A pesar de haber recorrido el mundo infectando a más de dos millones de personas, el SARS-CoV-2 ha tenido cambios mínimos, que no han variado el comportamiento del virus. (Ilustración: Shutterstock)
A pesar de haber recorrido el mundo infectando a más de dos millones de personas, el SARS-CoV-2 ha tenido cambios mínimos, que no han variado el comportamiento del virus. (Ilustración: Shutterstock)
Redacción EC

El nuevo se ha mantenido “genéticamente estable” desde su aparición en diciembre de 2019, lo que posibilita una vacuna o tratamiento “más eficiente”, dijo a Efe el colombiano Javier A. Jaimes, uno de ocho científicos de Cornell University dedicados a analizar el genoma del SARS-CoV-2.

A pesar de haber recorrido el mundo infectando a más de dos millones de personas, el virus no ha mutado, dice Jaimes, un bogotano que a sus 37 años trabaja en el prestigioso centro universitario de Ithaca (Nueva York) como investigador de postdoctorado.

Los pocos cambios que ha tenido son “sutiles”, no han sido en el comportamiento del virus.

Eso quiere decir, agrega, que no ha adquirido o perdido propiedades, lo cual posibilita la creación de una vacuna o un tratamiento “más eficiente”, al contrario de lo que ocurre con el virus de la gripe, que cambia constantemente y por eso hay que vacunarse periódicamente.

Cuanto más estable sea, cualquier tratamiento que se desarrolle va a tener más potencial, porque el virus tiene menos posibilidades de escapar".

Sobre las mutaciones dice que en la “mayoría” pierde su “capacidad”, eso significa que puede ser menos patógeno e incluso “totalmente no patógeno”

El caso menos probable es que sea más agresivo.

Trabajo contrarreloj

Los expertos buscan posibles blancos para tratamientos en las enzimas de las células que activan sus coronas, las que permiten introducir su material genético. (Foto: Shutterstock)
Los expertos buscan posibles blancos para tratamientos en las enzimas de las células que activan sus coronas, las que permiten introducir su material genético. (Foto: Shutterstock)

En el Departamento de Microbiología e Inmunología de Cornell, el equipo del que forma parte Jaimes está trabajando contrarreloj para identificar cómo este nuevo virus, que tiene coronas, que son como una especie de llaves, ingresa en las células humanas y las infecta.

El equipo ha hallado que estas llaves, que son proteínas, son muy eficientes y se “preactivan” para facilitar el ingreso.

Los expertos de Cornell también está buscando posibles blancos para tratamientos en las enzimas de las células que activan esas llaves, indicó Jaimes.

Sobre las nuevas vacunas o tratamientos, enfatizó que el proceso va a ser “largo” porque las pruebas clínicas llevan tiempo y no se pueden acortar porque dependen de la reacción de las personas en las que se ensayan y que, por el momento, la única medida es el aislamiento, frenar el contacto entre personas.

La inmunidad de rebaño

“La idea es que haya menos personas enfermas al mismo tiempo en el sistema de salud para no colapsarlo” y buscar la “inmunidad del rebaño”, es decir que la inmunidad adquirida por un miembro de un grupo protege a los otros integrantes.

Sin embargo, aclaró que aún se desconoce cuánto dura esa inmunidad y si es suficiente para protegerse del virus.

Basado en evidencia científica, Jaimes, de 37 años, detalló lo que la ciencia ha descubierto del nuevo virus y en ese sentido descartó que sea un arma biológica o fruto de una conspiración.

Ni conspiración ni arma biológica

Lamentó que relegarlo a eso es simplemente “quitar la credibilidad a todo lo que nosotros hacemos” y señaló que es una información que hace mucho daño.

“La evidencia, los datos genéticos y científicos, dice claramente que el origen está en los murciélagos”, aseveró.

El investigador subrayó que el SARS-CoV-2, que según la cuenta de la Universidad Johns Hopkins ha matado a más de 138.000 personas en todo el mundo, se parece mucho al SARS de 2002, entre otras porque se originó en poblaciones de murciélagos, en este caso de Asia, aunque dijo que se desconoce si hubo alguna otra especie animal más cercana al ser humano en la mitad.

Recordó que se habló de serpientes y se descartó y aunque también se descarta que fue a través de pangolines, se analiza sin embargo el intercambio de virus entre murciélagos y estos mamíferos.

En el caso del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), se sabe que saltó de un murciélago a un camello y después al hombre, recordó.

Más de 70 equipos en todo el mundo trabajan en una vacuna contra el COVID-19. (Foto: Pixabay)
Más de 70 equipos en todo el mundo trabajan en una vacuna contra el COVID-19. (Foto: Pixabay)

Jaimes señaló que aunque no se conoce aún el “paciente cero” del COVID-19, hay evidencia de que los primeros casos ocurrieron en Wuhan (China) en un mercado de animales vivos.

Subrayó que estos recintos estrechos donde se acumulan muchos especies animales por tiempo prolongado facilitan “los procesos evolutivos de saltar de una especia a otra”.

Aunque los murciélagos son los “más comunes” reservorios, es decir especies que se han adaptado a estos coronavirus sin causarles graves enfermedades y que circulan el virus, Jaimes dijo que no son los únicos.

Hay también, entre otros, aves, cerdos y roedores, estos últimos reservorios del resfriado común (coronavirus OC43), indicó Jaimes, que es médico veterinario de profesión, pero se ha dedicado exclusivamente al estudios de los virus.

No es exclusivo de los pulmones

Por otro lado, el virólogo explicó que una enzima (ACE2) que se encuentra en los tejidos respiratorios, el músculo cardiaco, los riñones y especialmente en el tracto digestivo es la receptora del nuevo coronavirus.

No obstante, indicó que tener el receptor no significa que se va a multiplicar.

En ese sentido señaló que se ha expresado más en el sistema respiratorio, porque en el tracto digestivo es difícil que soporte los jugos gástricos.

EFE

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