Por Jorge Chávez Noriega

En el Perú, lamentablemente, no existe hoy un festival de música de gran formato que reúna durante varios días a artistas globales, escenarios simultáneos y una propuesta integral del nivel de Lollapalooza. Incluso, ciudades como Bogotá y Asunción ya han consolidado sus propias citas —Estéreo Pícnic y Asunciónico—, muestras claras de cómo la región ha sabido desarrollar este tipo de encuentros. Esa ausencia termina empujando a los peruanos a mirar fuera de sus fronteras si quieren vivir, de verdad, una experiencia musical que aún no ocurre en estas tierras y que, por ahora, parece lejana.

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