Una persona es sometida a una prueba de COVID-19 en Puno. (Foto: Carlos MAMANI / AFP)
Una persona es sometida a una prueba de COVID-19 en Puno. (Foto: Carlos MAMANI / AFP)
Yerson Collave García

Periodista de Ciencia y Tecnología

yersoncollave@gmail.com

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Los casos de han disminuido en el Perú, pero la epidemia aún no ha acabado. Mientras diversos países de Europa afrontan la segunda ola de la pandemia, las autoridades nacionales y expertos ya hablan de que en el país podría suceder lo mismo.

La ministra de Salud, Pilar Mazzetti, aseguró que “podríamos tener una segunda ola tal dentro de dos y seis meses”, por lo que pidió a la población continuar con las medidas preventivas de distanciamiento social e higiene para evitar el contagio.

Pero ¿en qué fase de la epidemia nos encontramos?, ¿cómo sería una segunda ola? Los expertos consultados por El Comercio coinciden en que si bien hay más experiencia en atención del COVID-19 y hay más camas UCI, aún existen muchas cosas que no se saben de la enfermedad, lo que no permite -por el momento- conocer cómo sería una eventual segunda ola en el país.

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El COVID-19 no ha desparecido

El momento de relativa calma que vive el país es momentáneo, señalan los expertos, y no se puede hablar de un “silencio epidemiológico” como tal, debido a que los casos nuevos de COVID-19 y muertes no han desparecido. Solo el 22 de noviembre se confirmaron 404 casos nuevos y 46 fallecidos. En total, se han registrado más de 950 mil casos sintomáticos y más de 35 mil muertes desde el inicio de la epidemia, según la (Minsa).

En esa línea, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) aclaró que la región se encuentra en una “larga primera ola” de COVID-19, pese a que hay países donde los contagios han disminuido.

Para el médico epidemiólogo e investigador Álvaro Taype-Rondan, este período de disminución de casos se debe al progreso natural que tiene toda epidemia, pues luego de una gran ola de contagios, estos tienden a disminuir, como ha sucedido en el país y “es algo que ya hemos visto en otros países”.

La imagen muestra los casos confirmados de COVID-19 hasta el 22 de noviembre. (Imagen: CDC-Minsa)
La imagen muestra los casos confirmados de COVID-19 hasta el 22 de noviembre. (Imagen: CDC-Minsa)

Este descenso se debe a múltiples factores: las personas conocen mejor las medidas de prevención, como el uso de mascarillas, distanciamiento social y lavado de manos, lo que aporta a que el virus circule menos; pero también “a que hubo una gran cantidad de contagios en la primera parte de la epidemia y a que muchos no contagiados estaban aislados en sus casas”.

Así, nos encontramos en el momento de la epidemia en que estamos en riesgo de repunte de nuevos casos tras el levantamiento de intervenciones sanitarias (confinamiento, inmovilización, etc.)

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Listos para una segunda ola

Diversos países de Europa registraron segundas olas de contagio luego de relajar las restricciones de actividades económicas y sociales, pero los especialistas locales y la OPS consideran que, si bien lo que sucedió en el viejo continente debe ser una lección para la región, los motivos para una segunda ola en países como el Perú pueden ser distintos.

Al respecto, la ministra Pilar Mazzetti dijo que la intensidad de una segunda ola o de eventuales brotes, estará relacionada al “comportamiento de los ciudadanos”; es decir, a si la población mantiene las medidas de prevención frente al COVID-19.

Al igual que Taype-Rondan, el científico de datos y epidemiólogo Rodrigo Carrillo Larco considera que es importante contar con estudios de prevalencia [proporción de individuos de una población que han contraído una enfermedad] a nivel nacional para poder conocer cuántas personas son susceptibles a enfermarse, esto no solo para elaborar estrategias para una segunda ola en cada región del país, sino también para diseñar las futuras campañas de vacunación.

La imagen muestra a médicos atendiendo a pacientes con COVID-19 en el Hospital Felipe Urriola en Iquitos. (Foto: Cesar Von BANCELS / AFP)
La imagen muestra a médicos atendiendo a pacientes con COVID-19 en el Hospital Felipe Urriola en Iquitos. (Foto: Cesar Von BANCELS / AFP)

“Los [estudios de prevalencia] disponibles ya nos dan información importante: indican heterogeneidad en la prevalencia, es decir, que el impacto de la pandemia no ha sido igual en todas las regiones; que aún queda una proporción importante de la población que no se ha infectado”, explicó Carrillo.

“El Perú no es un solo bloque. En algunos lugares es posible que muy pocas personas se hayan contagiado y ni bien se abre un poco alguna actividad económica, va a registrarse una gran ola de contagios, que no va a ser una segunda ola, sino, para ellos, será su primera ola. En otros lugares, donde se ha contagiado un buen porcentaje, aunque se abran todas las actividades económicas, no se espera que hayan muchos casos; lo que se espera es que esos casos se presenten cuando se pierda la inmunidad”, detalla Taype-Rondán.

Entonces, es posible que en algunas regiones se presenten pequeños brotes que podrán ser controlados, pero en otros lugares sí se pueden presentar grandes olas de contagio que pueden ser muy letales. Por ello, es importante contar con estudios de prevalencia que permitan identificar cada uno de estos lugares y así enfocar los esfuerzos.

“Hasta ahora no podemos predecir mucho sobre cómo va a ser esta segunda ola, y lo mejor es ponernos en el peor de los casos para estar preparados”, añade el investigador.

Médicos atienden a un paciente de COVID-19 en el Hospital Felipe Urriola de Iquitos, en julio de 2020. (Foto: Cesar Von BANCELS / AFP)
Médicos atienden a un paciente de COVID-19 en el Hospital Felipe Urriola de Iquitos, en julio de 2020. (Foto: Cesar Von BANCELS / AFP)

Sobre las medidas que debería tomar el Gobierno mientras nos encontramos en un período de relativa “calma”, el epidemiólogo Edward Mezones señala que “la prioridad debería ser tener estudios de seroprevalencia bien diseñados, con las mediciones correctas, que no solo se usen pruebas rápidas. Además, se debe tener un enfoque regional, e incluso llegar a un nivel local; y que el Gobierno no vea todo de manera vertical, sino debe trabajar con las autoridades regionales pensando que habrá una segunda ola. También se debe evaluar los recursos humanos con los que contamos para la segunda ola, además de la infraestructura. Y se debe dar el mensaje de que la vacuna no es lo único que se necesita, sino que se debe seguir con las medidas de prevención”.

En setiembre, el Minsa anunció que realizaría un estudio nacional de seroprevalencia para determinar el impacto real de la pandemia en el país. Hoy la ministra Mazzetti dijo en su presentación ante la Comisión de Salud y Población del Congreso que el último estudio de seroprevalencia en Lima arrojó que un 35% de la población ya ha tenido COVID-19, por lo que un 65% todavía es susceptible. Aseguró, asimismo, que los resultados de los estudios en todas las regiones se conocerán de manera paulatina hasta el 20 de diciembre.

Jarbas Barbosa, director asistente de la OPS, reiteró la semana pasada que mientras no se cuente con una vacuna eficaz y mejores tratamientos contra el COVID-19, es muy probable que los países de la región tengan brotes recurrentes.

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