La educación es la oportunidad más valiosa que existe para el desarrollo personal, social y económico de millones de personas. En el marco del Día Internacional de la Educación, vale la pena detenernos a reflexionar sobre cómo la transformación digital, impulsada por la nube y la inteligencia artificial, está empezando a cambiar de manera concreta la educación superior en el país.
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El contexto es claro: el Perú ha avanzado en conectividad, pero el reto hoy es convertir ese acceso en experiencias educativas de mayor calidad. Según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), al cierre de 2024, el 89,8% de la población de seis años a más accedió a Internet a través de un teléfono móvil, y más del 90% de los usuarios se conecta a diario. Esta base digital abre una oportunidad única para repensar cómo enseñamos, cómo aprendemos y cómo acompañamos a los estudiantes a lo largo de su trayectoria académica.
Sin embargo, la tecnología por sí sola no transforma la educación. El verdadero cambio ocurre cuando la nube y la inteligencia artificial se integran a una visión pedagógica clara, centrada en las personas y guiada por principios éticos. En educación, esto es especialmente importante: usar IA de manera responsable es como darle a un estudiante una calculadora en clase de matemáticas. Necesita reglas claras sobre cuándo puede usarla, debe asegurarse de que funcione correctamente y no dé resultados erróneos, y sobre todo, debe ser una herramienta que ayude al estudiante a aprender, no algo que haga todo el trabajo por él. La IA debe apoyar a profesores y estudiantes, nunca reemplazar la conexión humana que hace posible el verdadero aprendizaje.
En la práctica, la inteligencia artificial generativa empieza a transformar toda la jornada educativa del estudiante. Utilizada de forma responsable, permite personalizar contenidos, ofrecer acompañamiento más oportuno y detectar a tiempo riesgos de deserción o dificultades académicas. Para los docentes, representa una oportunidad para liberar tiempo: automatizar tareas administrativas, crear materiales base o analizar información académica les permite enfocarse en lo que realmente importa; enseñar, guiar y formar pensamiento crítico. Esto, por supuesto, exige capacitación continua y un cambio cultural que integre tecnología y pedagogía de manera coherente.
Un ejemplo concreto de este enfoque es el caso de Grupo Laureate, que cuenta con tres universidades en Perú, como la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, y más de 500 mil estudiantes en Latinoamérica. El grupo educativo identificó una problemática latente, pues cuando los estudiantes eligen una carrera equivocada pueden abandonar los estudios o caer en la frustración académica. Gracias a la IA, las universidades ahora pueden ofrecer una orientación profesional más acertada ayudando a los jóvenes a descubrir qué carrera se ajusta mejor a sus intereses y habilidades. De igual forma, ha desarrollado un asistente virtual disponible 24/7 para responde preguntas administrativas, planes de estudio o contenidos académicos permitiendo a los estudiantes repasar conceptos vistos en clase o aclarar temas que no quedaron completamente claros durante la clase.
La transformación digital en educación no es una meta que se alcanza de un día para otro. Es un proceso continuo, que requiere visión de largo plazo, colaboración entre actores, reglas del juego claras, herramientas seguras y, sobre todo, un enfoque centrado en las personas. Por el Día Internacional de la Educación, que fue el sábado 24 de enero, mi llamado es a impulsar una tecnología con propósito, que acompañe a estudiantes y docentes, refuerce la confianza y contribuya a construir un sistema educativo más inclusivo, resiliente y preparado para el futuro.