La imagen muestra una representación del SARS-CoV-2, virus que causa el COVID-19.(Foto: CDC)
La imagen muestra una representación del SARS-CoV-2, virus que causa el COVID-19.(Foto: CDC)

Desde la mortal gripe española pasando por el sida hasta llegar al , las enfermedades causadas por virus han marcado significativamente la historia de la humanidad. Muchos de ellos tienen algo en común: saltaron de un animal a un humano y causaron males zoonóticos que dejaron millones de muertos.

Es así que ahora el trabajo de diversos científicos que trabajan en la identificación de virus de animales con potencial de infectar a humanos ha tomado especial importancia. Una de las iniciativas más importantes es PREDICT, que ha identificado más de 1.200 virus capaces de pasar de animales a humanos, entre ellos 160 de la familia de coronavirus.

El Comercio conversó con Marcela Uhart, veterinaria de la Universidad de California Davis y quien dirige la rama latinoamericana de PREDICT, sobre cómo el estilo de vida de las personas facilita el surgimiento de nuevas zoonosis y sobre lo que se sabe del origen animal del SARS-CoV-2, virus que causa el COVID-19.

“Las condiciones [para que surja un virus] hace mucho que están dadas, asegura la investigadora argentina de PREDICT.

Marcela Uhart, directora del Programa de Salud Global de Wildlife Conservation Society para América Latina. (Foto: Marcela Uhart/UC Davis)
Marcela Uhart, directora del Programa de Salud Global de Wildlife Conservation Society para América Latina. (Foto: Marcela Uhart/UC Davis)

¿Cómo es el trabajo que realizan para identificar estos virus?

Buscamos virus con este potencial en especies determinadas, en las que es más probable que el virus pueda pasar de animales a personas, y también específicamente familias de virus que son conocidas por esa capacidad. Nos enfocamos en roedores, murciélagos y primates, además, buscábamos específicamente influenza, coronavirus y filovirus, que producen enfermedades como el ébola, y algunos otros.

Haber encontrado 1.200 virus con este potencial es preocupante.

El motivo por el cual es que se encontró esta cantidad de virus es porque hay pocos virus conocidos, hay muchos por conocer en realidad, pero eso no quiere decir que hoy todos representan un riesgo. Son solamente virus que por estar dentro de esas familias tendrían esa capacidad si las circunstancias necesarias se dieran.

Como se determinan los animales que tienen la mayor capacidad de tener virus zoonóticos.

En realidad, principalmente se investiga a partir de lo que ya conocemos. ¿De dónde provienen los virus que ahora comparten los animales y las personas? La gran mayoría, vienen de los animales domésticos, lo cual tiene sentido porque llevamos muchos años de coevolución, desde que domesticamos a los animales. Inclusive el virus del sarampión, que ahora es humano, originalmente era un virus animal que se adaptó a las personas. Entonces, venimos haciendo esto hace mucho tiempo. Con el correr de los años, empezamos a investigar en animales silvestres, y es ahí donde conocemos menos. Somos genéticamente muy emparentados con los primates, entonces es muy obvio que muchos virus que ellos tienen puedan adaptarse fácilmente a las personas, por ejemplo, el VIH es un virus que proviene de los primates. Y en otros casos, tiene que ver con la abundancia de algunas especies, algunos taxones como los roedores y murciélagos, alrededor del mundo, y que son grupos que en general tienen bastante contacto con las personas, a través de la agricultura, la introducción de personas a los bosques, donde este contacto se ha exacerbado.

¿Y en animales domésticos?

De los animales domésticos, una especie que suele servir como lugar de mezcla, son los cerdos, por ejemplo. Muchos virus de los animales silvestres han pasado primero por un cerdo y recién luego adquieren la capacidad para infectar a las personas.

¿Cómo es que el virus que está en un animal adquiere la capacidad para poder infectar a un humano?

En general es necesario un contacto muy estrecho, es decir, tiene que haber una oportunidad para que ese virus de un animal pase a las personas. Solo puede infectar a las personas si hay determinadas características del virus y nuestras, que lo hacen compatible. Un virus, sea el origen que tenga, debe tener determinados receptores y mecanismos que le permitan invadir las células humanas y a partir de ahí replicarse dentro. Tienen que combinarse una serie de factores: nos tenemos que exponer, la dosis [carga] del virus tiene que ser grande para que se infecte la célula humana, tiene que poder entrar a la célula y debe de tener la capacidad de replicarse. Para que ese virus que ya ingresó a una persona tenga una capacidad de transmitirse a otras personas tiene que haber una serie de condiciones. Por ejemplo, el SARS-CoV-1, del 2003, fue poco eficiente en transmitirse entre personas, lo que hace que la cadena de transmisión se corte. O pueden ser virus muy letales como el ébola, que matan tan pronto a las personas que se corta rápido la transmisión.

¿Se sabe con qué frecuencia los virus mutan en los animales y adquieren esta capacidad?

La realidad es que no sabemos [cuántos virus hay], así como no conocemos todas las especies animales, nos falta mucho por conocer. Pero sí hay estimaciones de, por ejemplo, coronavirus en animales. En cuanto a las mutaciones, eso es mucho más difícil de predecir. En el caso de los virus de influenza, son muy propensos a cambiar todo el tiempo, no solo por mutación, sino por otros mecanismos. Son capaces de cambiarse a sí mismos mucho, por eso la vacuna para la gripe de este año es distinta a la del año siguiente. Hay muchos, con características particulares, y cada cepa tiene muchas chances de cambiar muy rápidamente. Entonces la capacidad de mutación de los virus depende mucho de la familia a la que pertenecen.

Y estos virus no suelen causar daño a estas especies.

En realidad, estos virus viven en especies reservorio, que son animales en los que los virus viven sin causarles daño. Cuando saltan de especie muchas veces, se replican rápido y se extingue el virus. El virus hará lo que pueda para adaptarse a sobrevivir en una nueva especie. Como un principio de supervivencia evolutiva, al virus no le conviene ser muy letal; virus muy letales como el ébola, en una situación en la que no haya medicina de por medio, se disemina rápidamente y de golpe se queda sin gente a la que afectar y se muere. Entonces, no es una estrategia “inteligente”, si se quiere, para un virus, ser letal. Al virus le conviene, por supervivencia, ser poco letal pero muy contagioso. Es como una balanza. A un virus le conviene ser como el coronavirus, que no es tan letal pero sí contagioso, incluso tiene la particularidad de que podemos contagiar aún sin enfermarnos clínicamente nosotros. Esto es algo muy “inteligente” que tiene el virus. Hay que entender esto no como inteligencia en sí, sino como una cuestión evolutiva.

Entonces la clave para su éxito es que se mantenga en el tiempo.

Sí. De hecho, los virus más exitosos, los de la gripe, son poco letales. Lo que tienen es una alta capacidad de infectar y por varias vías distintas. Todos esos mecanismos le ayudan a ser más infecciosos.

¿Qué se está haciendo en cuanto a la identificación de virus zoonóticos y qué se debe hacer?

Para encontrar virus zoonóticos hay dos abordajes: puedo comenzar a identificar todos los virus que hay y luego identificar cuáles de ellos pueden ser zoonosis buscando en animales y virus que se saben más propensos; pero también un modo más inteligente es buscar en lugares de riesgo: por ejemplo, si sabemos que los mercados vivos son los lugares de mayor riesgo, pues me enfocaré a buscar allí y también a que las condiciones de higiene cambien, la distancia entre personas cambie. También me fijaría en granjas de animales silvestres. Me enfocaría en esas situaciones de riesgo, que es donde más probabilidades hay de que esto ocurra. Eso es hacer inteligencia con un equipo multidisciplinario: voy a los lugares más probables porque los recursos van a ser finitos. Primero identificar dónde están los lugares de mayor riesgo y trabajar específicamente sobre ellos. Eso eliminaría las chances de que esto ocurra.

“La vigilancia basada en riesgo se debería estar haciendo en Perú, Argentina, en todos los países”


Marcela Uhart

¿Y no hay una estrategia global para identificar zoonosis?

Las grandes organizaciones como la OMS, la FAO y la Organización internacional de Sanidad Animal trabajan juntas, conforman comités de crisis, solo cuando hay problemas. Cuando no hay crisis, todo el mundo se relaja y se dedica a otra cosa. Y son esos periodos de “tranquilidad” en que uno debería estar armando estas estrategias. De hecho, la vigilancia basada en riesgo se debería estar haciendo en Perú, Argentina, en todos los países, debemos estar pensando cuáles son las vías de mayor riesgo que tengo como país. Por ejemplo, [sobre el reciente brote] en Beijing deberían haber visto que la importación de Europa, donde todavía hay covid, conllevaría algún riesgo. No es que el salmón esté infectado con el virus, el problema es que las personas que trabajan en las plantas que lo procesan pudieron estar infectadas. Ese virus llegó al salmón que fue congelado, esta es la mejor manera de conservar el virus.

