Los espermatozoides en forma de hilo se conservaron en el órgano reproductor de una hembra de unos 100 millones de años. (Foto: Journal of Royal Society)
Los espermatozoides en forma de hilo se conservaron en el órgano reproductor de una hembra de unos 100 millones de años. (Foto: Journal of Royal Society)
Agencia AFP

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Un equipo internacional de paleontólogos descubrió en un pedazo de ámbar analizado en Birmania unos de un minúsculo crustáceo que tendrían 100 millones de años y son los más antiguos encontrados hasta ahora.

Según explicó el equipo de investigadores dirigido por el doctor Wang, de la Academia china de Ciencias, en un artículo publicado el miércoles en la prestigiosa revista científica , hasta el momento, los espermatozoides fosilizados más antiguos hallados por los científicos tenían 17 millones de años.

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El animal al que pertenecen estos espermatozoides es un ostrácodo denominado por los científicos “Myanmarcypris hui”, una especie que mide menos de un milímetro y que existe desde hace 500 millones de años y está presente hoy en océanos, lagos y ríos.

La evidencia indica que la hembra en la que fueron hallados los espermatozoides tuvo que ser fecundada justo antes de quedar atrapada en el ámbar (Foto: Journal of Royal Society)
La evidencia indica que la hembra en la que fueron hallados los espermatozoides tuvo que ser fecundada justo antes de quedar atrapada en el ámbar (Foto: Journal of Royal Society)

Durante el periodo Cretácico, que comenzó hace 145 millones de años y terminó hace 66, los ostrácodos estudiados vivían probablemente en las costas de la actual Birmania, donde se vieron atrapados en un cúmulo de resina de árbol.

Los espermatozoides hallados se encontraron dentro de un ejemplar hembra, lo que indica que tuvo que ser fecundada antes de verse atrapada en el ámbar.

La segunda particularidad del hallazgo es que estos espermatozoides son considerados “gigantes” porque podían medir cuatro veces más que el macho progenitor.

“Esto equivaldría a (un espermatozoide) de 7,30 metros en un hombre de 1,70 metros, es decir, ¡hace falta mucha energía para producirlos!”, explicó a la AFP Renate Matzke-Karasz, de la universidad Ludwig-Maximilians de Múnich, que es la coautora del estudio.

La pieza de ámbar fosilizada estaba en posesión de un coleccionista que se la entregó, en 2017, al doctor Wang para que pudiera estudiarla. (Foto: Journal of Royal Society)
La pieza de ámbar fosilizada estaba en posesión de un coleccionista que se la entregó, en 2017, al doctor Wang para que pudiera estudiarla. (Foto: Journal of Royal Society)

Se trata por tanto de una especie de excepción, ya que todos los machos, el hombre incluido, producen decenas de millones de espermatozoides minúsculos. Pero este ostrácodo favorece la calidad de sus espermatozoides por encima de la cantidad.

Según la investigadora, la hembra también jugaría un papel muy importante en el proceso ya que sus órganos reproductores deben adaptarse para recibir a este espermatozoide gigante.

Este descubrimiento muestra que la reproducción con espermatozoides gigantes no es una extravagancia de la evolución en vías de extinción sino una ventaja importante a largo plazo para la supervivencia de la especie”, consideró Matzke-Karasz.

AFP

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