Por Nora Sugobono

Hace poco, me hicieron notar un dato que me dejó preocupada; un descuido inintencional de mi parte que pretendo remediar en esta misma nota. No escribo sobre La Plazita desde 2019, a pesar de ser una mesa que visito con frecuencia. Dios sabe que no han sido pocas las veces que caminé hasta su vitrina tan solo para pedir una porción de hummus ‘to go’ (que muy probablemente me comí en el camino) y he celebrado allí algún que otro momento especial. Quizá les pase con esas mesas que sienten cercanas y que forman parte —de alguna manera u otra— de su cotidianeidad: sabemos que están ahí, y eso nos otorga la tranquilidad suficiente. Para mí no hay mejor termómetro cuando se trata de calificar a un restaurante.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: