(Foto: EFE)

Al menos sesenta se acercaron a la aldea de Kaktovik () para alimentarse. Especialistas señalan que se trata de un comportamiento que resulta una consecuencia del cambio climático.

Los ejemplares han aprendido a descender hasta esta comunidad Iñupiat de 262 personas. Cada año, con la llegada del final del verano, realizan una pesca de ballenas.

Con el permiso de la Comisión Internacional sobre Ballenas, esta aldea pesca anualmente tres ballenas, una labor fundamental para la supervivencia y directamente relacionada con la identidad cultural de esta comunidad, cuyos residentes se reparten la carne y la grasa de los cetáceos.

Los osos abandonan estos días su hábitat natural para buscar en Kaktovik las carcasas y demás sobras de las ballenas, lo que hace que se acerquen al hombre mucho más de lo que suelen hacerlo.

Con la llegada de los osos también llegan a esta aldea cientos de turistas que, sobre pequeños barcos, pueden observar el espectáculo de estos enormes animales recostándose sobre el hielo a la espera de su banquete.

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