Modelo del autómata del caballero de Leonardo junto con sus mecanismos internos (exposición Leonardo da Vinci. Mensch - Erfinder - Genie, Berlín 2005). (Foto: Erik Möller)
Modelo del autómata del caballero de Leonardo junto con sus mecanismos internos (exposición Leonardo da Vinci. Mensch - Erfinder - Genie, Berlín 2005). (Foto: Erik Möller)
Redacción EC

En la no todo eran guerras y oscurantismo, también hubo espacio para la diversión e incluso para el ingenio. En el siglo XV, muchas cortes de la nobleza italiana rivalizaban por ver quién ofrecía el mejor espectáculo. Y de entre todas, había una que destacó gracias a la genialidad de uno de los hombres más famosos de la historia: .

Pintor, escultor, ingeniero, arquitecto, músico, escritor; sin duda, Leonardo fue un hombre polifacético que también supo aprovechar sus múltiples dotes para divertir e impresionar a la nobleza de Milano, a donde llegó por encargo de Lorenzo de Médici, llamado el magnífico, gobernante de Florencia y conocido por ser mecenas de varios artistas de le época.

Lorenzo envió al genio florentino como ofrenda a la corte de los Sforza, en Milán, que en ese momento era regentada por Ludovico de Sforza, amante de las artes y humanidades, para así ganarse los favores de un poderoso aliado. Allí, en 1495, entre toda su fructífera producción de obras artísticas e inventos, Leonardo diseñó una de sus mayores excentricidades.

Se trató nada menos que de un caballero mecánico que podía sentarse, levantarse, mover la cabeza y los brazos e incluso pudo haber emitido sonidos por la boca mediante un sistema de percusión. En definitiva, fue una creación adelantada para la época. Hasta donde se sabe, es muy probable que este autómata del siglo XV haya tenido como objetivo amenizar las fiestas.

Construcción del robot de Leonardo da Vinci en los laboratorios de Leonardo3 Milán, Italia. 2007. (Foto: Mario Taddei)
Construcción del robot de Leonardo da Vinci en los laboratorios de Leonardo3 Milán, Italia. 2007. (Foto: Mario Taddei)

El robot poseía las proporciones ideales del cuerpo humano y contaba con un complejo circuito en su interior. Gracias a los abundantes estudios del florentino en anatomía y a su exploración en la biomecánica, el ‘Automa cavalier’, nombre en italiano con el que fue bautizado este hombre mecánico, pudo imitar en apariencia y movimientos a una persona.

El invento permaneció perdido en el tiempo durante casi cinco siglos. Hasta los años 1950 en que el historiador Carlo Pedretti, especialista en da Vinci, encontró unas páginas intrigantes entre una nutrida colección de documentos del artista, según narra el diario español "El País". A día de hoy, los conocimientos que tenemos de la máquina se extraen de estas páginas.

El ‘Automa cavalier’ se dividía en dos sistemas independientes. En los brazos había cuatro partes articulares: hombros, codos, muñecas y manos. En las piernas tenían tres puntos móviles: cadera, rodillas y tobillos.

No obstante, los diseños indican que la máquina humana se movía en bloque. Un controlador mecánico dentro de la caja torácica del robot permitiría programar el control de los brazos, mientras que las extremidades inferiores eran controladas por operarios que accionaban manivelas externas, con las que se imprimía el impulso necesario mediante un cable a las tres articulaciones mecánicas.

Si bien se piensa que el robot fue construido en su tiempo, no se tiene pruebas documentales que lo confirmen. Lo que sí se ha comprobado es que el modelo es totalmente funcional. En las últimas décadas, varios proyectos han logrado reproducir el invento según los diseños de su creador.

Con información de "El País" de España

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