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Lo que comenzó como una idea para resolver una necesidad económica terminó convirtiéndose en algo que Luis Gonzales no había imaginado: una comunidad que se reúne alrededor de la salsa, pero que, sobre todo, encuentra en la pista de baile un espacio para sentirse segura, respetada y libre. Así nació Rumba Salsera Diversa, o mejor conocida entre los asiduos asistentes como RSD, una fiesta que en poco más de dos años pasó de reunir a familiares y amigos a convocar a cientos de personas de distintas edades, historias e identidades.
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La primera edición ocurrió el 20 de julio de 2024, Luis alquiló un pequeño espacio del Club Casino de La Victoria, esperaba recibir a 80 personas, pero llegaron alrededor de 180. La convocatoria se hizo principalmente a través de sus redes sociales y, aunque al inicio el público estaba compuesto por personas cercanas, pronto la fiesta comenzó a crecer de manera orgánica.
Así empezó la popularidad de RSD, para la segunda edición, la convocatoria ya había comenzado a trascender al círculo cercano de Gonzales. TikTok jugó un papel importante, Luis tiene una cuenta bajo el nombre “No soy melómano”, donde compartía canciones que le gustaban y luego comenzó a mostrar lo que ocurría en las fiestas. El se compartió rápidamente y, para septiembre de 2024, llegaron alrededor de 400 personas. Para noviembre, incluso una pareja de adultos mayores le contó que había conocido la fiesta precisamente a través de TikTok.

Cuando Luis notó que RSD ya no era una fiesta solo para sus conocidos, tuvo claro que quería construir un lugar diferente. Uno en el que la gente pudiera bailar como si estuviera en casa. “Quiero que sea un espacio seguro y respetuoso”, explica. Esa idea terminó convirtiéndose en una de las características que más identifica a la propuesta y que, con el tiempo, hizo que la propia comunidad adoptara la fiesta como un lugar de encuentro.
¿Y la salsa? Esa llegó de manera natural, Luis creció rodeado de música, su abuelo y su bisabuelo fueron músicos y, desde niño, este género formó parte de su vida. Aunque no se considera DJ ni músico profesional, siempre ha tenido una relación cercana con la música. En el colegio tocó trombón de manera amateur y, durante años, fue de esos amigos que llegaban a las reuniones con las canciones listas para poner a bailar a todos. Hoy esa costumbre se convirtió en una de las tareas que más disfruta: preparar el playlist de cada edición, entre risas cuenta que él solo le day “play” a cada canción, no hay platos, ni nada sofisticado.
Él prepara entre 50 y 60 canciones para cada fiesta, pero también observa a quienes están en la pista y decide sobre la marcha qué canción puede funcionar. “Voy desde el feeling”, cuenta. Es una manera de entender la música que también explica la diversidad del público: “en RSD pueden coincidir personas que conocen profundamente la salsa con otras que simplemente quieren bailar una canción que les recuerda a su infancia”.
El encuentro entre generaciones es, quizás, una de las imágenes más potentes de RSD. Luis recuerda haber visto desde la cabina a una mujer de unos 70 años bailando y pensar en su propia abuela. Para él, ese momento resumía lo que estaba ocurriendo: la salsa podía reunir a personas que, en otros espacios nocturnos, difícilmente coincidirían. Adultos mayores, jóvenes, parejas, amigos y miembros de la comunidad LGTBIQ+ comparten la misma pista, RSD dejó de ser solamente una fiesta para convertirse en un fenómeno cultural, como lo ha denominado Luis.

