Tomar café por la mañana está asociado con el buen humor matutino, reveló un reciente estudio publicado en la revista Scientific Reports de Nature. El efecto positivo se observa incluso en personas con ansiedad o con problemas de sueño.
El estudio halló que las personas que toman café en las primeras horas de la mañana mejoran su humor y lo mantienen por unas dos horas y media, tras lo cual los efectos disminuyen. Sin embargo, una taza consumida por la noche provocaba un ligero repunte en el buen ánimo.
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Para llegar a esta conclusión, los investigadores, durante un mes, registraron la experiencia de 236 personas de entre 18 y 29 años. El muestreo incluyó cerca de 23,000 anotaciones, a partir de las cuales identificaron patrones de consumo de cafeína y su impacto emocional.
Se descubrió también que los efectos se daban sin importar si los participantes tenían síntomas de depresión o ansiedad, si dormían mal o si eran dependientes de la cafeína. Un hallazgo curioso, teniendo en cuenta que, por lo general, no se recomienda la cafeína a personas ansiosas debido a su potencial para generar efectos adversos.
El estado de ánimo positivo guardó relación con el nivel de cansancio: quienes despertaron más fatigados de lo habitual obtuvieron un mayor beneficio emocional después de una taza de café.
En cambio, los efectos positivos del café disminuían si se bebía en compañía de otras personas. Los científicos creen que el fenómeno se debe a que, por sí misma, la interacción social ya eleva el ánimo, y una taza de café no puede potenciar más ese estado de confort.
La cafeína actúa bloqueando los receptores de adenosina, molécula que reduce la liberación de neurotransmisores estimulantes al fijarse en el sistema nervioso central. De esta manera, el cuerpo sigue produciendo dopamina y noradrenalina, responsables del característico estado de euforia.
El consumo de café mejora la energía, la concentración y el rendimiento cognitivo. No obstante, superar los 400 miligramos diarios puede provocar ansiedad, irritabilidad e insomnio. La clave es, como siempre, consumirla con moderación.