Por Nora Sugobono

A veces hay que apostar por salir de la rutina. Entregarnos a una dinámica diferente, renunciar al control y confiar en el proceso. En eso último consiste un concepto ampliamente conocido en el mundo, que parte —precisamente— de dejar en manos del chef la elección de los platos que un comensal probará durante su visita. Estamos hablando del omakase: una tradición gastronómica japonesa donde el cliente cede al chef la selección y preparación de los platos, confiando en su técnica y en los insumos que tiene a la mano. Muchos podrían considerarlo una suerte de menú degustación personalizado; otros lo atribuyen a la disponibilidad de ingredientes frescos que hay en el día. Lo cierto es que es una mezcla de ambos, combinados con un factor clave: la sorpresa. Ahí está su magia. Evidentemente, distintas barras de sushi en Lima lo ofrecen desde hace años como parte fundamental de su propuesta. Sin embargo, este formato se reserva —en su mayoría— para conocedores o para paladares curiosos, ávidos de probar algo fuera de lo habitual. Falta que nos atrevamos más.

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