Por Juan Luis Del Campo

Un sorpresivo encuentro con un cíclope que concluyó con su garrote encontrando un nuevo hogar en mi cráneo constituyó mi primera muerte en “Dragon’s Dogma 2″, marcando el ritmo para el resto de la experiencia. Y si bien pronto aprendí a derrotar fácilmente a este tipo de monstruos, la paranoia causada por el encuentro nunca desapareció durante las decenas de horas que tuve con el juego, vigilancia que resultó útil en más de una ocasión.

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