¿PREDICT tiene apoyo de estas entidades?

Este proyecto, que ahora tiene una extensión específica sobre COVID-19, en realidad fue un proyecto de investigación con apoyo de la agencia de desarrollo de Estados Unidos (PNUD), que tuvo una parte que se hizo en el Perú hace muchos años, y luego se dejó de trabajar en Latinoamérica. La forma en la que nosotros hicimos el trabajo es trabajando con el ministerio de salud pública, con el ministerio agropecuario, ministerio del ambiente [en los más de 30 países donde investigaban] y se buscó generar una plataforma en la que todos trabajaran en un mismo sentido. En Asia y África, donde el proyecto tuvo impacto, pudieron responder bien al COVID.

Desde entonces se sabía que una pandemia de estas características podría pasar.

Podríamos terminar señalando con el dedo y diciendo “yo te lo dije”. Muchos años vinimos diciendo que esto iba a pasar, pero en general las personas tenemos cierto rechazo a escuchar malas noticias. Nos cuesta que nos adviertan. Cuesta que todos trabajen juntos cuando no hay un problema, o cuando el problema no se ve como inminente.

¿Cuál es el panorama actual de PREDICT?

Tenemos una extensión hasta setiembre para trabajar principalmente en temas de COVID-19, brindado apoyo a África y Asia. Estamos intentando postular a una continuidad bajo un enfoque con más investigación. En mi instituto hay un proyecto Global Virome Project, que busca identificar todos los virus que existen, bajo la idea de que, aunque es costoso, es beneficioso a largo plazo y cuesta menos que una pandemia. Ese es un proyecto que está recabando fondos. Y otro proyecto tiene que ver con cortar el salto de especies, trabajar en prevenir antes de que ocurra el próximo salto, que tiene que ver básicamente con el cambio del comportamiento humano, más que ir a descubrir los virus, va a atacar las cuestiones de fondo que hoy generan estos problemas.

Entonces antes no hubo un proyecto que buscara evitar este salto de virus de animales a humanos…

El nuevo enfoque es trabajar hacia el futuro, trabajar con las comunidades y gobiernos. Tratar de identificar primero y modificar después esos hábitos de las personas que nos ponen en mayor riesgo, ya sea que vivamos con murciélagos en nuestras casas, que entremos a juntar guano de murciélago y lo usemos como fertilizante en los campos, sea la forma en que consumimos animales silvestres. Hicimos algunas cosas preliminares sobre todo en la convivencia segura con murciélagos con las comunidades, que implicaban cosas sencillas como tapar los recipientes del agua para que no estén en contacto con secreciones de roedores, proteger el granero para que no se contaminen las semillas, entre otras prácticas.

¿Las otras disciplinas científicas cómo pueden aportar en este trabajo?

Obviamente hacen falta virólogos, médicos, biólogos, pero también hace falta cada vez más trabajos de comportamiento, faltan antropólogos y sociólogos, porque lo que estamos viendo es cómo nuestro comportamiento está llevando a estas cosas.

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El origen del COVID-19

En el caso del SARS-COV-2 tuvieron que ocurrir muchas cosas al mismo tiempo para que el virus salte de especie a un humano.

Con el SARS-CoV-2 hubo una tormenta perfecta: tuvieron que suceder muchas cosas a la vez para que esto se dé. Dicho eso, cuanto más nosotros generamos la oportunidad, hay más chances de que ocurra. Y ocurrió más de una vez con los coronavirus: el SARS en 2003 y el MERS en 2013. Lo que ocurre es que estamos cada vez en más contacto con estas especies y en muchos casos de una manera forzada, a través de los mercados, el comercio ilegal, etc.; eso es lo que está generando oportunidades para que un virus pase de un animal a un humano. Pero tiene que ver principalmente con comportamientos humanos.

Entonces la convivencia con los animales cumple un rol importante.

