“Cuando salí del Congreso, me embargaron todo”: Susy Díaz habla de su paso por la política y del por qué recomendó a su hija Florcita
A casi tres décadas de su paso por el Congreso, la exvedette rememora su incursión política entre el espectáculo y el poder. Habla de sus logros, de las acusaciones por presuntamente haber recibido dinero de Montesinos, del proyecto de ley que presentó y que quisiera ver retomado y de cómo mira con esperanza, la candidatura de su hija Florcita.
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En 1995, el Perú político y el espectáculo se cruzaron en un acto insólito:Susy Díaz, la vedette que desafiaba los prejuicios con humor y lentejuelas, decidió postular al Congreso. Pintó el número 13 en su piel, inspirada en la italiana Cicciolina, y, contra todo pronóstico, se convirtió en congresista de la República. Desde su escaño, habló de leyes, derechos y oportunidades: presentó 120 proyectos y logró que 34 fueran aprobados. Susy recuerda aquella etapa con una mezcla de gratitud y desazón: el orgullo de haber servido al país, pero también las heridas que dejaron las acusaciones y los titulares que la juzgaron más por su pasado que por su trabajo.
En 1995, el Perú político y el espectáculo se cruzaron en un acto insólito:Susy Díaz, la vedette que desafiaba los prejuicios con humor y lentejuelas, decidió postular al Congreso. Pintó el número 13 en su piel, inspirada en la italiana Cicciolina, y, contra todo pronóstico, se convirtió en congresista de la República. Desde su escaño, habló de leyes, derechos y oportunidades: presentó 120 proyectos y logró que 34 fueran aprobados. Susy recuerda aquella etapa con una mezcla de gratitud y desazón: el orgullo de haber servido al país, pero también las heridas que dejaron las acusaciones y los titulares que la juzgaron más por su pasado que por su trabajo.
"Tuve la bendición de Dios de llegar al Congreso. Muchos políticos de renombre pedían que no votaran por mí. Yo no lo hice por ambición, sino porque necesitaba publicidad para tener más contratos como vedette. Nadie creía en mí, y terminé siendo la que más proyectos de ley presentó en ese entonces“, señala Díaz.
A principios del año 1995, Susy Diaz se integró al partido político Movimiento Independiente Agrario, donde tuvo una particular forma de realizar su campaña para postular al Congreso del Perú; ella mostraba el numero 13 en su ‘derriere’ y realizaba programas de planificación familiar regalando condones. Pese al escándalo, fue elegida congresista en el período 1995-2000.
Recientemente, la política volvió a cruzarse en su camino. Patricia Li Sotelo, lideresa de Somos Perú, le propuso ser candidata a diputada por Somos Perú. Susy aceptó al inicio, pero luego desistió. La salud, el estrés y la paz interior pesaron más que cualquier ambición.
“No es la primera vez que Patricia Li me hace una propuesta así. Hace algunos años me invitó a postular como regidora en La Molina, pero preferí recomendar a mi hija Florcita. La tranquilidad, al final, no tiene precio”, señala.
Ahora, mientras su hija da los primeros pasos en el terreno que ella ya conoce, Díaz habla con la convicción de quien aprendió que el verdadero poder no está en los curules ni en los titulares, sino en mantenerse de pie después de cada caída.
—¿Qué pesó más en tu decisión de rechazar la propuesta de Patricia Li Sotelo para postular con Somos Perú?
El doctor me llamó la atención, me dijo: “¿Quieres enfermarte?”. Como estoy haciéndome mis chequeos, me advirtió que, a mis 62 años, debía evitar el estrés. Postergo todo porque trabajo mucho, viajo, grabo, y la salud es lo primero. Soy una persona vulnerable y decidí priorizar mi paz.
—¿La política es realmente estresante?
Muchísimo. En campaña, pasaba tres días seguidos sin desayunar ni almorzar. Desde temprano venía la prensa internacional: salí en The New York Times, vinieron de Japón, de todo el mundo a entrevistarme. Tenía la energía de hace 30 años, podía caminar, hablar, sonreír sin probar bocado. Fue sacrificado, pero llegué con el 13 en la nalga (ríe). Y sin gastar un sol, solo mi tiempo y mi energía.
