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Veterinarios tienen mayor riesgo de caer en depresión e incluso de suicidarse

Entre 1979 y el 2015, los veterinarios se suicidaron entre 2 y 3,5 veces más a menudo que la población general de EE.UU.

Veterinarios

La medicina veterinaria es una profesión estresante, con alta exigencia. (Foto: AFP)

AFP

Quién no ha disfrutado el jugar -aunque sea unos minutos- con mascotas. Pasar tiempo con estas criaturas divierte y puede reducir el estrés del día a día. Sin embargo, ¿me creería si le digo que dedicar todo su tiempo al cuidado y protección de animales puede afectar negativamente su salud mental?

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Una investigación presentada en la convención anual de la Asociación Americana de Psicología concluye que los veterinarios y las personas que se ofrecen como voluntarios en refugios para animales están expuestos a una serie de factores estresantes que pueden conducir a cuadros de depresión y ansiedad, e incluso al suicidio.

Puede sonar descabellado, pero es real. A inicios de este año, el "Journal of the American Veterinary Medical Association" publicó una investigación que encontró que desde 1979 hasta el 2015, los veterinarios murieron por suicidio entre 2 y 3,5 veces más a menudo que la población general de EE.UU. Cabe preguntarse entonces, ¿qué está provocando esta preocupante situación?

"Las personas que trabajan o son voluntarias en asociaciones protectoras de animales, usualmente se sienten atraídas a este tipo de labor porque lo ven como un llamado personal", dice Angela Fournier, de la Universidad Estatal de Bemidji (EE.UU.), una de las autoras del primer estudio mencionado. "No obstante, se enfrentan con el sufrimiento y la muerte de los animales de forma rutinaria, lo que puede conducir a un agotamiento, fatiga por compasión y problemas de salud mental", agrega.

Katherine Goldberg, coautora de dicho trabajo, sostiene que hasta la fecha no existe una explicación respecto al deficiente bienestar mental de este grupo de profesionales. Pero ella opina que se trata de una combinación de rasgos de personalidad, demandas profesionales y del entorno.

A esos factores hay que agregarle los desafíos económicos. En EE.UU. -indica Goldberg- un graduado promedio de la escuela de veterinaria tiene más de US$143.000 de deuda de préstamos escolares. 

Aunque no hay estadísticas locales, el panorama es el mismo en el Perú, concuerda Silvia Panta, coordinadora médica de la Clínica Veterinaria Docente de la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Ella afirma que se está viendo que los profesionales de esta carrera tienden al suicidio.

"La mascota ha influido mucho en el ámbito familiar, es vista ahora como un miembro más, un hijo. Entonces, la presión por parte de los dueños es mucho mayor hacia el profesional. Otro factor son los animalistas, que creen que nuestra profesión no tiene que ser remunerada, pues la ven más como una vocación. También se tiene el tema económico, porque no se cuenta con buenos salarios", le dijo a El Comercio la especialista.

Hay que tener en cuenta también que, a diferencia de la medicina humana, en la animal la eutanasia es legal. Panta opina que llevar a cabo este tipo de procedimiento en cualquier ser vivo genera una reacción emocional que puede conducir a depresión o endurecer el carácter del profesional. Según la Sociedad Protectora de Animales de EE.UU., más de 2,4 millones de gatos y perros sanos son sacrificados cada año en ese país, la mayoría son animales sin hogar.

Como parte de un esfuerzo para comprender qué puede estar detrás de una mala salud mental en estudiantes de veterinaria, se llevó a cabo en EE.UU. un estudio multicéntrico que analizó las tasas de experiencias infantiles adversas (término utilizado para describir todo tipo de abuso, negligencia y otras experiencias traumáticas) en este grupo. Sin embargo, los veterinarios no estaban, al ingresar a la profesión, más predispuestos a una mala salud mental que la población en general.

"Esto indica que algo está sucediendo en el transcurso de la capacitación de los estudiantes de veterinaria, o ya en el ámbito laboral, que provoca malos resultados en su bienestar", subraya Goldberg.

Lamentablemente, la medicina veterinaria no tiene un programa nacional de monitoreo para el uso de sustancias y problemas de salud mental. En la Universidad Privada Cayetano Heredia se está implementando un plan piloto para que un psicólogo ayude a combatir este tipo de problema.

"Queremos que nuestros estudiantes salgan con un sustento que les ayude a enfrentar esta preocupante realidad", recalca Panta.

De acuerdo a Goldberg, hay ciertas señales de emergencia que se deben tomar en cuenta dentro de los veterinarios: aumento de los errores médicos, el absentismo, las quejas de los clientes y pasar muy poco o demasiado tiempo en el trabajo.

Como ya se ha dicho, se trata de una realidad preocupante, que las autoridades médicas no pueden ignorar.

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