Pero en esa línea, la palabra “diversa”, no es un adorno en el nombre, es parte del ADN de la fiesta. Para el creador de RSD, la diversidad comienza por reconocer que las propias familias son diversas y que muchas personas no encuentran necesariamente espacios donde puedan mostrarse como son. Por eso insiste en que los pilares de RSD son dos: respeto y seguridad. La salsa es el punto de encuentro, pero no el único objetivo.
Esa filosofía también se traduce en reglas concretas. Si alguien incomoda, invade el espacio personal de otra persona o cruza los límites establecidos, interviene el equipo de seguridad. No hay demasiadas discusiones: el respeto no es negociable. Para Luis, la idea es que lo aprendido dentro de la fiesta pueda trasladarse también a la vida cotidiana. “Lo que pasa en RSD se debe replicar en tu día a día”, plantea.

La seguridad, además, está presente en detalles que podrían pasar desapercibidos: las luces del local siempre permanecen encendidas porque permiten que las personas puedan verse y facilitan el control del espacio, el evento termina alrededor de las cuatro de la mañana y existe personal pendiente de lo que ocurre incluso fuera del local. En una ciudad donde la noche suele estar asociada a la inseguridad, Luis busca que la experiencia sea distinta.
También han llegado rostros conocidos a bailar, la cantante Susana Baca asistió a una de las ediciones y su presencia fue recibida con entusiasmo, pero sin modificar la esencia del evento. Luis cuenta que la artista se integró con naturalidad y que incluso se preocupó por mantener un ambiente en el que pudiera disfrutar sin ser constantemente interrumpida.

La salsa, el corazón de RSD
Luis no pretende convertir RSD en una fiesta exclusivamente para conocedores de salsa, ni llenar la pista con canciones que solo él disfruta. Su playlist busca tender puentes entre generaciones. Hay clásicos que evocan a los padres y abuelos, canciones que forman parte de la memoria colectiva y temas más recientes que pueden sorprender al público. Para él, una buena canción no se mide solamente por su popularidad, sino por lo que provoca cuando comienza a sonar.
Hay canciones que ya se han convertido en rituales, como “Perdóname” de Gilberto Santa Rosa y “Dicen que soy” de La India, cuando empiezan a sonar, los teléfonos se levantan y la pista se transforma en un coro colectivo. Son esos minutos en los que las diferencias parecen desaparecer y todos comparten la misma memoria musical.
Todo lo que queda de 2026, RSD tiene previstas nuevas ediciones, la más retadora será la del 31 de octubre, en la que competirán con grandes fiestas, pero Luis prefiere no llamarle competencia porque dice que siempre hay público para todos.
Sin embargo, uno de los objetivos de Luis y su equipo es llevar el concepto fuera de Lima, en febrero hicieron una Yunza en El Carmen, como la primera edición de RSD en Lima, superó las pocas expectativas que llevaba el equipo, ahora su gran desafío es precisamente ese: demostrar que la comunidad puede crecer sin perder aquello que la hizo especial. Ha imaginado fiestas en otras ciudades del Perú e incluso en lugares donde viven compatriotas peruanos, como Nueva York, Miami o Italia.

Pero, pese al crecimiento, Luis no habla de RSD como un proyecto construido exclusivamente por él. Al contrario, reconoce que la comunidad se ha ido apropiando de la experiencia. Lo que comenzó con él, su hermana, su papá y una persona de seguridad hoy involucra a unas 50 personas en la organización. “Se está construyendo con todos los asistentes y con todas las personas que nos ayudan”, dice.
Quizá ahí está la verdadera historia de Rumba Salsera Diversa. No se trata únicamente de una fiesta que encontró un público, por el contrario, es una fiesta que encontró una necesidad: la de tener un lugar donde bailar sin miedo, conocer a otros, escuchar canciones que despiertan recuerdos y compartir la pista con personas que, fuera de ella, probablemente nunca se habrían encontrado. Y mientras la salsa siga sonando, Luis parece tener claro que la rumba recién comienza y que tiene para rato.
Dirección: Club Social "Casino de La Victoria" (Av. Bauzate y Meza 479 - La Victoria)
Horario: 8:00PM a 4:00AM
Entradas: +51948646826
Redes Sociales: Rumba Salsera Diversa - RSD
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