"Dark". La temporada 3 ya está disponible en Netflix con nuevos misterios y esperadas respuestas. Foto: Difusión.
"Dark". La temporada 3 ya está disponible en Netflix con nuevos misterios y esperadas respuestas. Foto: Difusión.

Llega un momento al ver la tercera temporada de “” que, por más intentos de encontrar lógica a lo dicho por los protagonistas, la única respuesta es que están hablando tonterías. Hay un poquito de ciencia detrás de sus palabras, pero como el espectador no necesariamente es versado en esos temas tiene que hacer concesiones con historia para tragarse el cuento. Esto no es fácil con una serie tan obtusa y con escasas ganas de revelar sus secretos, pero el hechizo funciona porque en los episodios finales los sentimientos humanos tienen más poder que cualquier máquina del tiempo.

Esta suspensión de la incredulidad, vital cuando estamos ante la ciencia ficción, se puede conseguir con los personajes. Los adultos y jóvenes de “Dark” no son los mejores en expresar sus sentimientos, de hecho toda la serie se sostiene más en la acción o diálogos que en el lenguaje no verbal empleado por los actores. No es un reproche, ellos hacen bien su trabajo aquí con una aparente frialdad que va a tono con la serie (cuyo literal significado es “oscuridad”). Dentro de esta dureza para abordar las historias, hay una construcción sólida de los sujetos: sabemos por qué hacen lo que hacen; podemos empatizar con ellos.

Tomemos, pues, al Ulrich Nielsen de los años 80; ya anciano tras pasar 34 años en un hospital psiquiátrico. Perdió a su hermano de adolescente, perdió a su hijo de adulto, perdió incluso a su amante, quien lo abandonó al verlo preso cuando pudo haberlo liberado. Así, el reencuentro con su esposa Katharina, reciente viajera en el tiempo, parece darle la esperanza que necesita. Pero la esperanza no es algo que haya caracterizado a “Dark”, así que más pronto que tarde Katharina muere a manos de su propia madre y Ulrich, incapaz de huir de su destino, se queda esperando. Y esperando.

Dicen que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y luego como comedia. En “Dark” la comedia casi no existe, pero la tragedia abunda y siempre encuentra maneras para democratizar la miseria. El mundo paralelo que anunció el final de la temporada 2 nos trae escenas ya conocidas, pero desde otro ángulo. Se trata por momentos de calcos a la primera temporada, cuya redundancia cumple doble función: recordarte las dinámicas entre personajes (con el entrevero de la trama, eso siempre se agradece) y establecer que estas personas, no importa de qué universo sean, están atadas por el destino.

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Repetición tras repetición, la serie parece haber puesto sus cartas sobre la mesa: Adam/ Jonas (siempre fueron la misma persona, a pesar de las teorías) y Eva/ Martha (la “jefa” del segundo mundo) están atrapados en un círculo que ambos quieren romper pero no pueden, un viaje cargado de suficientes referencias bíblicas, ironías y paradojas como para llenar un arca. Pero la solución para romper el ciclo está delante de todos.

La conclusión, que no revelaré aquí, es fiel al estilo y propuesta de la serie: con cierta lógica, pero con mucho truco. Para esos momentos, el árbol genealógico que imaginaste () de los personajes, pasará a segundo plano porque la serie te pide concentrarte en algo más. En su final, “Dark” te pide hacer a un lado el pensamiento racional para abrazar tu lado más emotivo. Porque toda buena historia de viajes en el tiempo es una historia sobre relaciones interpersonales. Cortar uno de estos vínculos es, en cierto modo, el fin de un mundo.

Al final, “Dark” es solo un complicado rompecabezas de corazones que quieren amar.

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