Por Nora Sugobono

Al norte siempre quiero volver. El viaje puede ser en auto, en avión o —como suelo hacer con más frecuencia— en una mesa generosa que me lleve directo al destino soñado. Hablar de Piura es hablar de sabores intensos; de mar y de tierra, de limón y algarrobo; de cebiche, cabrito y chicha de jora. Lima no es ajena a esta cocina, sea en formatos más tradicionales (como La Paisana de Magdalena, un clásico de siempre) o en aperturas más novedosas, como Alegría Picantería, de Francesco de Sanctis. La oferta es amplia y los conceptos también, pero hay lugares especiales que han sabido ganarse la preferencia de varias generaciones de comensales. Ahí es donde nos encontramos con El Merlín de Cabo Blanco de Lince.

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