Desde Barcelona

En este monstruo que es el Mobile World Congress 2017 () en Barcelona, dos países de la Alianza del Pacífico tienen sus propios stands. Ninguno de ellos es Perú. Hablamos de Colombia y México. !function(d,s,id){var js,fjs=d.getElementsByTagName(s)[0],p=/^http:/.test(d.location)?'http':'https';if(!d.getElementById(id)){js=d.createElement(s);js.id=id;js.src=p+'://platform.twitter.com/widgets.js';fjs.parentNode.insertBefore(js,fjs);}}(document, 'script', 'twitter-wjs');

Estos esfuerzos son plausibles, pero son apenas una anécdota si se los compara cruelmente con las dimensiones y la vistosidad de, por ejemplo, los stands de las compañías chinas, que están decididas a invadir el mundo y no sentirse menos que EE.UU. (Apple) y Corea del Sur (Samsung).

Huawei acaba de robarse el show en el MWC al mostrar el celular P10 y su versión más grande, el P10 Plus. Las mejoras en el diseño y la elegancia son notorias. La marca parece estar dispuesta a borrar un déficit histórico de los productos chinos: el menosprecio por el diseño. Quiere quitarse como sea la etiqueta de ser un producto tosco y sin valor.

En esa línea, los stands de Huawei, Oppp, ZTE, entre otras marcas chinas, son un intento por reflejar sus ganas de sumarse al buen gusto (por cierto, el celular R9 de Oppo fue el terminal más vendido en el gigante asiático el año pasado, con más de 17 millones de unidades. Casi nada).

Si supiera el descaro con el que la competencia está aplicando sus ideas, Steve Jobs, el pionero en obsesionarse con el diseño sutil, refinado y minimalista en el terreno tecnológico, se retorcería de la impotencia en el más allá.

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