(Foto: Shutterstock)
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Redacción EC

Si hoy el mundo despertara con un nuevo brote de como el del 2009 podría extenderse por el planeta en menos de 36 horas y terminaría con la vida de hasta 80 millones de personas, además de arrasar con el 5 por ciento de la economía global.

Ese escenario de características catastróficas es presentado en el informe ‘Preparación mundial para las emergencias sanitarias’, de la Junta de Monitoreo de Preparación Global (GPMB, por sus siglas en inglés), órgano independiente creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial para evaluar y hacer recomendaciones a los líderes mundiales de cara a los riesgos biológicos que se manifiestan como epidemias y .

De acuerdo con este informe, la mayoría de los países del mundo presentan fragilidades severas para enfrentar una pandemia hoy, empujadas, entre otras, por los desastres que deja el cambio climático, el crecimiento de la población, el aumento de las migraciones, la globalización de las comunicaciones y el transporte que al no gestionarse en el marco de sus riesgos se convierten en favorecedores para la propagación de muchas enfermedades transmitidas de persona a persona.

“Los brotes han ido en aumento en las últimas décadas y el espectro de una emergencia sanitaria mundial se vislumbra peligrosamente en el horizonte. Si es cierto el dicho de que el pasado es el prólogo del futuro, nos enfrentamos a la amenaza muy real de una pandemia fulminante, sumamente mortífera, provocada por un patógeno respiratorio. Una pandemia mundial de esa escala sería una catástrofe y desencadenaría caos, inestabilidad e inseguridad generalizadas. El mundo no está preparado”, adelanta el informe.

Bajo esta condición caen enfermedades como la misma influenza, que ya desde el 2009, bajo su denominación de AH1N1 ya amenazó al mundo y llegó a causar hasta 575.000 muertos en todo el mundo, según un reporte de The Lancet Infectious Diseases.

Y en esa misma fila de espera que amenaza el mundo están el virus del ébola, que ya abandonó el continente africano y amenaza con instalarse, como hace menos de un lustro, en Europa y Estados Unidos; así como el virus del SARS, que a nivel individual son cada vez más difíciles de manejar.

Gro Brundtland, ex primera ministra de Noruega y exdirectora general de la OMS, afirma que no se trata de escenarios fantasiosos, sino amenazas reales, dado que un patógeno de rápido movimiento tiene el potencial de afectar sin distingos a decenas de millones de personas antes de encontrar una herramienta para controlarlo.

Estas medidas, agrega el informe, están basadas en la austeridad, el control del gasto y las medidas mínimas que dejan de lado la verdadera potencialidad de estos flagelos.

De ahí que el documento que acaba de ser revelado hace un llamado para que todos los gobiernos tomen en serio este tema y orienten una financiación más sólida, a nivel nacional e internacional, que vayan más allá de controlar un brote.

El reporte también clama para que se fortalezcan los mecanismos de coordinación entre gobiernos y así responder rápidamente a una emergencia bajo la definición de planes que se sostengan.

Lo que más preocupa es que según el propio Tedros Ghebreyesus, director general de la OMS, todas las acciones deben partir de una solidaridad bien entendida, bajo la premisa de que las enfermedades más graves como el ébola, el cólera y el sarampión generalmente ocurren en lugares con los sistemas de salud más débiles. Y por eso insta a todos los líderes y agencias internacionales a asumir la responsabilidad que todo esto conlleva, actuar de manera preventiva y “arreglar el techo antes de que llueva”.

Es urgente, por tanto, crear un plan de acción totalmente costeado y financiado con fuentes de recursos internacionales que intervengan para cerrar las brechas en los países más pobres y vulnerables. Darle la espalda esta situación es abrir la puerta para una amenaza mundial, remata el documento.

Siete medidas urgentes, según el informe:

1. Los jefes de gobierno deben comprometerse e invertir.

2. Los países y las organizaciones regionales deben dar ejemplo.

3. Todos los países deben construir sistemas sólidos.

4. Los países, los donantes y las instituciones multilaterales deben prepararse para lo peor.

5. Las instituciones de financiación deben vincular la preparación con la planificación de los riesgos económicos.

6. Las entidades que financian la asistencia para el desarrollo deben generar incentivos e incrementar la financiación para la preparación.

7. Las Naciones Unidas deben fortalecer los mecanismos de coordinación.

El Tiempo, GDA

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