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La olvidada conferencia de Alma-Ata, por el doctor Elmer Huerta

Durante esta reunión se estableció que el cuidado primario debe ser el núcleo del sistema de salud. Sin embargo, esta idea está cayendo en el olvido

Elmer Huerta

Columna de Elmer Huerta. (El Comercio)

Agencias

Alma-Ata (ahora llamada Almaty) es el antiguo nombre de la ciudad
más importante de Kazajistán, estado independiente que fue parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) hasta 1991. En
esa ciudad, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Unicef organizaron del 6 al 12 de setiembre de 1978 la Conferencia Internacional de Cuidado Primario de la Salud, una de las conferencias de salud pública más importantes de la historia. En total 134 países y 67 organizaciones de salud firmaron en ese momento
la Declaración de Alma-Ata.

En la cita se reconoció por primera vez que la salud es un derecho humano fundamental y se lanzó la ambiciosa meta de que para el 2000 debía llegar a todos los habitantes de un país, gracias al desarrollo de un fuerte sistema primario de salud. Lástima que poca gente recuerde esa conferencia, si no pregúntele a algún familiar que sea médico o estudiante de medicina si sabe algo de la conferencia de
Alma-Ata de 1978. Probablemente, alguno le dirá que ese nombre le suena.

Han pasado cuarenta años desde Alma-Ata y el objetivo de que el cuidado primario de la salud sea el núcleo de un sistema de salud obviamente no se ha cumplido, aunque aparece ocasionalmente en planes electorales, como el que llevó al presidente Pedro Pablo Kuczynski al poder. El cuidado primario es aún el patito feo de los sistemas globales de salud y el reciente anuncio de la construcción del hospital de Manchay lo prueba.

—Cuidado primario de la salud—

De acuerdo a la Declaración de Alma-Ata, el cuidado primario de la salud es el tipo de asistencia sanitaria más esencial que existe y, además de estar basado en métodos y tecnologías prácticas y científicamente validadas, debe ser socialmente aceptable para
el público usuario, así como estar disponible para todos
los individuos y familias de una cierta comunidad. El sistema
debe hacerse con plena participación de los usuarios del sistema y debe hacerse a un costo que la comunidad y el país puedan afrontar. Además de ser parte del sistema nacional de salud –del que es elemento central y núcleo principal–, la atención primaria debe contribuir al desarrollo social y económico de la comunidad.

En términos sencillos, amable lector, el sistema primario de salud se centra en el desarrollo de una red de postas médicas o centros de salud comunitarios eficientes y no en la construcción de aislados hospitales como el que se planea construir en Manchay, ubicado en el distrito de Pachacámac.

—Soñar no cuesta nada—

Imagínese que, en vez de gastar 100 millones de soles en construir un solo hospital para los 140.000 habitantes de Manchay –el que al mes de inaugurado tenga colas desde las 5 de la mañana, y que en un año resulte completamente insuficiente–, se construya una red local de 10, 20 o 30 centros de salud –un número que se determine después de
cuidadoso estudio–, la cual atienda siete días de la semana (igual que un hospital que no cierra nunca), de 7 de la mañana a 7 de la noche (algunos por 24 horas) y que tenga los elementos básicos de atención
primaria (consultorios, rayos X, un laboratorio pequeño).

Esa red –interconectada para tener historias clínicas electrónicas– vería el 85% de problemas de salud que afectan al ser humano y que pueden ser resueltos por un médico general. Nos referimos a una red que disponga de un equipo de educadores de la salud que haga campañas educativas y de prevención en el vecindario en el
que se encuentra uno de los centros médicos. ¿Cuál cree usted que tendría más impacto para el desarrollo integral de la población de Manchay? ¿Un aislado hospital o una red integrada de centros de
salud bien distribuidos, diseñados y equipados?

—Alma-Ata, 40 años después—

No se sabe el porqué los programas de cuidado primario de salud no han sido adoptados con la prontitud que merecen. Se piensa que la Conferencia de Desarrollo de Salud y Población en Bellagio (Italia),
promovida por la Fundación Rockefeller un año después de Alma-Ata, y que creó el programa GOBI-FFF (control del crecimiento, rehidratación oral, lactancia materna, vacunaciones, suplementación
de alimentos, educación de madres y planificación familiar), diluyó el
amplio espíritu de Alma-Ata y lo volvió a encerrar en programas verticales específicos. Otros dicen que el celo de los médicos, ante el protagonismo del personal no médico del modelo, y su educación centrada en la curación y no en la prevención de las enfermedades
han contribuido a la lenta adopción del cuidado primario de la salud.

Otra razón es que la sociedad –incluidos políticos y ministros de Salud– está más acostumbrada a pensar en términos de tratamiento
que en prevención de enfermedades. Eso hace que –al igual que el templo para una religión– la gente crea que el hospital es el centro del sistema de salud y su construcción sea una prioridad.

Otra razón es que, políticamente hablando, es mucho más fácil construir un hospital que diseñar y planificar una red de centros primarios.

Tomar la decisión política y económica, licitar la construcción del hospital, tomarse la foto con la maqueta y para la inauguración, y listo, se abre el hospital. “Ya su funcionamiento es otra cosa, de eso
que se ocupe el personal con lo poco que tiene. Como político, ya resolví el problema y estoy listo para construir el próximo hospital, sin importar que con eso perpetúe un sistema de salud centralizado y enfermo”. Esta es una forma errónea de pensar.

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