Stephanie Cayo vuelve a la pantalla con una historia sobre el olvido. Afuera, en cambio, todo parece recordarle quién es. “Es el amor a pesar de la memoria, de las diferencias y del destiempo. Y es incondicional”, asegura. No habla de ella. O no del todo. Habla de Julia Jasso, la doctora que interpreta en “Doc”, una mujer destinada a amar a un hombre que tras perder la memoria en un accidente ya no la reconoce. Pero la frase parece ir más allá del personaje, como si también explicara el momento que atraviesa.
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Porque mientras su regreso a la actuación se sostiene sobre una historia de pérdida, de reconstrucción y de segundas oportunidades, su vida fuera de cámara parece ir en sentido contrario. Cada gesto visible se amplifica, se comenta y se interpreta. Y en el centro de esa atención está el nombre de Alejandro Sanz.
Stephanie regresa a la pantalla tras dos años alejada de la actuación. Durante ese tiempo se instaló en Madrid, donde se dedicó a escribir una serie y una película que aún desarrolla, además de llevar cursos de filosofía e historia.
“Quise probar cómo era vivir en España. Fue un tiempo elegido. Podía hacerlo y lo necesitaba”.
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La actriz de “Yucatán” y “Hasta que nos volvamos a encontrar” trabaja desde que tiene memoria. Hizo su primer comercial a los tres años, y a los 9 grabó su primera telenovela. Desde entonces, se acostumbró a no detenerse.
“Sin embargo, cuando me han pasado cosas importantes… he parado. Cuando murió mi padre, paré. Cuando he tenido cambios fuertes, también”, detalla.
Esta vez, el cambio no era visible desde afuera. No había titulares. Pero era igual de necesario.
“Me mudé muchas veces, viví en diferentes países y creo que un actor necesita eso… espacio para curar cosas, conocerse, vivir. Mi cuerpo necesitaba tiempo para procesar”, reconoce.
En ese recorrido, algo se ordenó. Maduró en muchos aspectos, pero sobre todo a nivel emocional.
“Hay diferentes áreas donde maduras. De repente en mi trabajo yo era muy madura… en cosas de responsabilidad, de familia. Eso lo tenía desde siempre. Pero quizás en la vida emocional… ahí sí he mejorado mucho más. Y han ido a la par con mi oficio”, asegura.
Por eso “Doc” no llega como un regreso cualquiera. Llega cuando ya no necesita demostrar, cuando por primera vez en mucho tiempo, sabe exactamente desde dónde quiere contar.
Para interpretar a Julia, Stephanie no se quedó solo en la emoción. Hubo método. El trabajo fue técnico y emocional.
“Es una doctora muy educada y aplicada. Y yo soy muy aplicada en mi vida, me gusta leer, aprender mucho. Tuvimos apoyo de doctores reales en el set. Trabajamos mucho la parte médica: las palabras, la forma de hablar, los formalismos para dar un diagnóstico”.
“Doc” tendrá una segunda temporada, una señal de que el momento que atraviesa Cayo no es pasajero. Ella, en el fondo, ya lo intuía.
“Te voy a decir la verdad: siempre me imaginé llegar lejos. Y todavía me imagino más lejos. Sé que tengo el talento y el trabajo. Y si no, voy a meterle horas. Porque esto me encanta”, reafirma.
Mientras esa historia avanza en pantalla, otra —menos controlada— se instala fuera de ella. Las versiones sobre un posible vínculo con Alejandro Sanz tomaron fuerza durante la gira latinoamericana del artista español. No fue un hecho aislado: hubo apariciones en conciertos en Colombia, Ecuador y Perú, además de gestos de cercanía fuera del escenario. El momento más comentado ocurrió en Guayaquil, cuando, en pleno show, Sanz se acercó hasta donde estaba ella y la besó.
Stephanie no confirma ni desmiente un romance con el cantante de “Pisando fuerte”. En medio de la exposición, opta por poner límites.
“Lo bonito hay que cuidarlo”, dice. “Alejandro es alguien a quien admiro profundamente, desde siempre. Es uno de los grandes de Hispanoamérica y valoro mucho lo que piensa… y lo que tiene que decir. Puedo decirte que la serie le ha gustado mucho”, añade, con una pícara sonrisa.
Ante la insistencia por saber si hoy está enamorada, la menor de los hermanos Cayo no evade la pregunta, pero tampoco da detalles.
“Estoy en un momento muy bonito. Con esta madurez me he dado cuenta de que hay que cuidar las cosas y a las personas. Hay que cuidar lo bonito. Y ahora más que nunca siento esa necesidad. Lo que estoy viviendo lo voy a cuidar como oro”, asegura.
Luego deja claro que el amor, en su vida, no es circunstancial. Siempre ha sido una prioridad.
“Soy una persona romántica. Escribo poemas de amor. No es una declaración ligera. Es una forma de entenderlo todo. Si no hubiera visto a Julia, mi personaje, con el amor que la veo… no me hubiera podido conectar con su dolor”, confiesa.
Cayo estuvo casada con el empresario Chad Campbell durante casi una década. Se separaron en el 2021. Más tarde, tras protagonizar “Hasta que nos volvamos a encontrar”, fue vinculada con su coprotagonista, el actor Maxi Iglesias.
A partir de esas experiencias, Stephanie parece haber afinado una forma distinta de vivir lo personal. Entendió que hay vínculos que se cuidan mejor en silencio.
“El amor es lo más importante para mí. Pero no tengo por qué contarlo. A quien tengo que decirle algo es a mi abuela, a mis amigas, que se mueren de la risa conmigo y me hacen bullying de todo tipo”, confiesa.
Y ese momento —el que hoy atraviesa— no es casual. Llega después de una pausa elegida, de decisiones incómodas, de un tiempo en el que tuvo que mirarse sin distracciones. No es un punto de llegada, sino una especie de equilibrio: entre lo que dejó atrás, lo que entendió y lo que empieza a construir.
La música, pero en voz baja
Stephanie Cayo también canta. Tiene canciones grabadas, una relación antigua con la música, pero no la vive como una extensión pública de su carrera, sino como un espacio casi resguardado.
“La música es todo. Son las emociones con el cuerpo, con tu voz más íntima. Si es una canción que tú escribiste, te pone en el lugar más vulnerable que pueda haber. Me gusta cantar para grupos pequeños, en lugares íntimos. Tengo miedo a los lugares grandes, a las cantidades de público”, confiesa.
Ese miedo no es reciente. Viene de antes. Cuando tenía ocho años, vio de cerca lo que significaba la masividad. Sus hermanas llenaban estadios con Torbellino. Vivió de cerca las multitudes, los gritos, el desborde.
“Yo estaba muy asustada por ellas. Ese recuerdo se quedó. Cantar delante de mucha gente… lo he hecho alguna vez y me muero. Me da unos nervios que no te puedes imaginar. Mi relación con la música va a estar ahí toda la vida. Pero no como carrera. La amo, pero no necesito vivir de ella”, subraya.