LucesEste resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

En la explanada de la Arena CDMX, el movimiento empieza mucho antes del show. Con dos horas de anticipación, las filas ya rodean el ingreso: padres con sus hijos, muchos con polos, suvenires y autos de colección de Hot Wheels, avanzan con paciencia. Algunos acceden al ‘meet and greet’, donde todo se vuelve más cercano. Los conductores saludan, posan para fotos y cruzan unas palabras. A pocos metros, los ocho ‘monster trucks’ están en exhibición. Inmóviles, pero intimidantes. Los niños los miran de abajo hacia arriba. Tocan las llantas, señalan detalles. Todo está listo, pero aún en calma.
En la explanada de la Arena CDMX, el movimiento empieza mucho antes del show. Con dos horas de anticipación, las filas ya rodean el ingreso: padres con sus hijos, muchos con polos, suvenires y autos de colección de Hot Wheels, avanzan con paciencia. Algunos acceden al ‘meet and greet’, donde todo se vuelve más cercano. Los conductores saludan, posan para fotos y cruzan unas palabras. A pocos metros, los ocho ‘monster trucks’ están en exhibición. Inmóviles, pero intimidantes. Los niños los miran de abajo hacia arriba. Tocan las llantas, señalan detalles. Todo está listo, pero aún en calma.
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Adentro, la arena luce majestuosa e imponente. Es amplia, cerrada y con una acústica que multiplica cada sonido. El público termina de acomodarse. Cuando las luces se apagan, las pantallas gigantes activan un conteo regresivo. Diez, nueve, ocho. El ruido crece. Al llegar a cero, estalla el show.
MOTORES AL LÍMITE
De pronto, ocho bestias de fierro y motor rugiente irrumpen en escena. Están tuneadas, personalizadas, hechas para el espectáculo. La primera prueba es de saltos. En el centro, una hilera de autos funciona como rampa. Uno a uno, los ‘monster trucks’ aceleran, toman impulso y vuelan. Se mide altura, distancia y, sobre todo, la caída. El público responde a cada intento con gritos y aplausos.

Luego llega la prueba de ‘donuts’. Los autos giran sobre su propio eje a gran velocidad. Levantan humo, polvo y olor a caucho. Es una prueba de control y potencia. Los motores rugen sin pausa. Cada conductor busca destacar con giros más agresivos, aunque no todos logran la misma precisión.
La tercera ronda es el ‘freestyle’, donde no hay un patrón fijo. Cada piloto tiene libertad: saltan, derrapan y encadenan maniobras sin pausa. Buscan sorprender. Los jueces suman puntos por dificultad y ejecución. Al final, se lleva la copa quien acumula el mayor puntaje.

Pero el evento no se queda ahí. Entre prueba y prueba, la arena se transforma. Entran las motocicletas para el ‘motocross freestyle’: cuerpos suspendidos en el aire, trucos imposibles, segundos que parecen congelarse antes de caer.
Hacia el final, llega uno de los momentos más esperados. Un robot dinosaurio gigante aparece en la pista, con una estética que mezcla ciencia ficción y parque de diversiones. Avanza pesado, mecánico, y aplasta autos como si fueran de papel. Es el tramo más teatral de la noche: pensado para los más chicos, pero celebrado por toda la arena.

Detrás del espectáculo, los pilotos detallan lo que ocurre en la pista. Chris Ryan destaca el diseño de los vehículos: “son creaciones increíbles, con líneas únicas”, dice sobre el universo de Hot Wheels. Shane England, en cambio, pone el foco en la conducción: “no puedes ver nada la mayor parte del tiempo; tienes que conocer bien el entorno del vehículo para ejecutar los trucos”.
Rebecca Schnell es una de las pocas mujeres al volante en el circuito de ‘monster trucks’. Lleva seis años como piloto, pero más de una década trabajando con estos vehículos. Su entrada no fue casual: vio un espacio con poca presencia femenina y decidió ocuparlo. “No hay muchas mujeres en este deporte, así que quise intentarlo”, le cuenta a Somos.

Al cierre del evento, con una bandera peruana en las manos, los pilotos adelantan lo que se viene: energía, potencia y buenas dosis de adrenalina. Les entusiasma llegar a nuestro país, conocer al público y sumergirse en una cultura que, según dicen, aún les resulta nueva.
RUMBO AL PERÚ
El rugido que se escuchó en México ya tiene fecha de aterrizaje en Lima: 13 y 14 de junio. ‘Hot Wheels Monster Trucks Live: Glow-N-Fire’ llega por primera vez al país con una producción más grande y adaptada al contexto local. No es una réplica exacta: es una versión pensada para el público peruano.
Este espectáculo llega gracias a las productoras Horizont Entertainment y Vortex Entertainment, que llevan cerca de dos años trabajando en el proyecto. “Ha sido un proceso largo. Nos tomó alrededor de dos años cerrar este acuerdo y hacerlo posible. Es la primera vez que esta marca llega al Perú y para nosotros representa un paso importante en el desarrollo de espectáculos familiares de gran formato”, explica Brenda Rosipigliosi, CEO de Horizont.

La magnitud del evento se entiende desde la logística. Implica el traslado de doce contenedores desde el extranjero, con un viaje estimado de 45 días por vía marítima. En su interior viajan ocho ‘monster trucks, las verdaderas estrellas del show. Todos desembarcan en el puerto del Callao y se trasladan directamente al Estadio San Marcos, elegido como sede por su accesibilidad y capacidad operativa.
El line up confirmado reúne algunos de los modelos más representativos del universo de Hot Wheels, la marca impulsada por Mattel: Mega Wrex, Tiger Shark, Bone Shaker, Bigfoot, Skelesaurus, Gunkster y el debutante Rhinomite. A esto se suman las exhibiciones de ‘freestyle motocross’ y el robot dinosaurio que aplasta autos. El estadio albergará un circuito de tierra construido especialmente para la ocasión, con rampas, zonas de impacto y espacio para acrobacias.

Uno de los cambios clave está en la experiencia previa. Antes del show, el público podrá acceder a una zona abierta con actividades familiares: patio de comidas, juegos inflables y espacios interactivos. A esto se suma una zona exclusiva —con acceso diferenciado— para quienes busquen un contacto más directo: fotos con los pilotos, firmas y cercanía con los vehículos. “Queremos que la experiencia empiece antes de que se enciendan los motores. No es solo venir al show, es venir a pasar el día en familia”, añade Rosipigliosi.
La apuesta no es menor. En un mercado dominado por conciertos y eventos deportivos, este formato busca abrir un nuevo espacio: uno donde la acción en pista, la puesta en escena y la experiencia del público se integran.

Lima no será solo una escala más en la gira. Tendrá una versión más ambiciosa, diseñada para marcar diferencia. La promesa: un espectáculo que deje huella desde su primera función. //
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