La semana pasada, una publicación científica en la revista “Cell” comunicó que las llamas podrían guardar el secreto para combatir el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2). Sin duda, la noticia dio la vuelta al mundo, por lo que hoy veremos en qué consiste esa característica tan especial de esos camélidos andinos. (Ilustración: El Comercio)
La semana pasada, una publicación científica en la revista “Cell” comunicó que las llamas podrían guardar el secreto para combatir el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2). Sin duda, la noticia dio la vuelta al mundo, por lo que hoy veremos en qué consiste esa característica tan especial de esos camélidos andinos. (Ilustración: El Comercio)
Elmer Huerta

Oncólogo y especialista en Salud Pública. Colaborador.

ehuertadr@comercio.com.pe

La semana pasada, una publicación científica en la revista “Cell” comunicó que las llamas podrían guardar el secreto para combatir el nuevo (SARS-CoV-2). Sin duda, la noticia dio la vuelta al mundo, por lo que hoy veremos en qué consiste esa característica tan especial de esos camélidos andinos.

Para empezar, la característica biológica que vamos a describir no es exclusiva de las llamas; está presente en los camélidos, orden zoológico que incluye a sus primos andinos como la alpaca y la vicuña, y a sus parientes al otro lado del mundo: los camellos y dromedarios.

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–Sistema inmunológico–

Para entender la contribución de las llamas y los camélidos en general a la lucha contra la enfermedad COVID-19, debemos recordar qué es y cómo funciona el sistema inmunológico o de defensas del cuerpo humano.

Este está formado esencialmente por dos elementos: células inteligentes llamadas linfocitos –que son un tipo de glóbulos blancos– y las sustancias o productos que producen estas células, unas proteínas gigantescas llamadas anticuerpos o inmunoglobulinas (Ig).

–Guerra microscópica–

El funcionamiento del sistema de defensa es muy interesante y puede compararse a las guerras modernas, las cuales basan su fuerza en inteligencia y armas teledirigidas a distancia.

Imaginemos que un virus entra al cuerpo, pongamos que sea uno de los tantos virus del resfrío que le dan la vuelta al mundo. Al llegar a la nariz –lugar por donde entran los virus respiratorios–, ese virus del resfrío es inmediatamente interceptado y reconocido por un tipo de linfocitos inteligentes, que tienen un archivo de todos los tipos de virus y bacterias con los que el individuo ha entrado en contacto alguna vez en su vida.

Si el virus del resfrío que acaba de entrar al cuerpo ya lo había atacado antes, el linfocito inteligente lo reconoce y se transforma en una célula que empieza a producir una enorme cantidad de anticuerpos hechos a medida para destruirlo.

Ahora, imaginemos que el virus que ataca es desconocido –como el nuevo coronavirus, que está causando la pandemia– y los linfocitos no lo reconocen. Al no hacerlo, no pueden producir anticuerpos y –por lo tanto– no hay defensas; entonces, el virus, en este caso el SARS-CoV-2, causa la enfermedad COVID-19 que estamos viendo en todo el mundo.

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Es decir, el sistema de defensa tiene células inteligentes que reconocen al enemigo, lo procesan, hacen un archivo de ello, y luego producen armas teledirigidas: inmunoglobulinas o anticuerpos, los cuales son específicos para destruir al invasor y se quedan circulando en la sangre. Pero no todas las inmunoglobulinas o anticuerpos son iguales.

–Diversidad–

Existen cinco tipos de inmunoglobulina: G, A, M, D y E, cada una de las cuales tiene una función determinada. La inmunoglobulina M, por ejemplo, es el primer anticuerpo que se produce y es –en tamaño– la molécula más grande de todas, pudiendo ser comparada con la fuerza de choque del sistema de defensa. La Ig G se produce inmediatamente después de la M, y es la más abundante, permitiendo la destrucción de virus y bacterias. La A es muy especial, se encuentra en la leche materna, la saliva, el sudor, las lágrimas, y el moco intestinal. La D es muy poco abundante y tiene que ver con la regulación del propio sistema inmunológico, mientras que la Ig E es la que se activa en reacción a las alergias.

–El potencial de la llama–

Para entender la contribución de los anticuerpos de las llamas y otros camélidos, tenemos que entrar un poco en el detalle de cómo funciona un anticuerpo.

La molécula de un anticuerpo tiene la forma de “Y”, en la que la parte del tronco, digamos, recibe instrucciones de los glóbulos blancos, y los dos extremos de la “Y” se pegan a los virus o bacterias de un modo muy selectivo y específico, como el de una llave a una cerradura.

Además de producir los tipos de anticuerpos descritos, las llamas tienen la particularidad de producir solo los extremos de la “Y”; es decir, fabrican la punta de la llave, sin la parte que usamos para sostenerla con los dedos.

Al tener abundancia de ese tipo especial de anticuerpo, que por su menor tamaño se ha denominado un nanoanticuerpo (‘nano’ significa muy pequeño), los especialistas pueden estimular a las llamas y otros camélidos a producir enormes cantidades de nanoanticuerpos dirigidos contra determinados virus o bacterias.

Eso ha hecho que desde hace mucho tiempo se investigue activamente la utilización de esos nanoanticuerpos. En el caso del nuevo coronavirus y el artículo de la revista “Cell” que comentamos, investigadores de la Universidad de Texas, en Austin, inyectaron a las llamas porciones de virus inactivos causantes del SARS y del MERS, enfermedades que precedieron al COVID-19 y que también son causadas por coronavirus.

Lo que descubrieron es que, en respuesta a esas inyecciones, las llamas produjeron nanoanticuerpos específicos contra los virus del SARS y MERS. Lo importante del estudio es que esos nanoanticuerpos fueron capaces de neutralizar también partículas del SARS-CoV-2 inyectadas a las llamas.

En otras palabras, los nanoanticuerpos producidos por este animal podrían ser fabricados a gran escala y ser usados, ya sea de manera preventiva o terapéutica, en el manejo del COVID-19.

DEBES SABER:

¿Cuáles son los síntomas del nuevo coronavirus?

Entre los síntomas más comunes del covid-19 están: fiebre, cansancio y tos seca, aunque en algunos pacientes se ha detectado dolor corporal, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta y diarrea. Estos malestares pueden ser leves o presentarse de forma gradual; sin embargo, existen casos en los que la gente se infecta, pero no desarrolla ningún síntoma, precisó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Además, la entidad dio a conocer que el 80 % de personas que adquieren la enfermedad se recupera sin llevar un tratamiento especial, 1 de cada 6 casos desarrolla una enfermedad grave y tiene dificultad para respirar, la gente mayor y quienes padecen afecciones médicas subyacentes (hipertensión arterial, problemas cardiacos o diabetes) tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave y que solo el 2 % de los que contrajeron el virus murieron.

¿Quiénes son las personas que corren más riesgo por el coronavirus?

Debido a que la covid-19 es un nuevo coronavirus, de acuerdo con los reportes que se tienen a nivel mundial, las personas mayores y quienes padecen afecciones médicas preexistentes como hipertensión arterial, enfermedades cardiacas o diabetes son las que desarrollan casos graves de la enfermedad con más frecuencia que otras.

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