(Ilustración: Rolando Pinillos)
(Ilustración: Rolando Pinillos)
Diego Suárez Bosleman

Periodista de Ciencia y Tecnología

diego.suarez@comercio.com.pe

La risa de Arthur Fleck se asemeja más a un llanto, a un grito de auxilio al que nadie acudió. El resultado: un hombre con una enfermedad mental –marginado y olvidado por la sociedad– se convierte en el violento e icónico enemigo de Batman. Esta es la historia que nos relata la recién estrenada película (). Ha sido uno de los estrenos más esperados del año, pero a su vez uno de los más polémicos. Familiares de las víctimas del tiroteo de Aurora (EE.UU.) –ocurrido durante la proyección de la cinta “Batman: el caballero de la noche” en el 2012– escribieron recientemente una carta abierta mostrando su preocupación ante la posible influencia negativa que tendría el darle un rol protagónico al personaje de un asesino lunático como el Guasón. Cabe preguntarse, entonces: ¿pueden las cintas que muestran a detalle la historia de criminales desencadenar conductas violentas en las personas sanas o en las mentalmente frágiles?

—Traumas y riesgos —

De acuerdo con María Teresa Rivera, psiquiatra del Instituto Nacional de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, podría existir un riesgo para aquellas personas que durante la infancia o adolescencia experimentaron traumas.

“Este grupo vulnerable puede verse más identificado con las historias de este tipo, con marcada violencia, invalidez de la sociedad y de la familia, marginación y discriminación. Esta empatía podría desencadenar reacciones inadecuadas, como depresión, estrés postraumático, conductas autolesivas, no necesariamente actos violentos hacia otros”, sostiene la especialista, quien agrega que este tipo de cintas no es que vayan a desencadenar sí o sí conductas inadecuadas, sino que podrían hacerlo, aunque depende de la historia personal de cada individuo con la familia, comunidad, sociedad, etc.

—Lucha diaria —

Carlos López, vicedecano de la Facultad de Psicología de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, señala que todas las personas –lúcidas como no lúcidas– están en riesgo permanente. A diario –detalla– uno tiene que lidiar con factores ambientales de riesgo de la salud mental, como la marginación, el abuso, el olvido, la violencia en los medios de comunicación, los conflictos con los amigos. Pero el ser humano posee factores de protección, que están ligados al apoyo que representa la familia, una fuerte personalidad y el aprendizaje que uno experimenta a lo largo de su vida.

“Todos vamos a estar en una situación de establecer un equilibrio entre los elementos de riesgo y protección de la salud mental. Pero cuando el entorno se torna muy fuerte y sobrepasa el factor protección, puede conducir a un desequilibrio mental”, indica el experto. Pero enfatiza que esto no se traduce obligatoriamente en violencia. Por ejemplo, si el nivel de estrés que uno experimenta en el trabajo alcanza niveles altos, va a llegar un momento en que la persona va a explotar y a querer rechazar su labor, y empieza a entregar malos informes y a cuestionar varios aspectos de su día a día. Son indicadores de una no satisfacción del ambiente. No obstante, el especialista recalca que existe una solución.

“No se puede modificar la sociedad, pero sí podemos ayudar a que los factores protectores [familia, personalidad y experiencia] de uno puedan enfrentar a esa sociedad. Hay que comenzar a percibir el daño no de una forma que nos lleve a buscar venganza hacia lo que nos rodea, sino como una oportunidad para analizar la situación y enfrentarla, cambiarla para mejor”, recomienda López.

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