—Fuiste una de las congresistas más productivas de tu época. ¿Qué hacía posible ese nivel de trabajo que hoy parece impensable?
Mi primer proyecto aprobado fue la exoneración del IGV del 18% en alimentos de primera necesidad. Gracias a eso, productos como la papa y la cebolla bajaron de precio. Un día, Jorge del Castillo me avisó que querían archivar mi propuesta. Fui al Congreso y no me moví de la silla hasta que la aprobaron. Era insistente y trabajadora.
—¿Hay algún proyecto de ley tuyo que quisieras ver retomado?
El de castración química para violadores. Lo presenté y lo archivaron. Expliqué que no se trata de cortar nada, sino de aplicar una inyección que elimine el deseo de violar. En otros países ya se aplica, pero aquí no quisieron aprobarlo.
—¿Te dolió que durante años se te subestimara por tu imagen mediática, cuando tu trabajo legislativo fue sólido?
Nunca me molestaron las críticas. Usaba mi uniforme de trabajo: el de vedette, porque gracias al vedetismo llegué al Congreso. Estaba bañada en aceite, todo me resbalaba.
—Si comparas el Congreso de los noventa con el de hoy, ¿qué notas como principal diferencia?
En mi época no se veían cosas como ahora: cupos, sicariatos, asesinatos de choferes. Había paz. Ahora prefiero cuidar mi salud, pero mi hijita Florcita ya aceptó ir en mi reemplazo.
—¿Te preocupa que la política afecte su vida personal?
Ella está joven, tiene energía. Sus hijos ya están grandes. Es una chamba fuerte y agresiva, pero ella es virgen en política, está limpia. Los de Somos Perú ya la están llevando los fines de semana a hacer campaña. Se está preparando.
—¿Crees que Florcita tiene vocación y está preparada para asumir un cargo político?
Claro que sí. Su papá, Augusto Polo Campos, desde chiquita la llevaba a donar panetones al Puericultorio Pérez Araníbar. Cuando murió, la empresa de sus hermanos, Contigo Perú, siguió con esas obras. Ella tiene esa sensibilidad. Además, yo la apoyaré con mi experiencia.
Florcita Polo al lado de la líder de Somos Perú. (Redes sociales)
—¿Le diste algún consejo?
Mientras que yo tuve la universidad del Congreso, ella tiene estudios universitarios, aunque no pudo sacar su título porque salió embarazada y se dedicó a sus hijos. Ella sabe que su objetivo y prioridad tiene que ser trabajar por el país. No tiene experiencia politica, pero es buena. Así como yo aprendí, ella también aprenderá.
—¿Algo te decepcionó de esa etapa?
Sí. Cuando salí del Congreso, me comenzaron a notificar de la fiscalía, del juzgado, de todos lados. Me embargaron todo. Un día fui al banco a sacar dinero para pagar la universidad de Florcita, y no pude. Me quedé con una mano adelante y otra atrás. En esos momento, nadie te ayuda.
—Fuiste acusada de haber recibido dinero de Vladimiro Montesinos y condenada a tres años de prisión suspendida. ¿Cómo afrontaste ese momento y qué aprendizajes te dejó?
Me hicieron pagar 200 mil soles, solidarios: 100 mil míos y 100 mil de Vladimiro. Si él no pagaba, me quitaban mi casa. Tuve que vender mis joyas y mi departamento para pagar. En el 2018 el procurador quiso cobrarme 188 mil más por intereses judiciales. Fueron 25 años de persecución política. Pero gané el juicio al Estado. Ahora estoy tranquila y no pienso volver.
—Si tuvieras que resumir tu experiencia política en una sola frase, al estilo Susy Díaz, ¿cuál sería?
Que la vida tiene que continuar y uno tiene que disfrutarla. El Congreso fue mi universidad. Aprendí mucho y, con las piedras que me pusieron, construí un edificio.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación. Diecinueve años de experiencia en periodismo con coberturas internacionales, como los Premios Heat, el festival Estéreo Picnic en Colombia y los Premios Platino. Ver más
El cantautor nacional nos habla también de Emilio Estefan, de Tony Succar, de su nuevo disco, de sus planes de hacer un unipersonal, de sus hijos, de la relación que mantiene con su exesposa y de sus deseos de volverse a enamorar.