Tenemos que pensar que hay muchos virus [que generan] zoonosis y que provienen de nuestros animales domésticos. A esos virus y otros patógenos, los conocemos porque tenemos una larga historia de convivencia. Lo que sucede con los animales silvestres es que hay muchos que nosotros desconocemos. Entonces, es más probable que estos eventos surjan de esos lugares, que son grandes núcleos de diversidad. Por ejemplo, si una caverna con murciélagos ha estado ahí sin que nadie la moleste por mucho tiempo y de golpe nosotros entramos y nos exponemos a sus excreciones, puede que contraigamos virus que no habíamos visto nunca. Pero también cabe lo contrario. En nuestras investigaciones hemos encontrado algunos virus ébola, no los más letales sino parientes cercanos, en los murciélagos que estaban en los techos de las casas de la gente. Lo que sucede es que allí hay una historia de compartir espacios durante mucho tiempo y esas personas en muchos casos tienen anticuerpos. Es decir, se enfermaron y lograron neutralizarlos y hoy conviven con ellos, lo que no quiere decir es que si alguien que no es del lugar no pueda enfermarse porque no tendría ninguna defensa.

Los investigadores apuntas a los murciélagos como los posibles reservorios del nuevo coronavirus. (Foto: Pixabay)
Los investigadores apuntas a los murciélagos como los posibles reservorios del nuevo coronavirus. (Foto: Pixabay)

En el caso del SARS-CoV-2, la evidencia apunta a que estuvieron involucrados dos animales: el murciélago y el pangolín.

Sí. En realidad, todavía no está muy claro, como tampoco está claro que el origen haya sido ese mercado en Wuhan. Hay más evidencia de que en realidad al mercado fueron personas infectadas y la proximidad, cercanía, en el mercado favoreció el contagio. Sobre el origen, hay virus muy parecidos al SARS-CoV-2, no idénticos, que se han encontrado en el área donde se cree que esto apareció y estos virus también son parecidos a uno que se encontró en pangolines. Pero aún no hay una conexión directa. Sí sabemos que SARS-CoV-2 es parecido a esos virus que se encontraron en murciélagos y parecido a uno que se encontró en pangolines. Pero uno idéntico aún no se ha encontrado en ningún animal.

Se sabía que era muy probable que una epidemia por coronavirus se dé, porque ya había sucedido el SARS y el MERS.

Eso dentro de los coronavirus, pero no hay que olvidar a las influenzas, el H5N1, el H7N7, el H1N1. Tienen una capacidad de mezclarse muy particular. Las condiciones sabemos hace mucho que están dadas y si no cambiamos en nada lo que estamos haciendo hoy, pasado el COVID-19, va a surgir otro virus. Es indudable que eso va a pasar. Tenemos que cambiar drásticamente cómo estamos haciendo las cosas, principalmente nuestra cercanía con las especies silvestres y la forma en que nos exponemos a ellos. Los animales silvestres tienen su propia carga de virus, si los sacamos de sus sitios, los metemos en los mercados, los hacinamos, los estresamos, no les damos de comer, les bajamos su inmunidad, etc. entonces los virus se van a diseminar. Ya sabíamos que esto [una pandemia] iba a pasar y que había ciertos hábitos que lo favorecían.

Entre virus y bacterias relacionadas a animales que causaron pandemias hay muchos ejemplos en la historia.

Está el VIH, que no lo pensamos como una epidemia pero sí lo es, y ya lleva 35 millones de personas fallecidas. La influenza aviar, la gripe porcina, el SARS, el MERS. Hay que pensar incluso en las grandes epidemias que moldearon la humanidad. La peste bubónica, producida por una bacteria, si bien no es exclusiva de los animales, se transmite por las pulgas que tienen las ratas. Hay innumerables ejemplos. La rabia también. Lo que está sucediendo ahora es que la frecuencia con la que estamos viendo estos eventos está aumentando y el otro elemento es que si ocurre en una parte del mundo es mucho más fácil que se disemine por todos lo países. Esas son dos grandes diferencias. Si vemos la gripe española, esta quedó confinada a ciertos lugares porque no había la movilidad que tenemos hoy. Los aviones son una gran forma para que un virus llegue en 24 horas de un lugar a otro del planeta.

“Lo que va a ocurrir es que pasada la emergencia del COVID-19, vamos a volver a seguir haciendo las cosas como las estábamos haciendo antes”


Marcela Uhart

Sin ser alarmistas, estamos creando un ambiente propicio para otra pandemia.

