Un equipo de paramédicos traslada a un paciente sospechoso de COVID-19 en Colombia. (Photo by Raul ARBOLEDA / AFP)
Un equipo de paramédicos traslada a un paciente sospechoso de COVID-19 en Colombia. (Photo by Raul ARBOLEDA / AFP)

Hace seis meses el mundo comenzó a conocer la aparición del nuevo Sars-CoV-2 en Wuhan (China), una ciudad de 11 millones de habitantes. Este virus fue relacionado de manera inmediata con el ya conocido Sars, que en el 2003 causó la muerte de 800 personas.

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Para entonces, pocos dimensionaban que este nuevo agente que causa la enfermedad fuera el generador de la más grave crisis de salud pública en más de 100 años y que a la fecha, después de convertirse en una pandemia, ha matado a más de medio millón de personas y ha comprometido la salud de al menos 10 millones de personas en todo el mundo.

Y si bien durante este tiempo el virus ha impulsado procesos de investigación para tratar de comprender la dinámica viral, sus efectos y sus posibles tratamientos, aun quedan preguntas sin responder que inquietan a la ciencia y sin un reto para el conocimiento acumulado que tiene como objetivo librarse de sus negativos efectos lo más pronto posible.

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La revista científica Nature acaba de publicar un artículo en el que recoge y analiza los principales cuestionamientos sobre el Sars-CoV-2 y sobre los cuales los investigadores no tienen respuesta todavía.

¿Por qué las personas responden de manera diferente al virus?

Las estadísticas demuestran que los afectados por COVID-19 tienen marcadas diferencias en los efectos de la enfermedad. De hecho, algunas nunca desarrollan síntomas mientras que otras, incluso aparentemente sanas, producen neumonías graves y hasta mueren.

De acuerdo con Kari Stephansson, director ejecutivo de DeCODE Genetics en Islandia, las diferencias dramáticas pueden estar fundamentadas en variaciones determinadas por los genes humanos que no han sido analizadas en profundidad en razón a que aún no se cuenta con la suficiente cantidad de análisis. Sin embargo, hay orientaciones que demuestran, por ejemplo, cómo en Italia quienes desarrollaron insuficiencia respiratoria grave tenían la posibilidad de portar una o dos variantes genéticas particulares al compararlos con quienes no tenían la enfermedad.

Una de estas variantes estaría en el genoma que determina el tipo de sangre ABO. Hay que decir, en todo caso, que no es el tipo de sangre el que determina la severidad o no sino las características generales de las personas con ciertos grupos de sangre.

La otra variación estaría cerca de varios genes que codifican una proteína que interactúa con el receptor que facilita la entrada del virus a las células; y otros que determinan la respuesta inmunológica contra los patógenos, agrega Stephansson en la revista Nature.

Hoy este tema se sigue investigando a través de búsquedas con análisis de genomas completos en personas sanas y que hayan tenido casos graves.

¿Existe la inmunidad contra el coronavirus?

La respuesta a esta pregunta tiene el acelerador puesto en todos los grupos de investigación inmunológica en razón a que la duración de las defensas que deja el virus en el cuerpo es determinante no solo para definir la evolución de la pandemia sino también para la potencial elaboración de tratamientos o vacunas.

Los estudios han encontrado que los niveles de anticuerpos contra el Sars-CoV-2 permanecen altos durante algunas semanas después de la infección, pero luego empiezan a disminuir. Llama la atención que estas defensas pueden permanecer altas por más tiempo en personas que habían padecido enfermedades graves. “Mientras más virus, más anticuerpos que más durarán”, dice en Nature el inmunólogo George Kassiotis, del Instituto Francis Crick de Londres, sobre un patrón que se ha observado en otras infecciones virales como las del Sars.

En esos casos se demostró que la mayoría de las personas perdieron sus anticuerpos en los primeros años, pero quienes tuvieron las formas más graves los mantuvieron incluso después de 12 años. Y si bien los investigadores aún desconocen las reacciones inmunológicas específicas contra el Sars-CoV-2, se cree que la inmunidad va más allá de los anticuerpos y están mediadas también por células (linfocitos-T), importantes en las defensas a largo plazo, aunque aún no hay un marcador claro y medible.

¿El nuevo coronavirus ha mutado de manera preocupante?

