dice con esas palabras exactas. El niño vio cuando lo cortaban en trozos –ocurrió el viernes 30 de marzo, un día después de que cayese sobre el local de La Zapatería Handame– y, desde entonces, no deja de preguntarle a su padre por qué. Al día de hoy, este tampoco logra encontrar una razón que de verdad lo explique. “Cualquier cosa se puede convertir en un peligro, si no se cuida ni se mantiene”, dice Ramiro Llona, artista plástico instalado en Barranco desde hace 18 años. “Hay ciertas cosas que le dan identidad a un distrito, razones por las cuales uno se muda, paga arbitrios. Esta avenida es una de ellas”, continúa. 

Como han hecho muchos vecinos, Llona viene recurriendo a las redes sociales para pronunciarse sobre la caída del ficus antes ubicado en la primera cuadra de la avenida. “No sé si es falta de seriedad o es algo premeditado. Uno no puede imaginarse que alguien sea realmente tan torpe”, indica. “Cuando cortaron un pedazo de la pista para la obra [remodelación de las pistas y veredas, que empezó en setiembre pasado] y lo levantaron, se llevaron las raíces. Lo último que nos da temor es que haya una solicitud a la Municipalidad de Lima a través de la cual se podrían remover los árboles. ¿Por qué se haría algo como eso?”. 

David Torres Bisetti lleva instalado en la cuadra 1 de aquella avenida desde 2011 con la Tostaduría Bisetti. En enero y febrero pasados dos ramas se desprendieron del árbol delante de su local: una de ellas cayó sobre un farol que tuvo que ser removido; la otra bloqueó la entrada toda una jornada. “Jamás habíamos tenido problemas. Todo empezó a raíz de las obras. Es el único hecho coincidental”, explica a Somos. Bisetti, como otros empresarios de la zona, no contempla la posibilidad de mudar su establecimiento de Barranco. “Lima no es la única ciudad en el mundo con árboles centenarios. Se trata de un patrimonio histórico; son seres vivos que merecen el tratamiento adecuado”, afirma. 

Te quiero verde
En sus apuntes, Elisa Canziani lleva registrados 86 Ficus nitida –contando los del Parque Municipal– y 9 Ficus benjamina repartidos por la Pedro de Osma. La ingeniera forestal y vecina barranquina es tajante: no es normal que se caigan los árboles. “Un árbol centenario es como un viejito: convive con algunas enfermedades”, explica. “Lo que hay aquí es una falta de diagnóstico serio. A estos ficus se les hace una poda como si fuese un corte de las puntas del pelo, cuando lo que necesitaban era una evaluación que responda a cada árbol: cada uno tiene un crecimiento, un porte, una estructura”, sostiene. 

El caso de El Olivar es un referente en Lima: confirma que, con un monitoreo constante, los árboles pueden alargar su existencia hasta superados los tres siglos de antigüedad. “Con la obra de remodelación, los árboles fueron sumamente maltratados”, continúa Canziani. “Hay mucha evidencia fotográfica. Las cuchillas rompían las cortezas; se encontraron con las raíces y siguieron adelante”. 

Somos contactó al alcalde Antonio Mezarina para que responda a las denuncias. Contestó Francisco Narrea, gerente municipal de Barranco. Narrea afirma que las raíces cortadas son “raíces superficiales que no le dan solidez a un árbol”. Indica también que hubo un informe forestal y monitoreo en la obra permanentemente. “No se puede atribuir que por un corte superficial se haya caído un árbol: si a mí me cortan un dedo del pie, no me voy a caer”, añade. Las raíces, sostiene, ya presentaban “un mal”. A pedido de la Municipalidad de Barranco, la Municipalidad de Lima deberá evaluar a los árboles para aprobar –o no– el retiro de algún ejemplar en caso de ser necesario. “Estamos esperando que concluya esta investigación. Nosotros no vamos a decidirlo”, termina Narrea. 

La mano del hombre
Mano Márquez es un argentino que se quedó en Lima con dos ideas en mente: hacer zapatos a medida y armar una cooperativa. Unos 14 zapateros forman parte del proyecto al día de hoy; todos hacen lo mismo, todos reciben lo mismo. En la primera cuadra de Pedro de Osma tienen instalados tienda y taller (La Zapatería Handmade). Ahí se encontraban el mediodía del jueves 28 de marzo; era Semana Santa y unos clientes acababan de salir del local. Los zapateros Marcial Zamora y Adolfo Porras estaban al fondo cuando escucharon un ruido estremecedor. “Pensamos que era un temblor”, recuerda Zamora. El polvo de la caída no les dejó ver de inmediato que se trataba de un árbol. Sacaron lo que pudieron –el techo podía derrumbarse– y no regresaron hasta cuatro días después. “Yo tengo entendido que un árbol se conserva de acuerdo con el mantenimiento que se le da”, dice Porras. “Se ve bien claro que se cortaron las raíces. Y sin raíz, ¿qué se va a hacer con el árbol?”. 

A la fecha, ni Mano Márquez ni su equipo han recibido respuesta de las autoridades sobre el daño a su lugar de trabajo. “Lo único que hemos podido hacer es seguir trabajando. No sé por cuánto tiempo más podremos estar aquí”, explica él. “Que se caiga un árbol es un hecho lamentable. Pero ¿quién piensa en nosotros?”. Las interrogantes no hacen más que acumularse. 

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