Totalmente. Si tú ves cómo escalan estos eventos es muy parecido con el ritmo en que escalan nuestras intervenciones agresivas en el ambiente, en la medida en que nosotros acabamos con los bosques, transformamos los ambientes naturales, desplazamos a los animales de sus hábitats hay más chances de que esto ocurra. La epidemia del virus Nipah se dio en Asia porque se deforestaron algunas zonas de bosque nativo para cultivo de palma aceitera. Los murciélagos que se alimentaban de plantas del bosque nativo se tuvieron que ir de ahí y encontraron alimento en unos árboles, en unas plantaciones cercanas a unos criaderos de cerdos que estaban al aire libre. Los murciélagos defecaron en la sombra de estos árboles, cayeron las sobras de los frutos que consumían y los cerdos se los comieron, se infectaron con Nipah, algunos se murieron y los demás se los pasaron a las personas. Y hubo que matar muchos cerdos y hay una importante mortalidad por virus Nipah entre la población local. Todo comenzó con el desplazamiento de estos murciélagos y la intervención en los bosques donde ni sabíamos que existía ese virus.

Parece que se está hablando poco que nuestro estilo de vida ha favorecido esta pandemia.

Lamentablemente lo que va a ocurrir es que pasada la emergencia del COVID-19, vamos a volver a seguir haciendo las cosas como las estábamos haciendo antes. Y es lo peor que nos va a pasar porque no vamos a aprender nada de una emergencia tan terrible. Claramente se sabe que hay tres factores por los que estas cosas ocurren: la transformación y pérdida del hábitat, que tiene que ver con el cambio de uso de suelo (ciudades y producción de alimentos); lo otro tiene que ver con la forma en que producimos alimentos; y el otro punto es la sobreexplotación de especies, pues las sacamos de sus hábitats, las traficamos, las vendemos o estamos desequilibrando los medios naturales de manera que las más dañinas son las que más prosperan. Esos tres factores son claves. En la medida en que no cambiemos eso en unos años vamos a volver a hacer entrevistas sobre estos mismos temas con otro virus.

El cambio de suelo para el cultivo y extracción facilita la interacción entre animales silvestres y humanos, según la científica. (Foto: Pixabay)
El cambio de suelo para el cultivo y extracción facilita la interacción entre animales silvestres y humanos, según la científica. (Foto: Pixabay)

Cómo es que en los últimos años se ha reaccionado desde la ciencia.

Hay de todo. Hay una histórica desconexión entre las diferentes disciplinas que trabajan la salud. Hoy estamos hablando sobre el concepto de “Una salud”, que incluye la salud pública de los humanos, la salud del ambiente en que vivimos y la salud de los animales. Pero eso son conceptos que incluso hoy en la formación profesional se dan por separado; hay poca interacción entre disciplinas y eso tiene que cambiar evidentemente porque no tenemos forma de prepararnos para la próxima epidemia si no trabajamos juntos. Lo otro que ha sucedido es que el financiamiento para investigación suele ser bastante caprichoso: si el problema hoy es la gripe porcina, toda la plata va a la gripe porcina y nos olvidamos de otra cosa; luego el problema fue el SARS y sucedió lo mismo, y luego al ébola. Entonces estamos reaccionando y no nos estamos adelantando, y cuando se pierde interés el financiamiento se corta. Un ejemplo muy gráfico: casi se logró tener una vacuna para el SARS en el 2003, pero como terminó la epidemia se cortó el financiamiento. ¿Imagínate si hoy tuviéramos esa vacuna?

Tal vez podríamos haber enfrentado el COVID-19 de otra manera.

Podrían haber cambiado las cosas, pero se perdió el interés y el dinero fue a otra cosa. Tiene que haber más consciencia. Por suerte ahora los investigadores que ven el tema de vacunas piensan fuera del período de epidemia, cuando hay urgencia. En lo períodos de tranquilidad, cuando no hay una emergencia, es cuando uno tiene que hacer la ciencia para estar preparado [para la siguiente epidemia]. Y hay gente que viene diciendo desde hace tiempo que sabiendo que es altamente probable que el coronavirus podía causar una pandemia, lo mejor era desarrollar una vacuna genérica contra el coronavirus. Si hubiéramos tenido la vacuna para el SARS es mucho más probable que ahora estaríamos más cerca de tener una vacuna contra el SARS-CoV-2, que empezar prácticamente desde cero.

El afán de reactivar la economía podría hacer que justifiquemos aún más la invasión de los hábitats, lo que podría generar las condiciones para nuevas zoonosis.

