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“Al proteger a una abeja, se protege el futuro”: por qué el Perú acaba de marcar un precedente mundial al darles derechos legales a las abejas meliponas
En la Amazonía peruana, las abejas sin aguijón (también conocidas como meliponas) dejan de ser invisibles: hoy son sujetos de derechos legales, guardianas del bosque y herederas de saberes ancestrales que protegen la vida. Entrevistamos a los científicos, líderes indígenas y abogados ambientalistas detrás del hito.
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Resumen
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Las abejas meliponas habitan principalmente en zonas tropicales y subtropicales de América Latina. En el Perú, se las encuentra en toda la Amazonía. (Foto: Luis García Solsol / Amazon Research Internacional)
En la Amazonía peruana, una decisión local está marcando un precedente inédito: las abejas amazónicassin aguijón han sido reconocidas como sujetos de derechos. A través de ordenanzas municipales en Satipo y Nauta, estos pequeños polinizadores (claves para la vida del bosque y para las culturas indígenas) pasan a tener derechos propios y protección legal, junto con los ecosistemas que habitan.
En la Amazonía peruana, una decisión local está marcando un precedente inédito: las abejas amazónicassin aguijón han sido reconocidas como sujetos de derechos. A través de ordenanzas municipales en Satipo y Nauta, estos pequeños polinizadores (claves para la vida del bosque y para las culturas indígenas) pasan a tener derechos propios y protección legal, junto con los ecosistemas que habitan.
Para la bióloga Rosa Vásquez, doctora en biología química y pionera en la conservación de las abejas sin aguijón, la ciencia lleva años mostrando por qué esta medida era tan urgente como necesaria. “Las meliponas polinizan hasta el 80% de la flora amazónica y creemos que puede llegar al 90% si incluimos cultivos como café, cacao, palta, arándanos y plantas medicinales”, explica en diálogo con “Somos”, para comprender su alcance.
Asimismo, las investigaciones también han revelado el valor medicinal de su miel: “Nuestros estudios muestran que la miel de abejas sin aguijón es altamente medicinal, con potencial para tratar más de 14 enfermedades, muy por encima de lo que usualmente se conoce”, añade Vásquez.
Sin embargo, su relevancia no es solo ecológica. En los pueblos amazónicos, estas abejas forman parte de una herencia viva. “Para el pueblo kukama, las abejas sin aguijón no nacieron para herir, sino para enseñar. Son mensajeras de la vida tranquila y guardianas del equilibrio entre el río, la chacra y la casa”, dice Betty Torres, lideresa kukama y presidenta de la Asociación de Meliponicultores de la región Loreto.
“El pueblo Kukama tiene la creencia que estas abejas no tienen aguijón porque no nacieron para herir, sino para enseñar. En esta foto se refleja a Avita Taricuarima, la primera bióloga Kukama en ser incluida en la lista de “50 personas cambiando el mundo” de The Explorer Club”. (Foto: Luis García Solsol)
Su miel, explica, también cumple un rol espiritual. “No es solo un alimento: es una medicina para el espíritu. Cuando una colmena se instala cerca de una familia, es señal de que ese lugar respeta a la naturaleza”, reflexiona Torres.
Las abejas meliponas no tienen aguijón y, aun así, se comunican y se defienden de forma muy sofisticada: usan sonidos, vibraciones y hasta “empujones” coordinados dentro de la colmena para alertar cualquier peligro.
Una sola fuerza
Este entramado de ciencia, cultura y territorio fue clave para que las ordenanzas tomaran forma con el tiempo. “La combinación del impacto ecológico, cultural, medicinal y económico de las meliponas es lo que llevó a su reconocimiento legal”, señala Vásquez, quien apunta también a que la meliponicultura genera ingresos sostenibles para comunidades vulnerables y, al mismo tiempo, incentiva la conservación del bosque.
Desde el enfoque legal, este paso es histórico tanto para el Perú como para el mundo. “Declarar a las abejas nativas sin aguijón como sujetos de derechos implica reconocer un marco de derechos propios, específicos no solo para ellas, sino también para sus hábitats”, explican Constanza Prieto y Javier Ruiz, abogados ambientalistas del Earth Law Center.
Ya no se trata solo de conservar una especie, sino de reconocer que estos polinizadores y los ecosistemas donde viven tienen derechos propios que deben ser respetados y defendidos por el Estado y la sociedad. “Reconocer derechos a las abejas significa que ya no son solo un recurso, sino seres que deben existir en ambientes sanos y libres de daño”, precisan los expertos Prieto y Ruiz.
Para ellos, este logro sin duda puede ir más allá de lo local. “Estas ordenanzas son un ejemplo para otros gobiernos y abren la puerta a planes concretos contra la deforestación y al control o prohibición progresiva de pesticidas”, indican, sobre lo que sería el inicio de un camino hacia un respeto más contundente a la biodiversidad.
El reto ahora es la implementación de la ordenanza. “Necesitamos más datos, más regulación, frenar la tala de los árboles donde anidan las meliponas y controlar el uso de pesticidas”, advierte Vásquez en esa línea. En tanto, la lideresa kukama Betty Torres reflexiona sobre un anhelo que debería ser el mantra de nuestra sociedad: “Al proteger a una abeja, se protege también el futuro de nuestro pueblo”. //