Todos los virus mutan a medida que infectan a las personas, y el Sars-CoV-2 no es la excepción, recuerda Nature. De hecho, los investigadores moleculares han rastreado estas mutaciones para seguir la propagación del virus a nivel mundial, pero además se buscan cambios estructurales sustanciales que puedan generar linajes más agresivos o con mayor capacidad de transmisión.

David Robertson, biólogo computacional de la Universidad de Glasgow, le dijo a esta revista que al tratarse de un virus nuevo es importante saber si se torna más peligroso. Todo esto porque dichos cambios tienen la posibilidad de disminuir la efectividad de las vacunas, algo que complicaría la situación.

Por ahora, la mayoría de las mutaciones encontradas no tienen impacto, por lo que los investigadores buscan si hay cambios en otra dirección. En ese sentido, Nature aclara que las variaciones encontradas en algunos lugares y que en un comienzo fueron clasificadas como más letales no tienen consistencia académica.

¿Cómo actuaría la vacuna?

De acuerdo con Nature, las vacunas efectivas podrían ser la única forma para salir de la pandemia. Actualmente hay 200 proyectos en desarrollo y 20 ya se encuentran en ensayos clínicos.

Ya hay algunos datos en animales y humanos sobre estas etapas tempranas y estos sugieren que las vacunas podrían ser efectivas para prevenir la infección pulmonar, pero no en otras partes. De hecho, la vacuna de la Universidad de Oxford podría prevenir el desarrollo de las formas graves, pero no la propagación del virus, según datos en monos.

Y aunque los datos en humanos son escasos y se ha encontrado que algunas promueven la creación de potentes anticuerpos, no se tiene claro si son suficientemente altos para detener nuevas infecciones y si persisten en el tiempo.

Lo cierto es que, según Dave OconCon, virólogo de la Universidad de Wisconsin, citado por Nature, se podrían tener vacunas clínicas útiles dentro de 12 o 18 meses, que tendrían que mejorarse progresivamente.

¿Cuál es el origen del virus?

Nature indica que la mayoría de los investigadores coinciden que el Sars-CoV-2 puede estar relacionado con murciélagos, específicamente en la especie herradura, que alberga dos coronavirus estrechamente relacionados con este nuevo virus: el RATG-13 y el RmYM02, que comparten el 93 por ciento de la secuencia.

La revista aclara que después de analizar 1.200 coronavirus en murciélagos de China se sugiere que probablemente su origen sea en murciélagos de la provincia de Yunnan, pero no de otros países.

Los investigadores también aislaron coronavirus en pangolines de Malasia y estos comparten el 92 por ciento de su genoma con el Sars-CoV-2, aunque no se ha comprobado que haya saltado de estos animales a los humanos.

Nature insiste que para rastrear inequívocamente el paso de los animales a las personas es necesario encontrar una especie que albergue una versión genética que comparta más del 99 por ciento del genoma del Sars-CoV-2, algo que por ahora no se considera fácil.

Zhang Zhigang, microbiólogo evolutivo de la Universidad de Yunnan, dice que con base en esta premisa las investigaciones han aislado virus de animales domésticos y silvestres en todo el sudeste asiático. Ese sigue siendo otro de los misterios alrededor del coronavirus.

El Tiempo, GDA

*El Comercio mantendrá con acceso libre todo su contenido esencial sobre el coronavirus

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¿Cuáles son los síntomas del nuevo coronavirus?

Entre los síntomas más comunes del COVID-19 están: fiebre, cansancio y tos seca, aunque en algunos pacientes se ha detectado dolor corporal, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta y diarrea. Estos malestares pueden ser leves o presentarse de forma gradual; sin embargo, existen casos en los que la gente se infecta, pero no desarrolla ningún síntoma, precisó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, la entidad dio a conocer que el 80 % de personas que adquieren la enfermedad se recupera sin llevar un tratamiento especial, 1 de cada 6 casos desarrolla una enfermedad grave y tiene dificultad para respirar, la gente mayor y quienes padecen afecciones médicas subyacentes (hipertensión arterial, problemas cardiacos o diabetes) tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave y que solo el 2 % de los que contrajeron el virus murieron.

¿Quiénes son las personas que corren más riesgo por el coronavirus?

Debido a que el COVID-19 es un nuevo coronavirus, de acuerdo con los reportes que se tienen a nivel mundial, las personas mayores y quienes padecen afecciones médicas preexistentes como hipertensión arterial, enfermedades cardiacas o diabetes son las que desarrollan casos graves de la enfermedad con más frecuencia que otras.

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