Por Nora Sugobono

Siempre intento guiarme por una regla básica en los sitios donde sé, de antemano, que voy a encontrarme con platos que ya conozco, y que quiero volver a probar. Hago mi mejor esfuerzo, porque honestamente —entre ustedes y yo— rara vez funciono con estructuras muy rígidas, y menos cuando se trata de comer. La regla es así: el 50% del pedido tiene que estar dedicado a lo habitual, a los clásicos; el otro 50% debe reservarse sí o sí para la sorpresa. Así que no tengan miedo de preguntar cómo se ve o en qué consiste alguna preparación distinta que lean en el menú, o incluso en las pizarras del día. Si no se prueba, no se conoce, y nos quedamos sin disfrutar o aprender de algo nuevo.

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