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La ciencia en tiempos de Donald Trump

Esta nueva administración ha tomado medidas que ha generado preocupación en la comunidad científica

Donald Trump

Donald Trump anunció este año el retiro de EE.UU. del Acuerdo de París, que busca mitigar los efectos del cambio climático. (Foto: EFE)

EFE

Apenas habían pasado tres meses de la asunción de Donald Trump a la presidencia de EE.UU. y ya miles de personas se alzaban en Washington DC y otras ciudades para protestar en contra de su política en temas científicos. A punto de acabar el año, hagamos un recuento de las medidas que ha tomado esta nueva administración y que han generado preocupación en la comunidad científica.

–En contra del planeta–

No es secreto que Trump no cree que el hombre sea el principal causante del cambio climático. Es por eso que uno de sus primeros mandatos fue designar a Scott Pruitt –un firme opositor de las leyes de protección del medio ambiente– jefe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Es más, Pruitt anteriormente demandó 14 veces a la EPA.

Tras asumir el cargo, en febrero, derogó una docena de normas que regulaban las emisiones contaminantes y los residuos peligrosos. También firmó una orden para desarmar el plan de energía limpia que lanzó el ex mandatario Barack Obama, que busca controlar las emisiones de dióxido de carbono (CO2) de las centrales eléctricas.
Siguiendo la misma tendencia, nombró secretario de energía a Rick Perry, quien, durante una entrevista con la cadena CNBC, dijo que no cree que el CO2 fuese la primera fuente de control para el clima.

Pero quizá el anuncio más controversial –en temas ambientales– que Donald Trump hizo este año fue el retiro del Acuerdo de París, que busca limitar el aumento de la temperatura global a 2 °C, para así mitigar los efectos del cambio climático.

Según Trump, el abandonar el acuerdo ayudará a las industrias de petróleo y carbón de su país y a la generación de empleos.
De acuerdo con los términos del pacto, ningún país puede retirarse de forma oficial hasta noviembre del 2020, por lo que varios estados del país norteamericano se han comprometido a actuar frente a este fenómeno ambiental.

–Historia desprotegida–

Pero no solo los estudiosos del medio ambiente están preocupados, también los paleontólogos. Recientemente Trump anunció su plan para reducir en un 85% el área del Monumento Nacional Bears Ears, de 61.000 hectáreas. Asimismo, disminuirá a la mitad el Monumento Nacional Grand Staircase Escalante, con 760.000 hectáreas. El problema es que ambas zonas protegidas son conocidas por albergar restos de antiguos asentamientos humanos, ecosistemas únicos y fósiles.

Según Trump, los presidentes que crearon estos monumentos –Obama y Bill Clinton, respectivamente– abusaron severamente de su autoridad. “[La ley] requiere que solo se reserve el área más pequeña necesaria para protección especial como monumentos nacionales”, dijo Trump en declaraciones en Salt Lake City.

“Desafortunadamente, las administraciones anteriores han ignorado el estándar y han utilizado la ley para encerrar cientos de millones de acres de tierra y agua bajo estricto control gubernamental”.

Para David Polly, presidente de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, las “dos áreas contienen registros fósiles notables de intervalos importantes de la historia de América del Norte, incluidos segmentos que no se pueden estudiar en otro lugar”.

Pero la reducción no acaba ahí, el gobierno ha señalado que se podría disminuir el tamaño de otros dos monumentos: el Cascade-Siskiyou y el Gold Butte. Esto facilitaría el acceso a la actividad industrial.

–Censura y salud–

Hace pocos días “The Washington Post” alertó a la comunidad científica de EE.UU. de un caso de manipulación de información: la administración de Donald Trump habría prohibido a los centros para el control y la prevención de enfermedades (CDC) el uso de siete palabras en su presupuesto del 2018. Estas serían: “vulnerable”, “diversidad”, “titularidad”, “transgénero”, “feto”, “basado en la evidencia” y “basado en la ciencia”.

Ante la acusación, la directora de CDC, Brenda Fitzgerald, designada en julio pasado, indicó, a través de Twitter, que “no hay palabras prohibidas en el CDC”, y que esta entidad “tiene una larga historia de decisiones de salud pública y presupuesto que se basan en la mejor ciencia y datos disponibles para el beneficio de todas las personas”.

En un comunicado, Matt Lloyd, portavoz del Departamento de Salud y Servicios sociales (HHS), que supervisa los CDC, dijo que las afirmaciones de “The Washington Post” son “una descripción errónea de las discusiones sobre el proceso de formulación del presupuesto” y que el HHS “continuará utilizando la mejor evidencia científica disponible para mejorar la salud de todos los estadounidenses”.

De ser cierta o no esta información, la comunidad científica ya está en alerta ante cualquier tipo de manipulación política que pueda llegar el próximo año.

–El dato–

5,6 billones de dólares es el presupuesto de la EPA para el año fiscal del 2018. Para el 2017 fue de unos 8 billones de dólares.

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