Sí. La verdad es que no hay una visión clara sobre la importancia de pensar de una manera diferente estas cosas. De hecho, por la epidemia de COVID-19, estamos dejando de lado el dengue, chikungunya, malaria. Eso sigue. En muchos lugares, se cortaron las campañas de vacunación y hay brotes de poliomelitis en países africanos. Entonces, se retroceden décadas cuando este tipo de problemas pasan. Los costos del COVID-19 van a ser terribles más allá de las muertes directas, y en la medida en que esto pase, si no atendemos el cambio climático vamos a tener más mosquitos y más dengue, entre otras cosas. Y cada vez invadimos más la naturaleza, en lugar de verla como un lugar por dominar debemos apreciarla por los beneficios que nos da. A mí me gusta destacar que se tergiversa mucho la realidad, se negativiza la fauna. Sin los murciélagos hoy no tendríamos muchas cosas, como el mango o plátanos porque ellos son polinizadores. Tendríamos muchos más insectos dañando los cultivos agrícolas, más mosquitos dañándonos porque controlan los insectos. Tenemos que aprender a ver a la naturaleza desde el lado de todo lo que nos ofrece y no como un enemigo.

Incluso dejar de estigmatizar las prácticas culturales, como sucedió con las prácticas en China.

El tema de los mercados y los hábitos de consumo son delicados, habría que considerar si es un consumo de subsistencia o por capricho. Yo podría argumentar que no hace falta exterminar los pangolines en África para que se los coma alguien en China, o que usen sus escamas como amuletos. Me parece que eso es un lujo, un riesgo innecesario. Por un lado, hay cosas en las que sí creo que los gobiernos deben intervenir, en lo que es el tráfico de especies para consumo ornamental. Pero el consumo local, en el lugar mismo, en general, conlleva poco riesgo si uno las cocina, por ejemplo. El tráfico y sobreexplotación de especies tiene que cambiar; las prácticas de mercados vivos deberían también cambiar. Si con la carne de res o pescado hay muchos controles, por qué no hay en las demás especies que se venden en estos mercados. Por eso el tema de enfermedades transmitidas por alimentos es importante hoy. También miraría cómo estamos cambiando los paisajes: en el Perú la palma aceitera es todo un tema, lo mismo que en Colombia, y eso está generando grandes transformaciones, lo que pasa es que el medioambiente es resiliente y va a tardar en mostrarnos el impacto.

A nivel regional, tenemos muchas enfermedades que tienen que ver con animales y que parece que aún no las podemos controlar. ¿A qué se debe?

Dengue, fiebre amarilla… venimos con bastantes problemas regionalmente. Lamentablemente, lo hábitos humanos y las transformaciones ambientales tienen un rol importante en ello. En cuanto al dengue, aparecen cada vez más mosquitos en zonas urbanas y nosotros generamos ese hábitat para este mosquito. Allí hay una influencia directa de nuestras acciones como personas, pobreza, falta de acceso a una mejor infraestructura, etc. Y lo otro tiene que ver con todo el daño ambiental. Si el mosquito antes picaba a la fauna silvestre y con eso se alimentaba, ahí se quedaba. Ahora el mosquito encuentra “comida” más fácil en la gente. Finalmente son cambios que vamos generando, desequilibrios, deforestamos, generamos charcos de agua, fuentes de luz. Hay cantidad de estudios que muestran que la mayor incidencia de leishmaniasis, malaria y dengue se da en la carretera interoceánica o en las zonas alteradas de bosque. Entonces evidentemente hay una relación entre la transformación ambiental y las enfermedades.

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¿Cuáles son los síntomas del nuevo coronavirus?

Entre los síntomas más comunes del COVID-19 están: fiebre, cansancio y tos seca, aunque en algunos pacientes se ha detectado dolor corporal, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta y diarrea. Estos malestares pueden ser leves o presentarse de forma gradual; sin embargo, existen casos en los que la gente se infecta, pero no desarrolla ningún síntoma, precisó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, la entidad dio a conocer que el 80 % de personas que adquieren la enfermedad se recupera sin llevar un tratamiento especial, 1 de cada 6 casos desarrolla una enfermedad grave y tiene dificultad para respirar, la gente mayor y quienes padecen afecciones médicas subyacentes (hipertensión arterial, problemas cardiacos o diabetes) tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave y que solo el 2 % de los que contrajeron el virus murieron.

¿Quiénes son las personas que corren más riesgo por el coronavirus?

Debido a que el COVID-19 es un nuevo coronavirus, de acuerdo con los reportes que se tienen a nivel mundial, las personas mayores y quienes padecen afecciones médicas preexistentes como hipertensión arterial, enfermedades cardiacas o diabetes son las que desarrollan casos graves de la enfermedad con más frecuencia que otras.

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