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Ni Una Menos: "Nada ha cambiado", por Renato Cisneros

Cómo se vive la ‘no violencia’ contra la mujer en un país cada día más violento

"Nada ha cambiado", por Renato Cisneros

Ni una menos: "Nada ha cambiado", por Renato Cisneros. (Ilustración: Nadia Santos"

Ni una menos: "Nada ha cambiado", por Renato Cisneros. (Ilustración: Nadia Santos"

Entro a un portal de noticias y, mientras reviso información vinculada a la marcha que el colectivo Ni Una Menos ha convocado para esta tarde, es inevitable hacer clic en un link llamado ‘Notas relacionadas’. Se trata de notas alusivas al ítem ‘violencia contra la mujer’. Notas que, leídas por separado cada una en su día, seguramente generaron indignación, pero que vistas así, en conjunto, compiladas una al lado de la otra, desprovistas del falso prestigio de lo ‘actual’, ya no son más noticias sino la fiel radiografía de una sociedad envenenada. “PNP detiene a 12 denunciados por violencia contra la mujer”. “Aprueban pena efectiva de cárcel para agresores de mujeres”. “La FAP investiga a coronel acusado de golpear a mujer”. “Mujer acuchillada por su ex pareja está en UCI”. Etcétera.

Lo escandaloso de esas noticias es que, siendo recientes, ya caducaron para el gran público: se extinguieron sin haber terminado de impactar, sin denunciar lo suficiente, sin exponer debidamente a los culpables. Son noticias que murieron antes de tiempo y fueron a parar a un cajón de sastre del cual, con suerte, algún periodista o historiador las rescatará para tratar, en el futuro, ojalá que no en vano, de devolverles relevancia.

Somos todos presas de una gran paradoja que limita por completo nuestro entendimiento del problema de fondo: queremos estar informados de cada crimen contra la mujer, pero al ser tantos y tan diversos –y al ser su cobertura tan, por lo general, frívola– no los entendemos y tendemos a olvidarlos con relativa facilidad. Lo más cruel es esto: cuando las agresiones se repiten sin ser entendidas del todo se vuelven costumbristas, y las costumbres acaban mimetizadas con el paisaje en que transcurre dando una terrible impresión de normalidad o hasta de tradición.

Hemos llegado a ese punto fatídico en el que, si no insultan, golpean, arrastran o matan a nuestra madre, hermana, hija o pareja, no captaremos jamás la dimensión del flagelo. Peor aún: hemos llegado a ese punto fatídico en el que, si esa madre, hermana, hija o pareja no muestra un video, fotografía o audio de la agresión quizás hasta se desconfíe de su palabra. 

Hoy, por ejemplo, se discute que la muerte de la voleibolista Alessandra Chocano califique como violencia de género. Increíble. ¿No es ya suficientemente violento el cuadro de una joven menor de edad desangrándose por causas extrañas, en un departamento con mesas rebosantes de botellas de licor colocadas allí por una mano presuntamente adulta? ¡Todo en ese caso es violencia de género! La violencia de género está allí, desde el principio, recorriendo el caso.

Pero ya no basta con referir la muerte de Alessandra para entender nada. Ni basta con recordar los casos actuales (recientes pero ya casi caducos) de Micaela de Osma, Lorena Álvarez y Eva Bracamonte. Ni basta con recordar cifras y decir que hasta setiembre se registraron en el Perú 94 feminicidios y más de 170 tentativas según el Ministerio de la Mujer; o que, según Reuters, Lima es la quinta ciudad más peligrosa del mundo para las mujeres.

Ni siquiera basta con escribir un testimonio ni marchar, y sin embargo son las únicas y últimas armas de protesta que nos quedan. No es casual, por cierto, que la marcha sea hoy, 25 de noviembre, fecha que homenajea a las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, Las Mariposas, asesinadas ese día y ese mes en 1960, en República Dominicana, por oponerse a la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (personaje central de La fiesta del chivo, de MVLL). Las tres fueron encarceladas, violadas y maltratadas reiteradas veces, pero siempre volvían a las calles, hasta que los militares trujillistas se hartaron, las detuvieron, las llevaron a una finca y allí las torturaron y mataron.

Esta tarde, desde las 2 p.m., la concentración será frente al Palacio de Justicia. Hay que salir a las calles como quien sale a la cancha. Hay partidos que debemos seguir jugando. Hay Mundiales a los que falta clasificar. 

Esta columna fue publicada el 25 de noviembre del 2017 en la revista Somos.

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