Cuanto más pasan los años, los estallidos rápidos de radio se tornan más enigmáticos. (Imagen: Andrew Howells)
Cuanto más pasan los años, los estallidos rápidos de radio se tornan más enigmáticos. (Imagen: Andrew Howells)
Redacción EC

Desde su descubrimiento hace una década, los estallidos rápidos de radio (o FRB) han traído de cabeza a los astrónomos de todo el mundo. Y justo ahora, cuando pensaban que empezaban a comprenderlos, han detectado uno nuevo -el más cercano a la Tierra- que pone en cuestión todo lo que sabía de ellos.

Los estallidos rápidos de radio -uno de los mayores misterios del universo- son unos destellos luminosos que duran milisegundos y que surgen de distintos puntos del cosmos.

Desde que se detectó el primero de ellos, los astrónomos han observado cientos de estos objetos, pero solo se conoce la ubicación precisa de cuatro de ellos: uno, el FRB 121102, se repite periódicamente, y los otros tres fueron vistos una sola vez.

Además, de los cuatro localizados, el que se repite está en una galaxia muy pequeña que produce estrellas y los otros tres surgieron de galaxias completamente distintas, de galaxias “muy grandes”.

A partir de ahí, los astrónomos establecieron que los FRB se podían dividir entre los que se repiten y surgen de galaxias pequeñas, y los que no se repiten y proceden de galaxias grandes. Hasta ahora.

El radiotelescopio ASKAP de CSIRO fue uno de los instrumento que detectó los FRB. (Foto: CSIRO)
El radiotelescopio ASKAP de CSIRO fue uno de los instrumento que detectó los FRB. (Foto: CSIRO)

Y es que el año pasado, el telescopio canadiense CHIME detectó un nuevo estallido (el FRB 180916.J0158+65) cuya ubicación no estaba clara y que fue estudiado después por un equipo de astrónomos liderado por el astrofísico cántabro Benito Marcote, investigador del The Joint Institute for VLBI ERIC (JIVE) de Holanda.

El pasado 19 de junio, combinando ocho radio telescopios de la red europea VLBI, Marcote y su equipo estudiaron la zona en la que se había visto el estallido y gracias a la resolución de los telescopios -permitiría distinguir a una persona caminando sobre la Luna- detectaron cuatro haces de luz.

Una vez conocida la ubicación de los estallidos, el mismo equipo utilizó uno de los mayores telescopios del mundo, el telescopio de ocho metros de Gemini, en Mauna Kea (Hawái) y determinó que los estallidos procedían de una galaxia espiral situada a unos 500 millones de años luz y con una notable formación estelar, un hallazgo que se describe hoy en Nature.

Este FRB no encaja “con nada” de lo que habían establecido hasta ahora. “Es completamente diferente al único FRB recurrente que se había localizado pero también de los que no lo son”, explica a Efe Benito Marcote.

Las diferencias entre unos y otros ya no están tan claras, por lo que empezaron a pensar que estos objetos “no están vinculados a ningún tipo concreto de galaxia o entorno concreto, sino que es posible que los FRB se produzcan en cualquier lugar del Universo y que únicamente se requieren ciertas condiciones para verlos”, detalla el investigador español.

El hallazgo, sin embargo, tiene algo a su favor: es el más cercano a la Tierra (500 millones de años luz), frente a los 5.000 millones de años luz de otro FRB recurrente, “lo que permitirá un nivel de observación sin precedentes”.

Los otros estallidos, los que solo hemos visto una vez, se estiman que surgieron de puntos del universo situados a unos 50.000 o incluso 100.000 millones de años luz, lo que hace pensar que es posible que se repitan pero que su señal es tan débil que solo los hayamos visto una vez, reconoce Marcote.

“Esperamos que estudios continuados revelarán las condiciones que permiten la existencia de estos misteriosos estallidos. Nuestro objetivo sigue siendo ubicar con precisión más FRB para entender su origen al detalle”, concluye Jason Hessels, del instituto holandés de radio astronomía Astron y la Universidad de Amsterdam.

Y es que, aunque los estallidos siguen siendo un misterio, su estudio puede aportar ideas sobre el Universo en sí mismo y sobre muy diferentes áreas de la astronomía.

“Mientras continuamos desentrañando el misterio de los FRB, los astrónomos necesitan ser capaces de estudiar estos objetos con un increíble detalle. La sensibilidad de los radio telescopios del EVN es una oportunidad única para observar estos eventos, y avanzar en el entendimiento de estos objetos enigmáticos”, concluye el director del Joint InsJtute for VLBI ERIC, Francisco Colomer.

EFE

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